Capítulo 17
Estaba saliendo de la cocina, cuando escuché la melodía del móvil.
Salí corriendo hacia mi habitación, pero cuando llegué solo me dio tiempo a ver que era una llamada de mi madre. Esta se colgó, por lo que se la devolví sentándome en el borde de la cama.
—Mamá, no he llegado a tiempo. Estaba en la cocina y tenía el teléfono en la habitación.
—Tranquila, cariño. Te llamo para saber cómo te está yendo el viernes de descanso. Ayer jueves sabía que no, pero hoy viernes pensaba que pasarías a vernos.
Desde que Clara se cortó la mano y Tania y yo estuvimos con ella en el bar del hospital, después de que la atendieran en urgencias, había pasado una semana completa de trabajo, más los tres primeros días del comienzo de esta semana.
Mis días habían sido más intensos de lo normal, ya que durante varios tuve que doblar turno. Arrastraba mucho cansancio.
Con el jueves de fiesta y lo que llevaba del viernes, todavía no me había dado tiempo a recuperarme. Notaba el cuerpo pesado, como si me fuera a cámara lenta y no pudiera hacer otra cosa.
—Lo siento, mamá. Lo he pensado, pero al final no me ha apetecido moverme.
—No pasa nada, cariño. Es solo que me ha extrañado.
—¿Qué te parece si voy mañana a comer?
—Oh, genial. O a cenar. Lo que más te apetezca para que descanses lo máximo posible durante el día. Porque imagino que esta noche saldrás un ratito con Tania y Clara, ¿no?
Mi madre conocía a Clara. Cuando le hablé de ella, de la amistad que habíamos iniciado Tania y yo con Clara, mi madre se presentó encantada en su salón de uñas y salió de allí con una invitación aceptada por Clara.
Le pidió que fuera con Tania y conmigo a comer a su casa.
Se llevaban muy bien, al igual que sucedía con mi padre.
—Sí —le confirmé—. Necesito despejarme un poco. Desde que llegué el miércoles del hospital no he salido de casa, aunque he hablado con las chicas.
—Claro que sí, cariño. Disfruta, que lo tienes más que merecido y necesitas tener vida más allá del trabajo, hija. ¿Cómo tiene la mano Clara?
—Esta noche vamos a estar en plan tranquilo. Vamos a cenar al japonés de la plaza y después a tomarnos unas copas en alguna terraza en la que podamos sentarnos tranquilamente. No quiero recogerme muy tarde.
—Suena muy bien —dijo.
Sonreí.
—Te noto sin fuerzas, hija.
—No es nada. Solo estoy adormecida, por eso necesito salir del piso —reí.
En cuanto me tranquilicé, cambié de tema para desviar la conversación. Mi madre se preocupaba por todo y en exceso. No se acostumbraba a mis horarios ni a verme cansada, según el ritmo de trabajo.
—Clara está terminando de recuperarse —le contesté a su última pregunta—.
Le han quitado algunos puntos, pero todavía le quedan porque los tenía muy frescos.
Así que necesita más tiempo. Para la mitad de la semana que viene estoy segura de que los tendrá todos fuera y recuperará la movilidad bien.
Aunque tendrá que ir con cuidado con la zona más delicada.
—Menudo corte se hizo —suspiró.
—Sí. ¿Ves por qué te digo que la cocina es como el infierno?
Reímos.
—¿Eso es una indirecta para que te prepare varias fiambreras con comida?
—No me digas eso que me pongo a llorar solo de imaginármelo.
Volvimos a reírnos.
—No te preocupes, mamá. Con traerme lo que sobre mañana de comida, si haces de más, tengo más que suficiente.
Por suerte, existen las ensaladas frías.
Son mi salvación —le dije con diversión—.
Prefiero ir a comer. Para cenar prefiero estar en casa y estoy pensando en decirles a las chicas que vengan a cenar a mi piso y que se queden a dormir.
—Podrás llevarte varios recipientes. —Me aseguró y sonreí—. Pues perfecto, te esperamos para comer. Ese plan para mañana por la noche también está genial, así os lo pasáis bien, pero no os cansáis.
—Sí. Esa es la intención. Voy a dejarte, mamá. Quiero ducharme y arreglarme tranquila.
—Vale, cariño. Diviértete esta noche. Te quiero mucho.
—Y yo a ti.
Le lancé un beso y la hice reír.
Cuando colgué, dejé el móvil en la mesita de noche, de nuevo, ya que todavía no estaba cargado.
Me levanté de la cama para ir al armario. De él saqué una minifalda vaquera y una camiseta con escote de pico que se agarraba al cuello.
Coloqué la ropa en la cama, con la braga y el sujetador, y también las sandalias planas que iba a ponerme.
Como le había dicho a mi madre, esta noche quería que fuera tranquila y qué mejor que ir comodísima.
Me quité la ropa que llevaba y fui al baño, donde me di una ducha rápida, lavándome el pelo también.
Iba bien de tiempo, hasta que mis amigas picaran al timbre para avisarme de que habían llegado. Tanto Tania como Clara debían venir hasta aquí porque la plaza donde estaba situado el restaurante japonés se encontraba muy cerca de mi dirección.
