Cupido en Halloween Capítulo 11
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Capítulo 11

—¿Qué? —la voz consternada y rabiosa de Hollis emerge aguda.

Melissa se pasa la mano por su melena rojiza con un gesto de inseguridad que muy pocas veces se le ha visto.

Las cuatro mujeres, de forma automática, se apartan un poco para no interferir el paso peatonal por la acera. Habían creado una especie de tapón que ya empezaba a molestar.

—Un tío que conocí en la fiesta, muy majo y con una boca que... —levanta ambas manos pidiendo perdón porque Hollis ha empezado a echar fuego con la mirada—. Lo llevé a tu casa, Brena ya había llegado así que estuvimos en el sofá.

La cara de Hollis se arruga entre la irritación y el asco.

Melissa tuvo sexo con un desconocido en su propio sofá, el mismo en donde había tenido la cara aplastada, intenta frenar la montaña rusa instalada en su cabeza.

Después se encargará de reprochárselo y quemar los cojines, ahora tiene cosas más importantes que saber.

—¿Y lo dices ahora? —se lleva las manos a las caderas—. Joder, Melissa, que hubo alguien más allí que pudo llevarse mi portátil y tú te has callado la boca.

Brena tiene los ojos tan abiertos que el sol le quema la retina.

El giro de los acontecimientos hace que su cabeza se convierta en un circo con payasos incluidos.

Le pica la mano para sacar el móvil y empezar a grabar, pero debe mantenerse con vida si quiere saber el desenlace de esta historia y evitar morir en manos de un ataque de furia de Hollis Warren.

—Lo siento, es que... —Melissa se señala la cabeza como si el gesto explicara algo—. Estaba completamente borracha, esos malditos chupitos con sabor a caramelo engañan mucho.

—Melissa —sisea Hollis con hartazgo.

—Sí, vale, lo llevé a tu casa, estuvimos en el sofá y luego nos quedamos dormidos.

Nos despertó la claridad que entraba por las ventanas y en cuanto me di cuenta de que seguía ahí, lo eché —se rasca la nuca con ganas—.

Lo mantuve vigilado, fue al baño un segundo y se marchó.

No salió con nada en las manos, te lo aseguro.

Hasta ese momento, Megan se había mantenido en silencio escuchando cómo, en efecto, no era la única desconocida dentro de esa casa, pero lo que acaba de decir la pelirroja ha roto la calma que se había obligado a tener.

—Esto tiene que ser una jodida broma —suelta sin ningún reparo—. A ver si lo entiendo: ¿habéis venido aquí acusándome de haber robado algo, completamente seguras de que yo soy una ladrona, pero resulta que hay un desconocido que se fue después de que yo lo hiciera y que no es sospechoso de nada?

Megan levanta las cejas y mira a las tres mujeres, una por una. Se mantienen calladas y desvían la vista. Hay que joderse.

—Y tú —señala a Hollis con el dedo—, además de aparecer frente a mí de esa manera sin esperar una explicación de mi parte, me has denunciado a la policía. ¿Sabes lo que me puede perjudicar eso?

Hollis desea que el suelo bajo sus pies se abra y que pueda deslizar su cansado cuerpo por allí, desaparecer y, de ser posible, viajar en el tiempo para saltarse todo esto y volver al día antes de la fiesta.

—Lo sentimos, Megan, pero tienes que entender que la situación se había prestado para pensar que habías sido tú. No sabíamos que había alguien más aparte de ti.

Megan tiene la mirada fija en el rostro de Hollis, hay fuego, furia y también decepción.

Sabe que es completamente absurdo sentirse traicionada por una persona con la que apenas estuvo durante unas pocas horas, pero es que de verdad había sentido el tirón, el nudo del hilo cerrándose en cada punta uniéndola a Hollis de una manera quizá demasiado soñadora.

No recuerda sentirse así de compungida desde que tenía diecisiete y Maggi Raw le rompió el corazón.

