¡Cuidado con el «simpático» del poli! Capítulo 34
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Capítulo 34

Sergio

Estar con esta mujer era una puta locura.

Me estaba conteniendo como nunca, porque quería disfrutarla al máximo, pero joder, cómo estaba costándome no perder la puñetera cabeza y follarla como tanto necesitaba.

Si hiciera todo lo que me pedía el cuerpo… pero por ahora quería seguir el ritmo que llevaba. Ya habría tiempo en otra ocasión para dar rienda suelta a la locura, porque como le había dicho, teníamos muchas horas por delante hasta el día siguiente.

Lamí su sexo, desde el clítoris hasta su entrada. Varias veces. Gloria me apretó más del pelo y sonreí sobre su zona íntima, mordisqueándole la carne sensible. Me encantaba oírla gemir y jadear, me provocaba una satisfacción total cada una de sus reacciones.

Empujé con la punta de la lengua hacia el interior de su entrada, una vez detrás de otra, mientras Gloria balanceaba la cadera buscando más de lo que le daba.

Yo no tenía ninguna prisa, ya que desde que decidí cambiar la relación que teníamos Gloria y yo, la de supuestos amigos nuevos, por ser ella amiga y yo hermano de la misma persona, tuve claro que iba a tomarme con mucha calma todo lo relacionado con Gloria.

Quería conocerla, más allá de la intimidad que estábamos compartiendo.

Y para eso debía ganarme completamente su confianza.

Porque el sexo era una cosa, pero que una persona te confiara todo lo de su vida, sus miedos, sus inseguridades, sus penas, sus logros y sus alegrías, eso ya era llegar al nivel superior.

Eso no podía igualarse con nada y era la base sólida que yo quería.

Me interesaba mucho esta mujer. Necesitaba descubrir qué me hacía querer ir más allá con ella. Y eso podía suponer un problema, en el que no quise pensar.

La embestí por última vez con la lengua y la deslicé de vuelta a su clítoris. No paré de atender esa zona hasta que no gritó mi nombre y se corrió con fuerza, tensándose y tirándome del pelo.

Cuando me retiré y me incorporé, para sentarme sobre los talones, su pecho subía y bajaba rápido. Los brazos le habían caído sin fuerzas a los lados de su cuerpo. Tenía los ojos entrecerrados y los labios abiertos. Su mirada era cansada.

Su imagen me encantó. Estaba para comérmela de nuevo y llevarla a otro orgasmo, pero tenía pensado hacer lo último, pero de una buena vez como había esperado.

Me rodeé el miembro con la mano, para notar un poco de alivio. Estaba tan duro, tan a punto de explotar.

Balanceé la mano con la mandíbula apretada, subiendo y bajando hasta bien abajo, una y otra vez. Los ojos de Gloria enseguida se fijaron en lo que hacía y se lamió los labios, observándome en silencio.

Mi miembro dio una sacudida y me lo apreté con más fuerza.

La imagen que me asaltó de ella, con su boca llena de mi miembro, era muy, pero que muy tentadora, pero me esforcé por disfrutar de lo que me provocaba imaginarlo, sin que sucediera.

Gloria cogió la tira de sobrecitos y arrancó uno. Lo abrió y se incorporó hasta quedarse sentada.

Me apartó la mano, me acarició el glande provocando un jadeo, y comenzó a colocarme el condón.

Apreté la mandíbula y cerré los ojos. Hasta que no terminó, no me atreví a abrir los ojos y enfrentarme a su mirada.

Ambos fuimos hacia el otro y nos besamos. El beso fue un caos de lenguas, labios y salivas que nos calentó aún más. Fue un anticipo de lo que venía a continuación.

Me aparté para empujarla, porque la quería tumbada bocarriba de nuevo. Cuando se quedó sobre la cama, la agarré de una pierna y le hice rodearme la cintura con ella.

Me incliné un poco hacia delante, buscando la mejor postura, y cuando la encontré, comencé a deslizar la punta del miembro por toda su zona íntima.

Le provoqué varios jadeos y un grito final, cuando la embestí con fuerza en el momento que menos esperaba.

Me enterré del todo en su interior, hasta lo más hondo, y me quedé inmóvil disfrutando de la sensación y para retener el puñetero orgasmo. Sentía que estaba a punto de correrme, estaba demasiado excitado.

Solté un gemido cuando Gloria se movió por mí, echando por tierra la poca cordura que me quedaba.

Mandé a la mierda la paciencia que tenía. Me eché más hacia delante, y empecé a embestirla a un ritmo y una profundidad de locura.

El sonido de nuestros sexos chocando, incansables, nuestros jadeos, gemidos y palabras que no entendíamos, mientras nos buscábamos mutuamente, nos llevó al cabo de un rato directo al vacío más placentero que había experimentado en mi jodida vida.

Me corrí con fuerza, de manera exagerada, mientras Gloria se agarraba con fuerza a mis brazos disfrutando de su propio placer.

Cuando nos tranquilizamos, cuando todo se quedó en calma en la habitación y lo único que se escuchó fueron nuestras respiraciones alteradas, nos quedamos observándonos de una manera muy diferente a lo que estaba acostumbrado hasta ahora.

