Cuídate, cariño Capítulo 22
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Capítulo 22

Siente que vuelve a temblar. No, no es un temblor, es algo más suave: una vibración. Una vibración que a la vez es un sonido. Verónica lo reconoce, responde la llamada que le hace Joana y se lleva el celular al oído.

—Ya estoy de camino a El Álamo

—¿Cómo te fue? —A Verónica le cuesta hablar; sigue adormecida.

—Me vieron la cara.

—¿Cómo?

—No había ninguna entrevista, Verónica. Me citaron en una florería; pregunté por la chica que me mandó el correo y me dijeron que no la conocen.

—No entiendo, ¿por qué alguien haría eso?

—Me quedé ahí veinte minutos, viendo las flores. Tenía todavía la esperanza de que la chica llegara. Quizá, por alguna razón, quería que hiciéramos la entrevista ahí. Me sentí realmente tonta.

—No te preocupes, ¿okey? Lo resolveremos, conseguiremos otro trabajo.

—Yo quería ese…

—Lo sé. Acá vemos cómo le hacemos para que puedas tener esa entrevista. Quizá hubo un error o algo le pasó a la chica. Todavía no podemos saber qué sucedió.

—Hay algo de tráfico, por acá está lloviendo. Tardaré en llegar. Está bueno el ambiente para estar triste.

—Hoy podemos estar tristes si quieres. Tomamos unas copas de vino y nos ponemos melancólicas. Hace mucho que no lloramos juntas, ¿te acuerdas?

—¿De la última vez? Unos cuatro años por lo menos; ¿por qué será que antes llorábamos tanto?

—Yo todavía soy muy llorona.

—Bueno, y yo, pero ya no lloro con gente.

—En la noche podemos llorar juntas si sigues triste.

—¿Tú estás triste?

—Algo siento.

—Bueno… nos vemos más tarde.

—Maneja con cuidado.

Joana detesta conducir con lluvia, sobre todo con una camioneta que no es suya.

No sabe ni siquiera cómo encender los limpiaparabrisas o los faros.

Tuvo suerte de que todo estuviera automatizado.

Le parece que es mala idea regresar a El Álamo con este clima; muchas personas han sufrido accidentes bajando o subiendo por esa carretera.