Epílogo
Sergio
Doce años después…
—¡Has hecho trampas! —se quejó Tania.
—¿Yo? —se señaló Matías—. Amor, te estás equivocando.
—Una mierda. —Bufó ella.
Matías soltó una carcajada cuando Tania lo esquivó para que no la tocara. No lo consiguió durante mucho tiempo, porque mi amigo era muy insistente.
Tania terminó riendo, colgada del hombro de Matías mientras él le daba una palmada en la nalga. De esa manera se la llevó del porche y tuvimos que escuchar las quejas falsas de Tania, ya que deseaba lo que estaba pasando.
Estábamos disfrutando de un fin de semana largo de cuatro días de recién casados. Le pusimos ese nombre entre todos los amigos, cuando decidimos que cada cierto tiempo haríamos una escapada en la que únicamente estuviéramos los adultos.
Este fin de semana no éramos padres ni teníamos más responsabilidad que la de disfrutar con nuestras parejas y amigos. Era un decir, porque padres no dejaríamos de serlo durante el resto de nuestras vidas, pero ya me entendéis el punto de lo que cuento.
Gloria y yo habíamos formado una familia de la que estaba completamente enamorado. Tenemos dos hijos, Izan y Amber, de siete y cinco años, respectivamente. Mis suegros, Diana y Julián, se habían quedado a cargo de los pequeños.
Nos estaban haciendo de canguros. Los abuelos estaban encantados, al igual que la abuela de Coral, que cada vez que podía los tenía en su casa.
Nuestros hijos sentían una conexión preciosa con sus abuelos, tanto con los padres de Gloria como con los míos, pero con Coral, la abuela de mi mujer, era una pasión difícil de explicar.
Marga, la mejor amiga y vecina de Coral, también colaboraba cuando los pequeños estaban a cargo de la abuela de mi mujer.
Mabel se unía a ellas cuando quedaban, la otra amiga de Coral.
Esta, al no vivir tan cerca, se perdía algunas cosas de mis hijos, ya que debía desplazarse y no era lo mismo que ser vecinas como sucedía con Marga y Coral.
Mis padres venían bastante a menudo a la ciudad, para pasar todo el tiempo posible con la familia y para ver crecer a sus nietos. Gloria y mis padres se llevaron de maravilla desde el principio, por lo que poco más puedo decir sobre esto.
Para este fin de semana largo habíamos alquilado una casa en la playa. Tenía acceso directo a una cala privada y era una pasada. Aquí dentro nos sentíamos aislados del resto del mundo.
Hacía una noche perfecta y dentro de poco iríamos a la playa a darnos un baño nocturno. Este sería sin trajes de baño y sin vergüenza, aunque la poca iluminación que daba la casa y la propiedad no era suficiente para vernos bien en la playa.
No era lo que pretendíamos, ni mucho menos.
Al escuchar la risa de Gloria, giré la cabeza para ver a mi mujer. Venía hacia mí al lado de mi hermana.
Le hice un guiño cuando me sonrió.
Julio e Ingrid estaban tumbados juntos en una tumbona que habían acercado al porche. Clara se echó casi encima de Mauro cuando llegó junto a él. Mauro la atrapó encantado. Y Gloria, después de darme un beso, se sentó sobre mis piernas de espaldas a mí.
Era como estaba antes de levantarse. Le rodeé la cintura con un brazo y tiré de ella hacia mí. Mi mujer apoyó la espalda en mi pecho.
Gloria y yo nos casamos casi a los cuatro años de estar juntos. No tuvimos ninguna prisa para formalizar nuestra relación porque para nosotros lo importante era estar juntos y, desde que nos reencontramos en la casa del pueblo costero propiedad de la amiga de su abuela, no nos habíamos separado.
Mi mujer tardó dos semanas para venirse a vivir conmigo. Y fue tanto tiempo porque tuvimos que esperar a que terminara sus diez días continuos de trabajo en el hospital.
El primer jueves que tuvo libre, después de regresar del pueblo costero, comenzamos a trabajar en su mudanza.
Su piso lo mantuvo durante un año y medio. Según ella, por si nos peleábamos y tenía que regresar después de mandarme a la mierda. Fue decisión suya, de igual manera que lo fue cuando me dijo que quería vender el piso.
Al principio vivíamos en la que fue mi casa durante años.
Al cabo de un tiempo, cuando Gloria me dijo que estaba pensando en vender su piso, yo la sorprendí al comentarle que también vendería mi casa.
La idea a la que llevaba tiempo dándole vueltas era la de unir el dinero que obtuviéramos de las ventas, para comprarnos una vivienda más grande.
Así lo hicimos. Vivimos en una casa grande que tiene mucho terreno alrededor. Es de dos plantas y se encuentra en una urbanización muy tranquila, hacia las afueras de la ciudad.
En nuestros trabajos pocas cosas habían variado con el tiempo. Gloria sigue siendo enfermera de la UCI del mismo hospital, pero desde hace años la ascendieron como coordinadora de su unidad y combinaba las funciones de los dos puestos.
Por mi parte, continúo trabajando de policía, junto a mis amigos Matías e Ingrid. Pero también había ascendido algunos puestos en mi profesión y atrás quedaron los viajes por trabajo que podían alargarse.
Sobre el tal Damián, del que escuché hablar mucho, pero que no conocí. Y sobre Celia, de la que oí hablar peor… os pongo al día de lo que sucedió un día en el que Gloria y yo paseábamos tranquilamente por la calle.
De esto hace mucho tiempo, fue a los pocos días de regresar del pueblo costero.
