Cupido en Halloween Capítulo 7
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Capítulo 7

H ollis ve una calabaza abandonada en medio de la acera y gruñe como un perro rabioso cuando alguien mete la mano en su cuenco de comida.

Odia Halloween, detesta este puto día y de ahora en adelante, para esa fecha comprará un billete de avión a Uzbekistán, donde la celebración de esta fiesta está prohibida porque la asocian al paganismo y el ocultismo.

Ella no quiere encontrarse con más hechiceras rompecorazones —y robaportátiles— nunca más.

Siente el brazo de Melissa rodearle los hombros con calidez y Hollis solo tiene ganas de llorar.

—¿Qué tal si te invitamos a comer a ese sitio tan chulo que te gusta? —Melissa le da una patada floja a Brena, que va grabando las calles por las que pasan y no está prestando atención.

—¿Cuál? —la pregunta le sale con un tono infantil que no intenta disimular.

—El de los brunch que hace esas torres de tortitas esponjosas bañadas con chocolate —le recuerda la pelirroja, apretándola más contra su cuerpo.

—Preparan unas mimosas deliciosas —aporta Brena bloqueando el móvil muy a su pesar—. Y es la hora perfecta para tomar una.

Melissa reprime una arcada, no beberá alcohol nunca más en la vida y todo el que la conoce sabe que eso solo funcionaría en el caso de que muriera mañana, pero anoche se le fue bastante de las manos y necesita recuperarse.

La barra libre en la fiesta fue de las mejores, nada de botellas baratas ni combinados mediocres, y ella supo disfrutarla hasta que se marchó de allí con un vaso de plástico en la mano.

—De acuerdo.

El consentimiento de Hollis es dudoso, con esa voz floja que arrastra las letras, pero sus amigas lo toman como un sí, y caminan calle arriba hacia el restaurante.

La diseñadora no presta atención al camino.

Mientras las otras dos mujeres hablan de cualquier cosa, ella está dentro de su noria interna personal que no deja de dar vueltas sobre lo ocurrido anoche.

Hay un momento en particular que le hace doler el pecho y fue cuando Megan y ella cayeron exhaustas sobre las sábanas deshechas.

La rubia se acurrucó a su lado con gesto somnoliento, pero con una sonrisa que no le cabía en la cara.

—Sé que acabamos de conocernos, pero me encantas, Hollis. Hace mucho no me sentía así —se lo dijo mientras le acariciaba la mejilla con suavidad.

A Hollis el pecho se le movió de sitio porque ella no quería ser intensa, pero llevaba mucho rato pensando lo mismo.

Con Megan se sentía bien, ese es el resumen y si se lo contara a alguien con esa sencillez, está segura de que la mirarían con confusión.

Y es que «bien» sin ningún «pero» es algo que Hollis nunca ha sentido, ni siquiera en esas primeras veces en las que el romance está vivo y el alma demasiado ciega como para ver los defectos del otro.

Siempre hubo un «qué», un «bien, pero no fue tan atento…

no me ha mirado en todo el rato… no tenemos de qué hablar…

el sexo es regular…» y cuando por fin no hubo nada de eso, cuando conectó con alguien divertida, preciosa, atenta y con unas manos increíbles, la muy cabrona va y la roba. Es que tiene que estar maldita.

—Bienvenidas, señoras —sonríe un chico que no puede tener más de veinticinco años, pero que mira a Melissa un segundo de más—. ¿Mesa para tres?

Brena deja que sean ellas las que contesten porque está demasiado ocupada grabando la entrada del restaurante.

Es un sitio muy instagrameable y con unas cuantas instantáneas le bastará para publicar dentro de unos días que ha estado trabajando demasiado y se ha venido a dar un capricho con sus amigas.

Ese tipo de publicaciones suelen gustar mucho, empoderan a las trabajadoras que merecen un buen descanso en un sitio que les guste.

