Capítulo 26
Los animales de El Álamo, aquellos a los que les molesta la lluvia, han aprovechado que la puerta de la capilla no fue cerrada por completo para refugiarse dentro.
Aves, mamíferos y reptiles en una tregua temporal.
Reposando sobre la cruz, sobre la banca, hechos bola en las esquinas. No habían sentido una tormenta igual.
Los ríos y las presas podrían desbordarse en cualquier momento.
Los abuelos que rezaban por algo de agua que limpiara los cielos y regara las plantas ven por las noticias cómo se han formado cascadas en la montaña.
Hay personas a las que ya les ha entrado agua a sus casas.
Intentan sacarla con cubetas, sin éxito.
Cómo pueden sufrir por la escasez y un poco después por la abundancia.
Morir de sed o morir ahogados; en medio, solo hay una ventana de tiempo, breve, en la que están satisfechos.
En El Álamo, toda el agua es absorbida por la tierra, bebida por los árboles, usada para llenar los pozos subterráneos.
El Álamo toma, almacena y protege todo lo que puede servirle.
El agua, el abono, el oxígeno. Los objetos que no le son útiles, pero que son suyos porque están en su tierra. Está vivo todo aquello que se alimenta.