Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 49
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CAPÍTULO 49

Erin

El día del funeral de Ethan amanece lluvioso. Caroline me observa preocupada mientras me desplazo por la casa como un fantasma.

—Erin, no pasa nada si no quieres ir. Todos van a entenderlo.

—Tengo que ir y cerrar este episodio. Hasta que vea que entierran lo…

—la voz me sale entrecortada— lo que queda de él no voy a poder empezar a asumir que no va a volver.

Cada ruido que escucho me hace pensar que es él, que en cualquier momento se va a colar en mi casa para decirme que todo ha sido una trampa para engañar a Hatman.

—Lo vas a superar, Erin, eres una mujer fuerte y valiente. Has superado peores cosas, acuérdate cuando en la tintorería te encogieron aquel vestido de Valentino —añade en tono de broma.

—Ni me lo recuerdes, fue uno de los peores días de mi vida —respondo intentando parecer fuerte delante de ella.

Jackson nos está esperando con su coche justo debajo de mi casa para llevarnos al cementerio.

No tardamos más de diez minutos en llegar y, cuando bajo del coche y cruzo la puerta del camposanto, veo que el lugar está a rebosar.

Hay muchas caras desconocidas, pero también veo gente del pueblo: Joe, Dorothy, Anne, Abigail…

Atravieso el camino hasta llegar ante el ataúd colocado junto al nuevo párroco del pueblo.

Evito mirar a la gente, no podría soportar sus caras de compasión.

Alzo un poco la vista y veo a Anya junto a Bob; ella evita mirarme.

¿Por qué? ¿Sabe dónde está Ethan? ¿Todo esto es un teatro?

La miro analizando sus gestos, pero una lágrima solitaria que ella se ocupa de borrar de un manotazo desciende por su mejilla. Suspiro y comienzo a llorar otra vez.

—Estamos aquí reunidos para despedir a un vecino, a un amigo —comienza el cura—.

Ethan Davenport siempre vivió como quiso, al límite, y así falleció también.

Era un hombre generoso que no dudaba nunca en ayudar a sus vecinos y a la propia iglesia.

Era generoso, cariñoso y amable. Ha muerto demasiado joven dejando a una desconsolada novia que…

Un carraspeo y una carcajada llena de ira interrumpe el discurso del cura. Todos nos giramos para ver quién ha sido.

—¿Amable? ¿Cariñoso? —Hatman se acerca por el camino embarrado, empujando a los asistentes para abrirse paso—.

¡Estamos hablando de un criminal que no ha dudado en matar a innumerables personas durante su trayectoria!

He permitido este circo para no tener problemas con este pueblo de desequilibrados, pero esto ya es demasiado.

O se dispersan ya o hago entrar a la policía para que los detengan a todos.

—¡No se atreverá! —Se encara a él Dorothy. Caroline me sostiene con más fuerza del brazo, creo que me voy a marear—. Ese muchacho ha sido como un hijo para mí y siempre ha hecho todo lo posible por ayudar a este pueblo, manteniendo a la chusma lejos.

—¡La chusma era él! ¡Él y su gente! —Hatman está totalmente fuera de sí—. ¡Estáis todos locos!

Anya da un paso al frente, pero Bob la detiene.

—Hatman, no eres bienvenido aquí —interviene Jackson en tono duro—. Voy a pedirte por las buenas que te marches. Ya has terminado tu labor y has comprobado que, efectivamente, el Ruso descansa bajo tierra. Coge tus cosas y lárgate del pueblo.

—¡Señor alcalde! —Hatman se dirige a Thomas, que también esta destrozado—. Esto es intolerable.

—Lamento decirle, inspector, que estoy de acuerdo con Miller. Debe marcharse de aquí.

El rostro de Hatman se desencaja y sus hombros se hunden al ver que tiene a todo el pueblo en contra. Da un paso atrás, pero nos apunta a todos con un dedo antes de darse la vuelta para irse.

—¡Algún día me agradecerán el haberles librado de ese bastardo!

Un rayo ilumina el cementerio y todos nos sobresaltamos. Cuando Hatman por fin se ha ido, el cura intenta retomar el discurso, pero no lo consigue y empieza a balbucear, así que hace un gesto a los enterradores para que den sepultura a los restos.

Esto es demasiado para mí, me suelto de los brazos de Caroline y me dispongo a marcharme de allí. Quiero volver a mi casa y no ver a nadie más. Mi amiga me dijo que fuera a pasar una temporada a casa de mis padres, igual me lo planteo.

—Erin. —Parece que Dorothy ha venido siguiéndome—. Espera.

—No quiero hablar con nadie —le digo—. Deja que me vaya a mi casa.

—Yo también estoy destrozada —me confiesa—. Ayer preparé su comida favorita y estuve a punto de llamarle para que viniera a comer conmigo. Él te quería mucho. Tienes que seguir viviendo por él.

—También te quería mucho a ti, Dorothy —le digo intentando contener las lágrimas—. Eras como una madre para él.

Me giro y dejo a la anciana llorando en la entrada del cementerio. Parece que Caroline ha entendido que quiero estar sola, porque no me sigue cuando salgo del recinto. Voy a mi casa dando un paseo y llego empapada. Allí tomo una decisión y llamo a mi madre.

—Erin, por fin llamas —me dice al descolgar. Su voz suena desesperada—. Llevo días sabiendo de ti a través de Caroline. Ven a casa unos días hasta que te recuperes, mando a tu padre a recogerte para que no tengas que conducir.

—No te preocupes, cogeré un taxi —intento no llorar para no preocuparla más aún—. Tengo que… tengo que organizar un par de cosas en el trabajo y después…

—Déjate de trabajo y de organizar nada —me ordena—. Necesitas descansar. Te doy dos días y mando a tu padre.

Al final acepto. Es inútil discutir con ella.