Hollis también quiere decir que lo siente, pero la indecisión y la posibilidad del 50 % que baila sobre Megan como una de las sospechosas hacen que se le cierre la garganta y no pueda decir nada.

Eso no evita que se sienta miserable, porque está convencida de que la chica de ojos turbios que la mira con resentimiento es incapaz de hacer algo así, sobre todo después de lo que pasó entre ellas. Va a perder la cabeza.

—¿Por qué no le habías dicho nada a tus amigas? —quiere saber la periodista—. ¿No pensaste en todo lo que podías ahorrarnos?

Melissa podría soltar la típica broma «el buen polvo me hizo un borrado de memoria», pero supone que no será bien recibida.

—La verdad es que al principio ni siquiera me acordaba, Hollis nos despertó histérica y yo lo único que quería era un analgésico con un litro de agua —suelta un suspiro ruidoso—.

Para cuando me vino todo el recuerdo a la cabeza, ya había puesto la denuncia y pensé que no valía la pena enredar más esto.

—¿Que no merecía la...? Joder —Megan se recoge la melena con brusquedad—. ¿Tú te escuchas?

Melissa vuelve a levantar ambas manos. Sus palmas sudan como si estuviera haciendo ejercicio.

—Estaba segura de que no había sido él, yo misma lo acompañé a la puerta y no llevaba nada en las manos — la pelirroja desvía un instante los ojos y Brena entrecierra los suyos.

—¿Pero? —interroga la influencer dando un paso adelante.

Melissa suelta una especie de pedorreta y deja caer sus manos a ambos lados del cuerpo.

—Ahora tengo dudas porque, aunque sé que no llevaba nada en las manos, sí tenía un gran abrigo puesto.

Además —señala a Megan con movimientos rápidos—, no tiene ningún sentido que robes algo cuando estábamos en una fiesta exclusiva y tu trabajo es prácticamente público. Tarde o temprano daríamos contigo, ¿no?

Megan abre las manos hacia los lados.

—Al fin una mente pensante —se gira y encara a Hollis—. Te dejé mi número sobre una mesa. No me llamaste y pensé que habías dejado lo que pasó como una simple aventura. Fui honesta contigo y tú llegaste aquí acusándome de algo sin preguntarme primero si lo había hecho.

Bueno, Megan está segura de que si ella fuera una ladrona y alguien le pregunta casualmente si se ha apropiado de un portátil, obviamente ella diría que no, pero eso no hace que sienta más rabia por Hollis y sus dos extrañas secuaces.

Hollis se queda quieta esperando que su mente la sorprenda con una respuesta coherente, pero no le llega nada. Brena aparece en su auxilio.

—¿Por qué mejor no nos centramos en resolver este asunto? —la influencer toma el control—. Melissa, ¿sabes cómo se llama? —la susodicha baja la mirada. Vale, polvo sin nombre—. Entonces tendrás que buscarlo en alguno de mis vídeos.

Brena saca su móvil —demasiado frío por el poco uso que le ha dado la última hora— y lo deja caer en la palma extendida de su amiga.

Megan se cruza de brazos, Hollis se muerde los labios y Brena se inclina sobre el hombro de la pelirroja. Con una habilidad pasmosa, la chica adelanta, pausa y retrocede los fragmentos capturados esa noche durante largos minutos que no hacen más que poner nerviosas a todas.

El teléfono de Megan las sobresalta y la periodista tuerce el gesto mientras lo saca de su bolsillo trasero.

—Genial —farfulla antes de deslizar el dedo por la pantalla y llevarse el aparato a la oreja—. Sí, estoy bien. Ahora subo, estoy resolviendo un asunto. Sí, lo sé —responde esto último al «no se te paga para que te entretengas por ahí, Palmer»—. Dame unos minutos.

El grito de Melissa se alinea con el momento en el que la periodista cuelga la llamada.

—¡Aquí está! —da un salto y Hollis le arrebata el móvil.

Amplía la imagen y en ella se ve perfectamente a un tipo moreno atractivo que está frente a una de las barras con una copa en la mano.

