Capítulo 18
B rena se mira por última vez en el espejo del baño del bar en el que está.
Se retoca el maquillaje y se aplica un labial de color rojo oscuro.
Tiene puesta una blusa del mismo tono y unos pantalones blancos que, si es sincera, le quedan de escándalo.
Está preparada para ser una verdadera Cupido y quiere meterse en su papel de lleno.
No compró un arco con flecha porque le pareció demasiado.
Sale del bar y camina varios minutos antes de llegar a la sede de The Current Magazine. Se hubiera podido ahorrar la caminata y entrar al que está frente a la puerta, pero después del numerito del otro día, está segura de que si la reconocen, no la dejarían entrar.
—Buenos días —saluda al hombre de seguridad que está detrás de una mesa—. Necesito entrevistarme con Megan Palmer de The Current.
El agente la mira durante unos segundos y entrecierra los ojos intentando saber si la conoce de algún lado, pero pasados unos segundos, su memoria no da con ella.
—Para hablar con uno de los periodistas, necesita una invitación, ¿la tiene? —interroga mientras sigue observándola.
Brena frunce los labios. Se esperaba que hubiera problemas desde el momento en el que accediera al edificio por lo que preparó una buena cantidad de respuestas para todos los casos.
—No creo que para dar mi opinión necesite una invitación. —Saca su móvil y se asegura de encender la cámara.
—Señora, no puede acceder a un medio de comunicación por el simple hecho de querer dar su opinión. No funciona de esa manera.
—Estamos en un país libre y tengo derecho a expresarme.
—Brena levanta el móvil, se posiciona y empieza a grabar con la cámara frontal—.
Me encuentro en la sede de una de las revistas más conocidas de la ciudad de Nueva York.
He querido hablar con una de las periodistas, ¿y adivinad qué ha pasado?
—asiente como si le estuviera dando la razón a un público imaginario—. Exacto, me han privado de mis derechos.
—Señora, no puede...
—No voy a mostrar su cara porque este hombre está haciendo su trabajo —sigue la influencer interrumpiendo al agente—, pero esto es culpa de los monopolios y la forma de tratar a su pueblo.
Con los quinientos mil que somos por aquí, creo que podemos hacer un poco de ruido para que se sepa cómo esta revista nos margina.
Terry, que lleva seis años en ese puesto y ha visto de todo, sabe que la mujer que sostiene el móvil frente a su propia cara no podrá hacer mucho con ese material.
Los abogados de The Current Magazine se le echarán encima de inmediato y todo será un caos, pero de este espectáculo no lo salva nadie si no hace algo al respecto.
Llama a la planta de la revista y la recepcionista la comunica con la editora jefe.
—Hola, perdona, Natalie, pero tengo aquí a una mujer que...
—Brena Sullivan. —Se gira de repente, sofocando una sonrisa porque está a un paso de lograr, al menos, que la reciban.
El agente de seguridad repite el nombre y Natalie se queda callada por un segundo.
—¿Qué hago? —quiere saber Terry.
—Déjala subir, yo me encargo. —La voz de Natalie está cargada de ira muy poco contenida.
Mike deja el teléfono en su sitio, introduce el nombre de Brena en el ordenador y le entrega una tarjeta de visitante.
—Siga recto, una vez pase el detector, a la izquierda verá los ascensores. Planta 12.
Brena asiente, complacida, con una sonrisa que parece incluso cercana.
—Muchas gracias —dice y se encamina siguiendo las indicaciones que acaba de recibir.
La influencer presiona en la botonera la planta a la que se dirige y se asegura de que su móvil no esté bloqueado. Podrá actuar con rapidez si lo necesita, pero espera no tener que hacerlo y que Megan le dé unos minutos de su tiempo.
Las puertas se abren y el susurro de los tecleos se escucha cuando pone un pie fuera. Pasa por delante de una mujer que la mira con escepticismo, aunque no le dice nada y Brena sigue caminando en busca de la periodista de ojos azules. Va mirando todas las caras, no la ve por ningún lado y...
—¿Qué coño haces tú aquí?
La voz atronadora de Natalie hace que a Brena por poco se le caiga el móvil al suelo. Da varios pasos atrás cuando se encuentra con la mirada furibunda de la mujer y esa es la única razón por la que su vientre ha vibrado, haciendo que su sexo sea víctima de una contracción repentina.
—Vengo a hablar con Megan, no contigo, así que...
Natalie suelta una carcajada que se parece al ladrido de un perro rabioso.
—He permitido que subas hasta aquí solo para dejarte claro que Megan no va a hablar contigo y que si vuelves a aparecer en mi redacción, voy a hacer que te arrepientas. —Acaba la frase en un siseo.
La respuesta de Brena es levantar el móvil para disponerse a grabar, pero la que cataloga como una perra rabiosa es más rápida que ella y le arrebata el aparato de un tirón.
—¿Te has vuelto loca? —grita Brena pareciendo ella la desquiciada. Todos los que están cerca detienen sus manos y se giran a verla.
—Estás haciendo un espectáculo patético —la editora lo dice mientras se gira y se aleja por el pasillo.
Brena tiene la boca abierta del asombro, pero sus ojos curiosos se deslizan por el trasero de la otra mujer y el contoneo de sus caderas. Solo la está mirando por comparación, deben tener la misma edad y parece que Natalie tiene un cuerpo más cuidado que el suyo. Simple curiosidad.
La influencer sale de su trance y acelera el paso hasta que se cuela tras la editora en su despacho.
—Devuélvemelo. —Brena estira una mano y Natalie bufa a la vez que se deja caer en su silla.
