CAPÍTULO 50
Erin
—Nos parece una idea estupenda que vayas donde tus padres, te vendrá bien cambiar de aires.
—Caroline me está ayudando a hacer las maletas y no acabo de entender por qué ahora habla siempre en plural: «nos parece bien», «creemos que», «hemos pensado» …
—. Voy a meterte un bikini también, por si vas al balneario.
—¿Qué balneario, por Dios? —Ha pasado casi una semana desde lo de Ethan y ya consigo pasar algo más de dos horas sin llorar—. No pienso salir de casa de mis padres.
—No puedes seguir encerrada, Erin. Pronto es Navidad. ¿Vas a volver para entonces?
—Sí, claro. Me quedaré allí solo un par de semanas.
No le digo por dónde me pasa que pronto sea Navidad, la pobre se está volcando en mi recuperación y no quiero ser borde.
—¿Entonces pasas las navidades con Jackson y conmigo? —Su rostro se ilumina—. Mis padres se van de crucero y los de él suelen irse a una casa rural, vamos a estar solos.
—Todavía falta… —le digo, pero me corrijo al ver que me hace un puchero—. Bueno, venga, pero quiero que haya mucho alcohol.
—¡Eso está hecho! —Me abraza con fuerza y yo intento no volver a llorar—. Poco a poco vuelves a ser tú.
Sonrío para que no vea que estoy muerta por dentro. Hace cuatro meses no conocía de nada a Ethan y ahora me niego a seguir viviendo sin él. ¿No es un disparate?
—La maleta casi está terminada —le digo—. Te doy la tarde libre para que vayas a hacer lo que te apetezca con Jackson.
—Ya sabes que no me importa estar aquí contigo.
—Lo sé, pero llevas aquí instalada casi una semana. Lárgate, por Dios.
—No te atrevas a echarme —bromea.
Le lanzo un cojín y nos empezamos a reír juntas. Paro de golpe; me parece injusto estar aquí riéndome mientras él… Caroline interpreta mi gesto y se sienta junto a mí en el suelo de mi habitación.
—No está mal que te rías. Tienes que intentar…
—Me sé toda la teoría, Caroline —la interrumpo—. Pero ¿cómo te sentirías tú si Jackson muere por salvarte? ¿Si supieras que no ibas a verlo nunca más?
Caroline traga saliva y los ojos se le llenan de lágrimas. Perfecto, ahora la he hecho llorar.
—Tienes razón, lo siento. —Me da un abrazo y se levanta para irse—. Me voy a ir a casa un rato; si necesitas algo, avísame.
—Tranquila, no pienso salir de aquí —miento.
Tengo que cerrar del todo esta historia si quiero seguir adelante.