—Venga, Hollis, anímate un poco —pide Melissa casi como una súplica cuando su amiga se sienta desganada en la silla que está en la esquina—. Te prometo que se te pasará y el ordenador, piensa que es algo material y a esa chica no le dio por apuñalarte mientras dormías.

Hollis abre los ojos hasta el punto que le duelen. Se lleva una mano a la boca mientras se le humedecen los ojos y su mente recrea una escena trágica donde hay mucha sangre y una malvada Megan con un cuchillo jamonero.

—No seas bruta —la reprende Brena mientras le da un toque en el hombro que pretende ser un manotazo.

Melissa frunce los labios mientras ve la cara compungida de su amiga.

—Solo intentaba hacer una broma, en serio. —Le hace una caricia en el brazo—. Sé que te jode lo que te ha pasado, pero estoy segura de que dentro de unas semanas ya ni siquiera te acordarás de esa chica.

Hollis está completamente segura de que eso es imposible.

Hay personas con las que puedes estar años y no dejan ninguna marca memorable en tu vida y otras con las que compartes una excursión de apenas unas horas en una isla del sureste asiático que dejan una huella difícil de olvidar.

Ese es el caso de Megan, una sola noche y talló a conciencia una muesca en el medio de su pecho que no olvidará jamás.

—Yo creo que deberíamos buscarla —opina de repente Brena con la misma energía con la que cuenta a sus seguidoras que ha conocido a Alfred Penns, el modelo erótico del momento—. Ir tras su pista, porque si esta chica te lo ha hecho a ti, puede que también se lo haga a muchas.

—Joder, y con lo sexy que es, tendrá una buena fila de víctimas.

Hollis clava sus apagados ojos oscuros en el rostro de su mejor amiga.

—No ayudas, Melissa —brama la diseñadora y abre el menú que han dejado hace un rato sobre la mesa con demasiada fuerza.

—Concuerdo —apunta Brena con un movimiento de cabeza—. Hollis, podría pedir a mis seguidoras que la busquen. —Se lleva un dedo a los labios, pensativa—. Aunque no podría publicar su foto así a la ligera porque me podría meter en un buen lío.

Hollis se niega a convertir su miseria en un circo.

—Para eso está la policía —no despega los ojos del menú que no necesita ver. Sabe lo que quiere—. Mis impuestos están ahí, así que deja que hagan su trabajo.

—Y tienes razón, pero ¿qué pueden hacer ellos con la descripción que has dado?

—Brena le da una patada a Melissa por debajo de la mesa y le hace movimientos extraños con los ojos para que la apoye—.

Creo que nosotras podremos hacer algo más.

Se me ocurre que puedo escribirle a la organizadora de la fiesta; quizá pueda darnos algunos datos más.

A esos eventos no entra todo el mundo, tiene que haber una lista o algo.

Lo peor que siente Hollis en ese momento es la punzada de ansiedad que le dice que hay un resquicio de esperanza para verla, no para atraparla, sino para volver a tenerla frente a ella. Mueve la cabeza en un intento absurdo de dejar de ser patética.

—Bre tiene razón. —Melissa habla antes de que Hollis pueda volver a negarse—. La policía hará lo suyo, pero nosotras también podemos dar con ella más rápido, estoy segura.

Melissa no está segura de nada, pero hará lo que sea para ayudar a Hollis. Se siente mal, culpable, y si jugando a las cazadoras logra sentirse un poco mejor, ella incluso se comprará un traje oscuro para la ocasión.

—Vale —Brena suelta un gritito cuando Hollis aprueba su plan—, pero nada de pasarte. Solo escribe a esa mujer y con lo que te diga, decidimos qué hacer.

La influencer prácticamente salta de su silla después de balbucear que ella quiere unos huevos Benedictos y una mimosa.

Se apresura a salir del restaurante, busca una esquina tranquila y escribe un mensaje a Iris Walker para saludarla antes de hacerle las preguntas que necesita.

