Cuídate, cariño Capítulo 27
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Capítulo 27

Un árbol caído tapando el paso le hace perder la compostura que mantenía hasta ese momento.

Golpea el volante de la camioneta hasta quedar exhausta.

Puede ver las palmas de sus manos, enrojecidas por los golpes, a pesar de la poca luz.

El coche de Rodrigo está en la orilla del camino.

No alcanza a ver si hay alguien dentro, lo que sí sabe es que el coche está apagado.

Joana baja de la camioneta sin prisa, pues unos segundos le han bastado para estar empapada.

No tiene sentido correr bajo la lluvia. Un rayo cae sobre el árbol tirado, a unos cuantos pasos de donde se encuentra.

El corazón se le acelera por el susto. Siente el retumbar en todo su cuerpo, como un eco que se repite sin perder potencia.

«Un rayo no cae dos veces en el mismo lugar», se dice a sí misma antes de dar otro paso hacia la propiedad.

Bajo la casa de El Álamo, una energía se concentra.

Un calor y una fuerza se reúnen para trabajar.

Esta vez todos sienten la vibración del suelo, ya no solo Verónica.

La tierra frente a Joana se empieza a cuartear.

Se forma un socavón, pero se detiene sin ser lo suficientemente extenso o profundo como para que no avance.

Piensa que la lluvia es la causante de la inestabilidad en el terreno; tanta agua debe modificar lo que hay bajo tierra.

Cruza el socavón de un salto, logra poner la clave en el aparato de metal y el portón se abre, dejando, ahora sí, el camino libre para que regrese con sus amigos.

Sigue las luces que marcan los límites de la casa.

Vuelve, al fin, después de un viaje sin propósito aparente.