Cuídate, cariño Capítulo 46
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Capítulo 46

Natalia toma las llaves, voltea cuando escucha a Joana, pero no se detiene.

No está tan lejos. Su amiga podrá alcanzarla.

Abre la puerta. El cielo sigue oscuro, aunque debería de amanecer muy pronto.

Joana la alcanza; caminan juntas, manchando sus tenis de lodo.

Pisando ramas y basura que trajo la tormenta.

Natalia busca con la mirada entre los árboles para ver si encuentra un brazo, una pierna, una prenda de Carolina.

No hay nada más que lodo y ramas caídas.

Llegan a la entrada. Las puertas del portón se deslizan hacia los lados, mostrando el árbol que cubre el camino.

Lo trepan con pisadas inestables y miedo a caer y romperse algo o a quedar inhabilitadas para pedir ayuda y solo poder gritar de dolor entre las hojas del árbol.

Logran cruzar, suben al coche. Tienen suerte de que el camino esté pavimentado o no podrían moverlo, enterrado en el lodo.

Natalia acelera con fuerza. Joana le pide que maneje más lento, pues es cierto que no saben las condiciones de la carretera.

El piso sigue mojado y puede haber otros árboles tapando el paso.

O piedras que caen de la montaña. Que ponga las luces altas, que así como las trae se ve poco.

Joana activa los limpiaparabrisas por error, pero, después de tantear unos segundos, logra encender las luces altas.

La radio se enciende sola. Una canción que Natalia cree reconocer se escucha con un volumen altísimo.

Intenta apagarla, pero la pantalla táctil no reacciona.

Joana intenta ayudar. No pueden usar la pantalla mientras el coche esté en movimiento.

Natalia baja la mirada al volante para ver cuál es el botón que puede, por lo menos, bajar el volumen.

Viene a su mente el recuerdo de su abuelo cantando esa misma canción mientras cocinaba.

Por eso le resulta familiar. Encuentra el botón y la radio se apaga.

—¿Por qué crees que lo haya hecho? —pregunta Joana.

—No lo sé, enloqueció.

—¿Crees que tuvimos suerte de estar en la cama?

—¿Cómo?

—Que si hubiéramos estado con ella en ese momento nos hubiera…

Frente a ellas, en medio del camino, ven una silueta detenida.

Joana grita para alertar a su amiga que están a punto de atropellar a alguien.

Natalia intenta esquivarlo, pero el piso sigue mojado y resbaloso.

No pueden mantenerse en la carretera. El coche derrapa y no se detiene hasta que choca contra un árbol.

Las bolsas de aire se activan y el golpe contra sus rostros hace que pierdan el conocimiento.