Cuídate, cariño Capítulo 21
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Capítulo 21

Verónica tiene una serie de sueños, tan distintos entre ellos que no podría hilarlos al despertar sin importar que los recordara a la perfección. Aunque todos sabemos que de los sueños se recuerda muy poco.

Un árbol verde y frondoso que está en llamas en medio de un campo vacío. Una niña que moja con una manguera las ramas del árbol, intentando apagar el fuego. Y en el cielo, luces brillantes. Fuegos artificiales que el resto de las personas, las que no ayudan a sofocar el fuego, miran asombradas.

Una puerta de madera frente a ella. Entiende que es una puerta por la luz que entra por los espacios: arriba, abajo, a los lados.

Pero al mismo tiempo solo es una pared, porque las puertas tienen manijas y esta plancha de madera no tiene nada a lo que aferrarse.

Tampoco se abre cuando se le empuja. Una puerta que no funciona como puerta o que no sabe ser usada como puerta por aquella que la tiene enfrente.

Un hormiguero enorme. Se mira los pies, los ve enterrados en aquella tierra removida. Ese volcán de arena. Los insectos recorren sus piernas sin morderla, la reconocen como parte del terreno. No la dejarán salir, siguen juntando arena hasta cubrirla por completo.

Los sueños pasan uno tras otro, tan veloces. No puede anclarse a ellos, tratar de entenderlos. No entiende los sueños, la realidad. No entiende las emociones y los sentimientos, aquello que queda flotando entre lo real y lo imaginario. El único trabajo de Verónica es tratar de comprender.