¡Cuidado con el «simpático» del poli! Capítulo 40 #3
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Capítulo 40 #3

Después de eso, dejé de escuchar todo lo demás. O tal vez fue que la casa volvió a quedarse en completo silencio.

Lo único que podía oír era mi respiración acelerada y el retumbar de mi corazón latiendo con más fuerza que nunca.

—Sergio…

—¡Sorpresa!

Estaba en la cama que yo elegí, sentado, con la espalda en la pared. Lo único que llevaba puesto era un pantalón corto de pijama.

Abrió los brazos y solté un jadeo, antes de salir corriendo hacia él.

Me subí de un salto a la cama y gateé hacia su cuerpo, para tirarme encima de él y abrazarlo con fuerza.

—Estás aquí —susurré.

—Sí. Contigo.

Me dio un beso en la cabeza y me apretó contra él.

—¿Es sensación mía o me has echado mucho de menos?

—Es sensación tuya —le contesté.

Sergio soltó una carcajada y me entraron ganas de llorar.

—Siento mucho haberte tenido tan apartada de mí y lo breve que ha sido todo, las pocas veces que he podido hablar contigo. Te aseguro que era necesario por mi trabajo —me susurró al oído.

—Ahora mismo me da igual cómo me he sentido todo este tiempo.

Escondí la cara en su hombro.

—A mí no me da igual. —Me rozó la sien con los labios—. Te prometo que esto se dará muy de tanto en tanto. Hacía un año y medio que no tenía que irme por un tiempo, y con anterioridad a esa vez estuve dos años sin moverme.

—Vale —suspiré.

—Yo también te he echado de menos. Muchísimo. Este tiempo separados me ha aclarado muchas cosas. Ha sido muy revelador y he vuelto dispuesto a todo.

Con esas palabras consiguió que desaparecieran de golpe todos los miedos y las inquietudes que me habían perseguido desde que se fue.

Gemí cuando elevó un poco la cadera y su miembro duro y tenso se clavó más en mi barriga.

Sergio me apartó de él, pero se olvidó por un momento de lo que iba a hacer para agarrarme la cara con las manos. Me retiró con los pulgares las lágrimas que se me habían escapado y me acercó de nuevo a él, para besarme en los labios.

Fue un beso calmado, pero intenso, en el que noté muchos sentimientos.

Cuando nos separamos, esta vez sí, que me quitó la camiseta y el sujetador. Yo me encargué del pantalón corto, de la braga y del calzado.

Me quedé desnuda de rodillas en la cama, mientras sus ojos miraban con codicia cada parte de mi cuerpo.

Me incliné hacia él, para agarrarle la cinturilla del pantalón corto del pijama. Tiré de ella hacia abajo.

Me encontré con que no llevaba bóxer. Mi excitación aumentó cuando supe que estaba preparado para mí.

Me ayudó a arrastrar el pantalón, elevando el trasero. Se lo saqué por los pies y me llené la mano con su miembro. Quería hacerle tantas cosas… Las románticas y mimosas debían esperar.

Sergio jadeó y se puso en tensión, mientras yo me movía para sentarme a horcajadas sobre él.

—Soy todo tuyo. Haz conmigo lo que quieras —me pidió con la voz ronca por el deseo.

Sonreí de medio lado, con picardía. Y tanto que iba a hacerle muchas cosas, pero por el momento lo que más me urgía era sentirlo dentro de mí. Necesitaba estar llena de él.

Sin soltar su miembro, lo moví con la mano por todo mi sexo. Deslicé la punta, de arriba abajo, mezclando nuestras excitaciones y proporcionándonos placer a ambos.

Gemimos al unísono cuando lo introduje en mi interior, solo el glande. Estaba tan caliente y resbaladizo sin protección…

Lo pillé por sorpresa cuando me dejé caer con fuerza, hasta enterrar su miembro hasta lo más hondo de mí.

—Gloria… —Jadeó, agarrándome con fuerza de las nalgas—. Joder, joder…

—Podemos hacerlo —le dije, mordiéndome el labio inferior.

Me miró a los ojos con intensidad y asentí, para que supiera que había escuchado bien.

—Quería sentirte piel con piel y que me llenaras a mí, no a un trozo de plástico. —Gimió—. Así que fui al ginecólogo. Hace días que podemos hacer esto, tantas veces como queramos y sin preocuparnos por nada más que disfrutar.

—Mierda, Gloria. —Bufó—. Estoy a punto de correrme.

—Pues hazlo.

Comencé a moverme por el largo de su miembro, a subir y bajar, y no fui suave para meterlo en mi interior.

Sergio gruñó y me siguió el ritmo, sorprendiéndome porque no solo aguantó, sino que nos cambió de posición y sus embestidas se hicieron aún más profundas y fuertes. Se clavó en mí sin descanso, una y otra vez.

Me dejó sin respiración conforme fue aumentando el ritmo y creí que me desmayaría, mientras me corría por la intensidad del orgasmo. Me tapé la cara con la almohada.

Mientras yo amortiguaba los sonidos que me fue imposible controlar, Sergio continuó follándome desesperado. Hasta que llegó al final de su recorrido y se liberó en mi interior, con un quejido que no disimuló ni quiso ocultar. Al igual que sus gemidos.

Cayó encima de mí, sin fuerzas, pero sin aplastarme. Nos movió girándonos en la cama y, todavía en mi interior, nos quedamos abrazados recuperando la respiración.

Nuestros pechos se movían acelerados.

—Por una larga lista de veces como esta —susurró con voz ronca.

—Lo estoy deseando.

Le di un beso en la curva del cuello y solté un suspiro de satisfacción.

Ahora sí que me sentía completa y me sorprendió darme cuenta hasta qué punto era cierto con Sergio a mi lado.