CUENTOS CASI VERÍDICOS ENIGMA
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ENIGMA

Diana y Joaquín estaban por cumplir sus bodas de Plata. Veinticinco años juntos…tres hijos…un perro. Una familia tradicional con un buen pasar económico.

Para festejar su aniversario, Joaquín decidió darle una sorpresa a su mujer.

Ese sábado, la llevó a cenar a un lindo restaurante, a los postres pidió dos copas de espumante. Sacó un sobre del bolsillo del traje y dijo:

— “Este es mi regalo de Aniversario! Espero que te guste!”

Diana abrió rápidamente el sobre. Saltó de la silla para abrazarlo… y con un beso susurró:

—”AY!!! Gracias mi amor! Me encanta!. El viaje que siempre soñamos!”!!!

Eran dos pasajes en el crucero “Rapsodia del Mar” desde Buenos Aires hasta Venecia. La salida era en veinte días.

Siempre fantaseaban con hacerlo, y por diferentes motivos familiares o de trabajo lo fueron postergando.

—”Ya arreglé todo con mamá. Se queda en casa cuidando todo!”— dijo Joaquín muy entusiasmado.

Diana estaba felíz! Era el viaje ansiado por ambos!

Y así llegó el día.

Embarcaron a mediodía en el puerto de Cruceros de Buenos Aires.

Tenían un camarote estupendo con balcón al mar en el piso octavo.

Veintiún días de navegación parando en once puertos!

El transatlántico era tremendo, una mole en el mar… Capacidad para 2800 pasajeros, 9 pisos…una ciudad flotante! Tres piscinas, seis restaurantes, un teatro enorme, casino, varios bares temáticos, cafeterías, cine, gimnasio, spa, boutiques, orquestas en vivo… Absolutamente todo para pasarla bien!

Para la cena, les habían designado una mesa en el comedor principal compartida con dos parejas muy simpáticas.

La primera parada fue Montevideo y a pesar de que ya conocían la ciudad, dieron un paseo por sus calles.

Luego fue Ilhabela con sus hermosas playas…y Rio de Janeiro. Recorrieron el Corcovado, el Pan de Azúcar y las playas de Ipanema.

La vida en el barco era espectacular: fiestas, bailes, comidas deliciosas.

Las noches en alta mar eran más bellas, cálidas y llenas de estrellas. El olor a mar se sentía maravilloso…los amaneceres y atardeceres en cubierta era de ensueño!

Bajaron en Bahía de San Salvador…Recife… y de ahí, a cruzar el Atlántico. Cinco días de navegación directo a Islas Canarias. Seguirían recorriendo puertos y diferentes ciudades hasta llegar a Venecia. Cinco días en Italia y el regreso en avión.

Los días de navegación eran entretenidos. Juegos en cubierta, piscina, jacuzzi, cenas de gala, para distracción de los pasajeros.

La primera noche sin tocar puerto, hubo Fiesta de Máscaras. Facilitaban los materiales al pasaje, para que se las hicieran ellos mismos, Otra opción era comprar en la boutique unas hermosas máscaras venecianas. Todo muy divertido.

Al día siguiente, cruzaban el Ecuador. Era la Fiesta del Rey del Mar.

Estaba todo dispuesto en cubierta para después de la cena.

La gente vestida de gala, la tripulación toda de blanco, los cocineros desplegaron exquisiteces a la medianoche y moldeaban estatuillas de hielo.

Había un despliegue de fuegos artificiales, serpentinas, globos y papel picado…

Mientras la orquesta en vivo tocaba música alegre. Todo hermoso!

Pero esa mañana amaneció gris y sombría. Se avecinaba una gran tormenta. El viento soplaba fuerte como un animal embravecido y las olas alcanzaron un tamaño enorme que asustaban! Llovía copiosa e incesantemente.

Inhabilitaron todas las salidas a cubierta para evitar accidentes. El “Rapsodia del Mar” se movía bastante a pesar de su tamaño. Las olas azotaban las ventanas y ojos de buey como latigazos!

El grupo de animadores tenía la difícil tarea de distraer al pasaje en esas condiciones, aunque se veía poca gente en los salones por el movimiento de la embarcación.

Eran las 7:00 p.m. Diana estaba un poco mareada y asustada. Se sentía mal del estómago. Decidió ir al camarote, a tomar unas gotas y recostarse un rato hasta la hora de la cena.

Joaquín le dijo: — “ Yo voy a tomar un café a alguno de los bares y a charlar un rato. Te espero a las 9.00 en la barra del Gran Salón! Descansá y quédate tranquila que nada malo va a pasar!”

A las 9.00 Diana ya estaba más repuesta. Se dirigió al lugar pactado para el encuentro con su marido, pero no lo encontró.

Una orquesta tocaba música brasilera y una joven cantando… Esperó un rato y comenzó a buscarlo.

Recorrió casi el barco completo, inclusive volvió al camarote…pero no había nadie. Estaba todo intacto como lo había dejado ella. Le preguntó al camarero por su marido…pero no sabía nada.

Fue para el salón comedor… estaban las dos parejas compañeras de cena y no habían visto a Joaquín.

Entonces Diana decidió ir al desk de atención a pasajeros y, nerviosa y con la voz quebrada, reportó lo sucedido.

Emitieron varias llamadas por alto parlante con su nombre…pero nadie apareció.

Al día siguiente la recibió el Capitán. Dió aviso a una patrulla marítima y helicópteros que buscaron en el mar… No había indicios de Joaquín.

Diana estaba desesperada, ahogada en llanto, sumida en la desesperación .

¿Estaría escondido? ¿Se habría caído al mar? ¿Dónde estaría? No puede ser…esto no puede estar pasando!!!

…

Por fin llegaron a Tenerife. No se reportó ningún pasajero bajando con ese nombre.

Subió la policía costera para hablar con ella. Nada se sabía del paradero de Joaquín.

Diana dió aviso de lo sucedido a su familia en Buenos Aires.

Pusieron muchas fotos de él en cada puerto que el buque paraba…pero todo fue en vano.

Decidió continuar, infructuosamente la travesía hasta Venecia con la esperanza de que Joaquín apareciera.

No podía creer lo que estaba viviendo…ese viaje se había transformado en la peor pesadilla!

Una vez en tierra, gente de la compañía, policías y un psicólogo acompañaron a Diana a prestar declaración y luego al aeropuerto para regresar a su hogar…sola…desesperada…deprimida… devastada…!

Pasaron cinco años de búsqueda incesante.

A Joaquín lo dieron por desaparecido. Ya nada volvió a ser igual para esa familia.

Un día, un conocido aseguró haber visto a un hombre idéntico a Joaquín paseando tranquilamente por las calles de Marrakech con una muchacha del brazo.

Tenía la misma cicatriz en la mandíbula que Joaquín, producto de una caída de un caballo cuando tenía 18 años.

El conocido corrió llamándolo para buscarlo en la medina… pero el hombre desapareció entre la gente y nada se supo de él.

La policía investigó.

El hijo mayor de la pareja viajó a Marruecos pero nada se pudo comprobar… hasta el día de hoy nada se sabe de Joaquín.

El misterio aún continua.