Mi mujer y yo, por aquel entonces novios, nos encontramos de frente con esos dos a los que por fin pude ponerles caras.
No me presenté ni di pie a ninguna presentación por parte de ellos.
No quise ninguna cercanía, ya que sabía muy bien a quiénes tenía delante.
Lo único que hice fue rodearle los hombros a Gloria y acercarla a mi costado. No os puedo decir cómo me quedé cuando Celia me tiró la caña, sin cortarse ni lo más mínimo, a pesar de que estábamos con nuestras parejas. Porque por aquel entonces Celia y Damián estaban juntos, supuestamente.
Me sentó fatal y solo tuve que decirle cuatro palabras contadas, cabreado y cortante, para dejarla callada y avergonzada.
Fue flipante la situación y me alejé de ellos enfadado, pero por Gloria, porque para mí no significó nada.
Unos días después de eso conseguí que Gloria se riera por lo vivido en ese momento.
Debo decir que Celia y Damián terminaron fatal.
Aunque Julio fue separándose poco a poco de Damián, lo supimos por Julio.
Damián dejó a Celia, al menos fue listo en eso, y terminaron fatal.
Y, por si no fuera poco para Celia, se dio otro grandísimo choque de realidad cuando su padre no le dejó el poder de la empresa familiar.
El hombre mantuvo a su hija como directiva, pero no como la futura dueña con poder absoluto sobre el negocio.
Ya no sabíamos más ni de uno ni de otro. Ni falta que nos hacía.
Como ya sabéis, todas las parejas que se formaron entre nuestros amigos también avanzaron para bien.
Matías y Tania están casados y tienen mellizos de ocho años, César y Víctor.
Lo que iniciaron como una aventura terminó siendo lo que todos los demás supimos desde el principio.
Tania también sigue trabajando en el hospital, en la UCI de neonatos.
Matías, ya he comentado que continúa de policía conmigo y con Ingrid.
La vida de mi hermana Clara cambió mucho cuando conoció más en profundidad a Mauro.
Debo decir que, una vez que se decidió, ya no tuvo nada que hacer.
Mauro la enamoró. Están casados y tienen una hija, Lola, de siete años.
Mi hermana cambió de salón de uñas con el tiempo, lo trasladó a un local más grande y céntrico, y se llevó a sus chicas con ella: a Luisa, a Tamara y a Carmen.
Fue un gran acierto que hoy en día le sigue aportando muchos ingresos.
Mauro vio su sueño cumplido de montar un restaurante.
Pasó por una etapa en la que se desilusionó bastante, debido a que el local del que se enamoró lo alquilaron antes de que él se decidiera a dar el paso.
Gracias a mi hermana, Mauro se vino arriba y entre los dos consiguieron encontrar otro local, uno mucho mejor que el anterior.
Mauro dejó el trabajo de camarero en el bar del hospital para montar su restaurante y el primer día que abrió sus puertas, allí estuvimos todos sus amigos.
Su familia de corazón. El restaurante se ganó la fama que tiene.
Es muy conocido y, de viernes a domingo, si no es con reserva, es imposible conseguir una mesa.
Mauro estuvo los primeros años dedicado por completo a él.
Después, conforme fue pasando el tiempo y tuvo la confianza firme de sus encargados y trabajadores, fue liberándose de las cargas.
Desde hace años Mauro está en el restaurante en un horario normal de trabajo, de lunes a viernes, y algún sábado se pasa por el local.
Siempre mira por su negocio, pero ante todo prioriza la calidad de su tiempo con su familia.
Ingrid dio a luz a Lucía, una bebé preciosa con unos mofletes adorables.
Mi amiga tuvo un parto rápido y sin complicaciones.
Julio, que en ese momento ya era pareja de Ingrid y tenían una relación fuerte, se quedó enamorado en cuanto vio a Lucía por primera vez.
Y ya, cuando Ingrid se la puso en los brazos…
Ingrid localizó al padre biológico de Lucía, para decirle de su existencia y pedirle que renunciara legalmente a su hija, si es que continuaba no queriendo saber nada de ella.
Matías y yo la acompañamos en todo momento frente a ese tío.
Él vio el cielo abierto y aprovechó la ocasión para desentenderse de manera tajante y definitiva de todas las responsabilidades.
Ingrid le hizo firmar la renuncia que ya le había preparado un abogado y, de esa manera, al cabo de poco tiempo, Julio adoptó a Lucía como hija suya.
Él sí que es su verdadero padre, el que cuidó, mimó y protegió a Lucía desde su nacimiento.
Cloe llegó a sus vidas cuatro años más tarde, ampliando la familia.
Ingrid y Julio están casados y son los que más cerca viven de Gloria y de mí.
La vida nos había ido muy bien a todos, a pesar de que también habíamos pasado por pequeñas cosas malas. No voy a mencionarlas porque siempre me quedo con lo bueno. Todo sirve para crecer como persona y hacerse más fuerte.
Miré a mi mujer. Le di un apretón en la cadera, donde tenía la mano, y Gloria miró hacia atrás sobre mis piernas.
—¿Preparada para el baño?
Me regaló una sonrisa pícara.
Ambos sabíamos lo que iba a suceder dentro el mar, con sus piernas rodeándome la cintura.
—¿Lo estás tú?
—Corre —le pedí, con la voz ronca.
Gloria soltó un gritito y después rio. Se levantó de un salto y corrió por el jardín sin dejar de reír, yendo hacia el acceso de la cala privada.
Yo me levanté despacio e ignoré a mis amigos y a mi hermana, para ir detrás de mi mujer.
Los dejé riendo, pero ellos no tardarían en unirse a nosotros para tener exactamente el mismo final.