Al salir de la ducha, me envolví el pelo con una toalla y me sequé el cuerpo, antes de ir a la habitación.
Me puse la ropa interior y fui hasta la mesita de noche para comprobar el móvil. No tenía nada nuevo y, como la batería estaba cargada, lo desenchufé y lo dejé en la cama, cerca de la ropa que iba a ponerme.
Volví al baño para cepillarme el pelo, una vez me quité bien el exceso de agua. Después me di una pasada rápida con el secador y di el trabajo por finalizado.
Volví junto a la cama y continué vistiéndome, con la minifalda vaquera y la camiseta. Lo último fue calzarme las sandalias y ponerme frente al espejo de cuerpo entero.
Sonreí al verme, porque me gustó la imagen que me devolvía.
Cogí del armario un bolso pequeño y en él metí el monedero con todo lo necesario y un paquete de pañuelos. Lo dejé en la cama, con el móvil encima, y finalicé la preparación maquillándome un poco y perfumándome.
Salí de la habitación con el bolso colgado al hombro y escribiéndoles un mensaje a las chicas. Teníamos un grupo para estar comunicadas.
Gloria: Hola, preciosas. ¿Cómo lo lleváis? Yo acabo de terminar.
No pasó ni un minuto y apareció la primera, justo cuando entré en la cocina y fui directa al armario donde estaban los vasos.
Tania: Hola, cariño. Yo voy de camino. Calculo que llegaré en menos de cinco minutos.
Me llené el vaso de agua y me lo bebí en varios sorbos.
Gloria: Perfecto. Pues bajo ya, que me apetece que me dé el aire.
Tania: Mueve ese culito, preciosa, que como llegue a tu portal y tú no estés, invitas a la primera ronda. Ja, ja, ja…
Salí del piso, sonriendo, y me guardé un momento el móvil en el bolsillo de la minifalda, para poder cerrar bien con llave la puerta.
Caminando hacia el ascensor, volví a la conversación.
Gloria: Te advierto que esta noche no voy a beber mucho. Ni tú tampoco, que te veo venir. Necesito tomármelo con calma. Todavía estoy muy cansada, por lo que volveré al piso muy tarde.
Tania: Si te encuentras muy cansada podemos quedarnos en tu piso y pedir la cena.
Sonreí, mientras bajaba a la planta principal.
Gloria: Tranquila. Me apetece salir, pero en plan tranquilo.
Tania: ¡Vale! Joder. ¡Lo sabía! Ja, ja, ja… Acabas de salir a la calle, te estoy viendo. ¿A que has corrido para llegar la primera? Ja, ja, ja…
Gloria: Pues no, listilla. Ja, ja, ja… He empezado la conversación diciendo que ya estaba preparada.
Clara: Chicasss… ¡Perdonad! Joder, voy con un poco de retraso. Ay, qué agobio.
Tania llegó frente a mí y nos dimos un abrazo y un beso en la mejilla. Después le respondimos a Clara.
Tania: ¡Eh! No te agobies. No tenemos ninguna prisa.
Gloria: Exacto. No corras y cuidado con la mano que, si te das un mal golpe, los puntos que te quedan todavía los tienes blandos y doloridos. Ya estoy con Tania. Ven sin prisa, pero directamente al restaurante. Te esperamos en una mesa de la terraza.
Clara: Vale, chicas. Gracias. Hasta ahora.
Gloria: Nos vemos en nada.
Tania: Hasta ahora, a ti y a tu manita.
Nos guardamos los móviles y comenzamos a caminar por la acera, yendo hacia la plaza donde estaba el restaurante.
—A ver si la próxima vez que la vean en el hospital la liberan de todos los puntos —comentó Tania—. ¿Cómo se los viste el otro día?
—Demasiados frescos y dos de ellos no me gustaron nada. Por eso le di antibiótico —le contesté.
—Joder, pobre. Se le va a hacer muy largo.
—Esas cosas pasan.
Me encogí de hombros.
—Ahora lo importante es que no se le infecte la herida.
El martes, un día antes de que yo terminara de trabajar esta semana, y un día después de que le quitaran parte de los puntos, le pedí a Clara que volviera al hospital para que yo viera los puntos y cómo los tenía.
—¿Los tiene bastante tiempo al aire? —me preguntó Tania.
—Sí. Solo se protege la herida cuando sale a la calle y, sobre todo, cuando va al salón.
Solo conseguimos que Clara estuviera apartada del salón de uñas unos pocos días completos. El primero, porque fue el accidente que tuvo, y los siguientes, porque tuvo dolores fuertes y no estuvo para moverse mucho.
Lógicamente, no trabajaba, pero daba apoyo a Tamara, Carmen y Luisa en todo lo que podía y atendía a las clientas que llegaban y a las llamadas.
Como bien anticipó, perdió varias citas de clientas, pero igualmente, las chicas no habían parado de trabajar y la agenda siempre se mantenía llena en las dos o tres semanas siguientes al día que nos encontrábamos. Era un no parar.