Está mirando al gentío en la fiesta mientras da tragos cortos a su bebida.

Como es lógico, no lleva el abrigo del que habló Melissa sino un traje negro entero, el pelo engominado hacia atrás y una...

—¿Esto es una pistola? —pregunta Hollis con los ojos muy abiertos.

—Era de juguete —explica Melissa y aprieta los labios—. Iba de James Bond.

Ese instante sería el ideal para soltar una carcajada que le quite hierro al momento, pero el aire está tan tenso que nadie tiene ganas de reír.

—Déjame verlo —pide Megan y cuando Hollis le entrega el aparato, la periodista hace todo el esfuerzo para no rozarla.

Megan lo observa bien e intenta hacer memoria.

Recuerda que esa noche llegó bastante pronto, buscó a la organizadora del evento y le hizo una entrevista que se extendió por unos veinte minutos.

Después paseó con su fotógrafo, que inmortalizó la decoración, el salón medio vacío y las barras con unos cuantos brindando.

Antes de que el hombre se marchara, Megan le pidió que capturara a unos cuantos vestidos con disfraces llamativos.

Desde luego, James Bond no era uno de ellos.

Megan estuvo charlando un rato con una chica hasta que sus ojos se cruzaron con los de una mujer impactantemente atractiva, vestido negro, buen escote y labios llenos pintados en un color oscuro.

Perdió el sentido, todo lo que pasaba en la fiesta dejó de ser interesante y cuando empezó a hablar con Hollis, el resto del mundo desapareció.

No recordaría a James Bond ni que hubiera sido el anfitrión.

—Pásame esta imagen a mi móvil —Megan sale del carrete de fotos y marca su número en la pantalla. Se lo devuelve a Brena, ignorando a Hollis—. La moveré entre mis contactos, seguramente alguien sabe quién es o le suena de algo.

Brena se dispone a hacer lo que se le ha pedido, así que hace varias capturas de la cara del hombre en diferentes posiciones, agrega el número de la chica y empieza a enviar las imágenes.

—Ya lo tienes —confirma la influencer —. Nosotras también buscaremos, quizá el mismo hombre que nos dijo quién eras sepa la identidad de este.

Megan eleva una ceja con calma y a Hollis se le aprieta el pecho. Es preciosa y esas pecas que adornan su cara le recuerdan esa noche en que las dibujó con su dedo.

—Sí, bueno, nos ha costado un poco encontrarte, pero nada es imposible, ¿no?

La periodista suelta un suspiro y niega con la cabeza.

—En fin, tengo que volver al trabajo y explicarle a mi editora por qué cojones he tardado una hora y media en desayunar cuando lo habitual es que suba en diez minutos —mira a Hollis durante un instante y endurece el gesto—.

Voy a mover a todos los que conozca y lo haré hasta que demos con este tipo.

En este punto me da exactamente igual si recuperas o no lo que buscas, lo único que quiero es demostrarte que no he sido yo.

Que salí de tu casa con la ilusión de volverte a ver, no con tu portátil oculto.

Megan no aparta la mirada y Hollis se pregunta cómo puede parecer más enfadada por segundos.

—Y cuando demos con él, vas a ir a la policía a retractarte, a eliminar esa denuncia —todas asienten como si Megan estuviera hablando con ellas—. Después, espero no volverte a ver nunca más ni por casualidad. Ojalá no te hubiera conocido en esa fiesta.

Megan esquiva a Brena, que está a su lado, y cruza la calle sin mirar a los lados. Por suerte no venía ningún coche así que, con la vida intacta, se pierde dentro del edificio en el que está The Current Magazine.

—Vaya, sí que tiene carácter —aporta Melissa ante el silencio colectivo.

Hollis la mira decidiendo si la golpea ahora o después. Expulsa el aire cargado y elige romperle la cara más tarde porque ahora tiene que buscar la manera de calmar el desasosiego que su cuerpo está experimentando.