Capítulo 18
A las afueras de El Álamo, entre los árboles, los arbustos y la tierra, una familia de osos negros corren a toda velocidad sorteando los obstáculos que aparecen en el camino.
Algo ha llamado su atención, un aroma que les llama, les dice algo que solo ellos saben escuchar.
Siguen la señal por pura curiosidad. No tienen hambre ni sed, han saciado sus necesidades desde muy temprano.
En cambio, nunca han podido saciar su curiosidad.