Al cabo de lo que me pareció una eternidad, bien a gusto todavía con el miembro en su interior, me incliné más hacia abajo y le rocé los labios con los míos. De esa manera le hablé.

—¿Todo bien? —le pregunté.

—Sí —contestó con un suspiro—. De maravilla.

Sonreí de medio lado.

Le di un beso rápido en los labios y me obligué a incorporarme y a salir despacio de su interior.

Me bajé de la cama y fui al baño, donde me quité el condón. Le hice un nudo y lo envolví en papel, para después lanzarlo al cubo pequeño

Quité la bolsa de dentro, la dejé a un lado, y me limpié el miembro.

Cuando estuve preparado, salí del baño con la bolsa. Cuando Gloria me vio elevó una ceja, sonriendo.

—No quiero dejar ninguna prueba que tu abuela pueda encontrar —le dije.

Gloria rio.

—Bien pensado. —Me hizo un guiño.

Dejé la bolsa a un lado, para seguir utilizándola, y me tumbé a su lado en la cama. Me quedé mirando al techo.

—¿Qué piensas? Si puedo saberlo…

Giré la cabeza hacia ella.

—Ahora mismo no pensaba en nada, la verdad. Me he quedado tan bien, tan relajado y saciado, que tengo todavía la cabeza adormilada.

Gloria sonrió de oreja a oreja.

—Todo está mejor que bien —le dejé claro—. Y, por supuesto, que puedes saber lo que pienso. Con lo que acaba de pasar hemos dado un paso bastante importante y espero que no te cierres a mí. Gloria…

—¿Sí? —susurró.

—No sé qué piensas tú, pero para mí esto no ha sido un encuentro sexual sin más.

—¿Qué quieres decir?

—No sé —dije pensativo—. Es que hay algo que… no te sabría decir. Es algo que siento y a lo que no consigo ponerle nombre. Lo que sí sé es que me gustaría conocerte fuera de la amistad. No quiero conformarme con eso, aunque es una buena base sólida para trabajar también en ella.

Hice una pausa, para pensar bien mis siguientes palabras.

—No quiero conformarme con verte en contadas ocasiones, cuando nos reunamos todos.

Puedo estar muy perdido en ciertas cosas, pero sé muy bien cómo me siento cuando estás cerca y lo que me haces sentir.

No quiero renunciar a todo eso si tengo la oportunidad.

Si me la das, claro. ¿Qué te parece si vemos hacia dónde nos lleva esto?

No habló. Se quedó mirándome fijamente con cara de sorpresa.

—Lo siento. Me he pasado.

Tuve la necesidad de disculparme, por su reacción.

Me pasé las manos por la cara. Me la froté varias veces y después llevé las manos a la cabeza, para pasármelas por el pelo. Todavía lo tenía un poco húmedo del baño en la piscina.

—Estoy yendo demasiado rápido —dije, volviendo a mirar hacia el techo—. No tengas en cuenta nada de lo que he dicho. Lo último que quiero es agobiarte o que te sientas presionada de alguna manera. Te prometo que, por mi parte, todo estará bien.

Cerré los ojos.

—Ahora eres tú el que estás dando por hecho cosas que no son.

Al escuchar su voz tan cerca abrí los ojos de golpe.

Gloria se pegó a mi lado. Sus pechos se aplastaron en mi costado, al mismo tiempo que su zona íntima encajaba en mi muslo. Pasó una pierna por encima y la enredó entre las mías.

El cambio fue muy significativo y no perdí la oportunidad.

Le rodeé la cintura con el brazo y la apreté más a mí.

—Eso quiere decir que… —Dejé la frase incompleta, a la espera de que la terminara ella.

—Eso quiere decir que estoy de acuerdo en ver hacia dónde nos lleva el cambio que hemos dado. Lo que ha pasado en esta habitación para mí tampoco ha sido solo sexo, Sergio. Hay algo más importante, pero ambos necesitamos descubrir lo que es.

—No sabes cómo me alegra oír eso.

Sonrió de medio lado.

—Será raro —comentó.

—Creo que lo peor ya lo hemos pasado. Al menos por una temporadita.

—Sí —rio.

Le di un beso en la cabeza y la apoyó en mi pecho.

Nos quedamos en silencio, abrazados.

Cerré los ojos disfrutando de la paz que me habían dado sus últimas palabras. Hasta que no frenó mis pensamientos, no me di cuenta de lo que me jodió pensar que Gloria no quería tener nada conmigo.

Por si no me había dado cuenta hasta entonces, ahí me quedó más claro aún que lo que me sucedía con esta mujer era algo demasiado especial como para dejarlo pasar.

En mis planes no entraba tener pareja, o lo que fuéramos a partir de ahora. Por mi parte, aunque no lo habíamos dejado claro, iba a respetarla como si lo fuera.

Yo no solía dejarme llevar de esta manera. No lo había hecho con ninguna de las mujeres con las que había estado hasta Gloria.

Bajé la mirada para ver su cara desde arriba. Había cerrado los ojos y su respiración se había vuelto más lenta y profunda.

Sonreí porque me encantó que se quedara dormida encima de mí. Yo también cerré los ojos.