CAPÍTULO 51
Erin
Las puertas del Club Urano están medio abiertas, aunque todavía es temprano para que haya clientes.
Entro al local y miro a mi alrededor para ver si la veo.
Sin la música alta y con las luces de colores apagadas, el club no parece el mismo.
De todas formas, ¿cómo va a serlo? Él ya no está. O eso me está haciendo creer Anya.
Atravieso la pista de baile hacia las escaleras que suben al despacho de Ethan y algo se encoge en mi estómago al recordar la última vez que estuve aquí.
Entro a la estancia sin llamar, una parte de mí espera encontrárselo aquí dentro con Anya, pero me llevo una decepción al ver que la chica está sola. Se gira al escucharme entrar.
—Barbie, qué sorpresa —me dice en tono duro—, por fin has salido de tu castillo.
—¿Dónde está? ¿Dónde lo tienes? —Soy directa, no tengo tiempo para cortesías—. Sé que no ha muerto.
Anya suspira y deja los papeles que estaba metiendo en cajas encima de la mesa. Se acerca a mí y veo que tiene unas profundas ojeras que la luz tenue del despacho no me había dejado apreciar hasta ahora.
—¿No crees que si el Ruso estuviese vivo yo lo sabría?
Llevo una puta semana lidiando con la policía y recogiendo todas sus mierdas.
No eres la única que lo ha perdido. —Su máscara de dura se rompe al decir esto último, pero sacude la cabeza para no llorar—.
Le dije desde el principio que su obsesión por ti iba a arruinarle la vida y, mira por dónde, tenía razón.
Ya nos has jodido suficiente, lo mejor que puedes hacer es largarte de aquí.
—Yo no quería que le pasase nada —susurro y empiezo a llorar de nuevo—. Anya, yo… yo estaba enamorada de él. Estoy enamorada. Por favor, dime dónde está.
—Joder… —Me hace un gesto y nos sentamos en el sofá—.
Está muerto. ¡Muerto! Nadie te está ocultando nada, no es una trampa.
Se ha muerto. El coche en el que iba cayó por un barranco y estalló.
Quizá si no hubiésemos metido los explosivos para engañar a Hatman… Pero ya da igual. Tienes que superarlo.
Escondo la cara entre las manos y lloro. Por lo que fuimos y por lo que nunca podremos ser.
—No quiero superarlo, me quiero morir.
—Eso piensas ahora, Erin. —Es la primera vez que me llama así—. Yo también pasé por algo parecido hace diez años: me enamoré, pensaba que no iba a poder vivir sin él y mira, aquí estoy. Hasta he estado con otros hombres.
—¿Con Ethan? —susurro.
—Por ejemplo —responde y sonríe con la mirada perdida en algún recuerdo—. Las personas a las que hemos perdido siempre vivirán en nosotras y no vas a poder olvidarlo nunca; pero tampoco puedes dejarte morir. Ethan odiaba a los cobardes.
—Yo no soy cobarde. —Me quedo en silencio un momento—. ¿Cómo lo superaste?
—Mi caso es un poco distinto, él no está muerto. O no lo estaba cuando tuve que irme.
—¿Entonces? ¿Por qué no vuelves con él?
—Es complicado y ha pasado mucho tiempo ya. No soy la misma chica que hace diez años. —Parece que se ha dado cuenta de que está contándome más de lo que debería porque se pone de pie—. ¿Vas a volver a la gran ciudad a seguir con tu vida de abogada de éxito?
—De momento me voy un par de semanas a casa de mis padres y luego ya veré, quizá me quede por aquí.
Por si Ethan vuelve . Eso último no lo digo en voz alta.
—Pues ya nos veremos.
Anya me da la espalda, gesto que considero una invitación para irme.
En la zona del bar me encuentro con Bob, que está hablando con algunos camareros. No tiene mucho mejor aspecto que Anya.
—Erin —me dice y se acerca a mí—. Quizá quieras saber que Hatman ya se ha marchado y que no ha encontrado nada que pueda usar en tu contra.
—Lo único que quería ese hombre era vengar la muerte de su hijo, el resto le daba igual. ¿O es que ha tomado medidas por las muertes de Fred, Leonardo y aquellos dos traficantes?
—No. —Bob sacude la cabeza—. En cuanto ha visto que Ethan ha muerto, ha cerrado el caso y se ha largado.
—Siento tu pérdida —le digo y le doy un breve abrazo que también me hace llorar—. Voy a irme unos días para ver si bueno… si recupero las ganas de vivir.
—Lo superarás. Eres una tía fuerte, por algo tenías loco al jefe.
Esbozo una pequeña sonrisa a la que él corresponde y salgo del club con la idea de no volver por ahí nunca más. He cerrado una etapa y tengo que seguir adelante.