Luego activa la cámara frontal de su móvil para confirmar que se ve bien y, aunque sabe que es mejor la trasera para sus vídeos, no tiene tiempo de encuadrar la toma.

—Chicas, tenemos una nueva aventura entre manos.

—Se muerde los labios en un gesto de emoción—.

No os puedo contar demasiado ahora, pero os daré pistas porque quiero que me acompañéis en cada paso que daremos.

—Hace una pausa teatral antes de continuar—.

¿Qué puede salir mal si empezamos un pequeño trabajo de investigación?

Así es, chicas, junto a dos amigas iremos detrás de alguien a quien queremos desenmascarar.

Si queréis acompañarme en este complicado caso, estad atentas a las actualizaciones y recordad que si os gusta mi contenido, dadle like , comparte y guarda. Chau, chau.

Brena termina la toma moviendo su mano izquierda en señal de despedida y sonríe satisfecha cuando para la grabación. Le ha salido a la primera y con una edición rápida podrá subir el video en unas horas.

Justo cuando va a entrar al restaurante, Iris le contesta, así que Brena aprovecha para devolverle el mensaje pidiéndole que le avise cuando tenga unos minutos porque necesita preguntarle algo sobre la fiesta de Halloween.

El texto es ambiguo, creado para generar expectación, e Iris pica de inmediato, diciéndole que está disponible.

—Iris, un placer volver a hablar contigo. —Gesticula Brena y sonríe como si estuviera frente a ella—. No quiero robarte mucho tiempo, es que estoy editando un especial de la magnífica fiesta que organizaste y me faltan algunos datos.

Brena monta una elaborada mentira sobre unas fotos que ni ella misma se cree, fotos que involucran a una guapa periodista rubia de nombre Megan.

Iris parece hacer memoria, pero la organizadora no es precisamente buena con las caras, así que le dice que conoce a muchas mujeres con esa descripción, pero no sabe a qué se dedican.

—Vaya, tendré que seguir buscando —contesta la influencer con el ánimo decaído, que solo le dura un segundo—. Espera que apunte el nombre —dice, y se separa el móvil de la oreja para escribir «Nathan Cole»—. Sí, genial, muchas gracias, Iris.

Brena entra al restaurante a toda prisa y ve una rebosante copa de mimosa esperando por ella. La aparta para no tirarla al suelo y se sienta.

—Tengo algo —anuncia con una sonrisa de quien se cree Sherlock Holmes.

—¿Y nos lo vas a decir? —pregunta Melissa, impaciente, mientras Hollis espera expectante.

—Iris no tiene ni idea de quién es la diablesa. —Las otras dos mujeres se hunden en su silla—. Pero me dio el nombre del guardia de seguridad principal que contrata para las fiestas. Dice que conoce a mucha gente en la ciudad, sobre todo del tipo que asistieron a su evento. Un tal Nathan Cole.

Melissa da varios aplausos mientras sonríe.

—¿Te dijo dónde podemos encontrarlo? —Hollis está igual de desanimada que al principio.

—No es de los que trabajan fijo en algún local, pero me dijo que si no está en sus fiestas, está de portero en la zona de Meatpacking.

—Qué glamour —señala Melissa frotando sus dedos anular e índice—. Hay muchos clubes de moda allí.

—Sí, y ahora tenemos una misión que completar. —Brena coge su mimosa y se toma la mitad. Está eufórica.

—No creo que…

—Venga —escucha a sus dos amigas al unísono—. Hemos empezado a avanzar, ¿no? —pregunta Brena—. Tenemos algo de donde tirar, además será divertido.

Hollis no se siente muy animada para ir a una de las zonas más exclusivas de clubes nocturnos de la ciudad, pero por alguna razón cede, no quiere pensar el motivo concreto; lo único que se mete en la cabeza es que quiere recuperar su portátil y ver la cara de esa descarada que, al parecer, también le robó el corazón.

Brena levanta su copa con solemnidad.

—Chicas. —Las mira una a una—. ¡Nos vamos de caza!