—No pienso hacerlo hasta que comprendas que aquí no eres bienvenida.
—Pone ambas manos detrás de su cabeza y se recuesta como si estuviera en la playa—.
Se llama acoso, es lo que le estás haciendo a Megan y es un delito.
Por si no te has dado cuenta, todos los sitios por los que pasaste tenían cámaras que han registrado tus intentos por acceder a una de mis periodistas.
Brena abre mucho los ojos, mordiéndose una maldición. No había pensado en eso, ni siquiera en que podía tener consecuencias legales.
—Vale. —Levanta ambas manos buscando una pequeña tregua y se sienta frente a Natalie—. Mi intención no era acosarla, solo quería explicarle a Megan lo destrozada que está Hollis.
—Que lo hubiera pensado antes de denunciarla.
—Natalie se incorpora y endurece la mirada—.
Si esto no se hubiera resuelto, Megan estaría denunciada y confusa sin saber por qué una mujer con la que experimentó una noche al parecer maravillosa, simplemente había pasado de ella.
Pero eso no es lo peor, Brena, sino que no tuvisteis la decencia de hablar con ella primero.
Llegasteis las tres como una manada de hienas a acusarla de algo que no había hecho.
—No lo sabíamos —dice Brena en voz baja.
Natalie exhala una risa seca y se muerde los labios.
—Precisamente porque no lo sabíais, lo más coherente hubiera sido hablar.
Preguntarle qué había hecho esa mañana o qué sé yo, no llamarla ladrona.
—La editora niega—. Mira, no quiero ser una capulla, aunque te lo merezcas al igual que las otras dos, pero imagínate que pasas una buena noche con alguien, después de mucho tiempo sin disfrutar y que después te ocurra lo que le pasó a Megan.
Brena lo piensa por un momento y reconoce que, si a ella le hubiera tocado vivir esa historia después de que George la dejara, dándole una oportunidad a alguien, quedaría incluso más hundida que Hollis y más cabreada que Megan.
—Tienes razón —concuerda la influencer y se echa hacia atrás en el asiento—. Tiene que ser jodido y muy frustrante.
Natalie abre las dos manos con énfasis.
—Me alegra que lo entiendas. —Le devuelve el móvil a Brena, que lo guarda con rapidez en su bolso—. Ahora, si no te importa, tengo mucho trabajo.
—Espera, espera —pide Brena y la otra mujer suelta un bufido—. ¿No crees que debamos hacer algo?
La editora apoya la mejilla en su mano.
—¿Algo como qué? —pregunta con desgana—. Megan es muy suya y cuando toma una decisión es bastante complicado que se retracte. De verdad le gustaba Hollis y todo esto le ha molestado.
—Ya, pero ¿no la ves triste? Porque Hollis está en la mierda. —Arruga la nariz recordando cuando fueron ayer a su casa y llevaba esos calcetines de orejas de cerdo que no se pone ni bajo coacción—. Creo que lleva días sin ducharse, parece un mapache malherido y está tan triste que da pena.
Natalie sonríe.
—Se lo merece. —Mueve la mano espantando moscas invisibles.
—Estamos de acuerdo, pero no ha matado a nadie como para que el castigo dure cien años. ¿Megan está bien?
Natalie no tiene ni que pensarlo, su amiga parece una sombra, como si ella y Hollis hubieran estado juntas durante años y no una sola noche. Le cuesta comprenderlo, pero ella no es quien para juzgar la manera de querer de otros.
—No, no lo está. De hecho, hoy le he dicho que trabaje desde su casa, no soportaba verle la cara, parecía que iba a morir de pena en cualquier momento.
—¿Ves? Es que deberíamos interceder, porque Hollis ya se ha dado por vencida, no quiere ser insistente. Megan no dará su brazo a torcer y al final ambas solo están sufriendo por un malentendido.
La editora piensa que es una auténtica locura y que si Megan sabe que está participando en una especie de plan romántico para ella, la colgaría por los pezones en un sitio muy alto, pero está cansada de verla arrastrar los pies por los pasillos de la revista como si estuviera de luto.
—Vale, ¿qué propones? —pregunta no demasiado segura.
Brena esboza una sonrisa radiante, muy contenta de empezar a ser una Cupido de verdad.
—He pensado en algo normal, que no les parezca raro. Una cena, puedo ir con Hollis, tú con Megan y… —Brena levanta las manos como si estuviera creando magia.
La editora tuerce los labios.
—Tenemos que estar muy bien coordinadas porque conociendo a Megan, en cuanto se dé cuenta de la trampa, se enfadará de verdad.
Brena asiente, cautelosa.
—Lo intentaremos para que salga bien, solo necesito que te involucres —pide entrecerrando los ojos.
—Estoy dentro —confirma Natalie, y coge una hoja que saca debajo de una lata de refresco—. Toma, apunta tu número aquí y luego te mando un mensaje para que tengas el mío.
Brena pone los ojos en blanco.
—Será más fácil si me das el tuyo y te hago una llamada perdida.
Natalie para estas cosas es más anticuada, pero accede y le dice dígito a dígito su número de teléfono.
—Perfecto, voy a valorar a qué sitio podemos llevarlas y te escribo —se despide Brena, pero antes baja la mirada hacia la mesa—. Deberías tirar toda esa basura. El orden trae paz.
Da media vuelta y sale del despacho. Natalie se queda muy quieta mirando la puerta que acaba de cerrarse, pensando que se está metiendo en un lío, no solo porque va a tenderle una trampa a su amiga sino porque Brena Sullivan empieza a ponerle los pelos de punta y no de mala manera.