Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 46
84%

CAPÍTULO 46

Erin

Unos fuertes golpes en la puerta del motel me despiertan. Instintivamente, estiro el brazo para comprobar si Ethan sigue a mi lado, pero la cama está fría. Se ha ido. Se ha ido sin despedirse.

Me levanto de la cama y busco por el suelo el jersey que me quité ayer antes de que llegase Ethan; las tijeras siguen tiradas por el suelo y la habitación es un caos con mi ropa esparcida por todas partes.

Como el jersey me llega hasta la mitad de los muslos, no me molesto en buscar unos pantalones y abro la puerta.

Caroline entra en la habitación y se desploma contra mí, llorando a moco tendido.

Tras ella entra Jackson y le lanzo una mirada interrogante.

¿Qué coño está pasando? Cuando me fijo mejor, veo que tiene un aspecto horrible y que evita a toda costa mirarme a los ojos.

Cierra la puerta con suavidad, aparta a Caroline de mí y me hace un gesto para que me siente.

—¿Qué está pasando? ¿Qué hacéis aquí? —Mi voz está teñida de pánico, sospecho que algo muy malo acaba de pasar—. ¿Cómo me habéis encontrado?

Mi amiga ni siquiera es capaz de hablar, se tapa la cara con las dos manos mientras llora desconsoladamente. Se ha sentado en la silla de madera de la habitación y murmura algo que no llego a entender.

—Erin, por favor, siéntate —me pide Jackson con voz suave, pero firme. Decido obedecerle y me siento en la cama—. El Ruso y yo teníamos un plan… Hatman estaba pisándoos los talones y pensamos que era lo mejor.

—¿Qué plan? ¿De qué hablas, Jackson? Ethan ha pasado la noche aquí conmigo y no me dijo nada.

—Es que no tenías que saberlo hasta que todo se hubiese solucionado.

—Su voz se entrecorta y se pasa la mano por el pelo—.

Íbamos a hacerle una encerrona a Hatman.

Gates le daría el chivatazo de que el Ruso estaba en la nave de las afueras del pueblo recogiendo algunas cosas para marcharse; sabíamos que Hatman iría allí como loco.

El plan era que escapase por el camino de detrás de la nave y, en una de las curvas, fingiese haber perdido el control del coche y este cayese por el desfiladero.

Lo teníamos todo preparado, Erin: los explosivos para reventar el coche, la piedra para fijar el acelerador…

Él solo tenía que saltar a tiempo y fingir su muerte.

La sensación que me invadió ayer cuando estaba a punto de dormirme cobra sentido ahora. Estaba despidiéndose por si el plan salía mal.

—Está loco —murmuro al ser consciente de que lo ha dejado todo por mí—. ¿Dónde ha ido? ¿Y Hatman? ¿Se ha creído su muerte? Llevadme con él.

Empiezo a recoger todas mis cosas de la habitación, pero me detengo al ver que ninguno de mis amigos se mueve y de que Caroline todavía llora más fuerte, si es que eso es posible. Jackson se acerca a mí con pasos cautelosos y me sostiene por los hombros.

—Ha salido mal, Erin. Lo siento muchísimo —se rompe al decir esto último—. Hatman estaba completamente ido y ha cogido un atajo. Ha embestido su coche y lo ha sacado de la carretera. A causa del impacto, Ethan no ha podido abrir las puertas para salir y… los explosivos…

—¡Es mentira! —le grito. No puede ser, no puede haberme hecho esto, no puede dejarme sola ahora—. ¡Me estáis mintiendo otra vez! ¿Dónde está?

—El plan era mentirte y hacerte creer que había muerto, pero la realidad es que todo ha salido mal, Erin. Yo era quien tenía que recogerlo y ponerlo a salvo. He visto cómo explotaba su coche. Ha muerto.

—No… es mentira. Caroline, dime que miente.

Retrocedo tambaleándome hasta que mi espalda choca contra la pared.

Caroline sigue llorando sin parar, aunque se ha puesto en pie y la veo acercarse a mí.

No puede ser verdad, esto no me puede estar pasando a mí.

Hace unas horas estábamos juntos y ahora…

ahora ya no está. Nunca más va a estar. El mundo se me cae encima.

Empiezo a hiperventilar y me deslizo por la pared hasta caer de rodillas al suelo.

—Erin, cariño. —Caroline se agacha frente a mí y me abraza—. Superaremos esto.

—¡Yo no quiero superar nada! —grito—. Quiero que me llevéis con él. Quiero hablar con Anya, seguro que lo ha escondido ella.

Vuelvo a ponerme en pie con una determinación que me asusta y busco las llaves de mi coche.

—Erin, no creo que puedas conducir en este estado —me dice Caroline.

—Voy a hablar con Anya —les informo mientras me seco las lágrimas—. Es imposible que Ethan haya muerto así. Ella es su mano derecha, seguro que está con él.

—No es buena idea que vayas ahora al club. Gates me ha dicho que está rodeado de policías, seguro que se llevan a Bob y Anya a declarar. No puedes aparecer por ahí, no es seguro. Vamos a casa, ya tendrás tiempo de hablar con ella.

—Me importa una mierda que no pueda aparecer por allí y me importa una puta mierda que no sea seguro. Voy a encontrar a Anya y ella me va a decir dónde tiene a Ethan o te juro que quemo el club con todos dentro.

Me pongo las mallas y las zapatillas, cojo mis cosas y abro de un tirón la puerta del motel.

—¡Haz algo, Jackson! —escucho decir a mi amiga.

El policía suelta un grito frustrado y sale tras de mí al aparcamiento. Se coloca entre mi coche y yo, impidiendo que abra la puerta.

—Piensa con la puta cabeza, Erin, joder. —Su voz es autoritaria—. El Ruso ha dado su vida por mantenerte a salvo, creo que se merece algo más que tu terquedad.

Joder, qué terca eres, rubia . Sus palabras resuenan en mi cabeza y ahora sí que me derrumbo. Ethan no está. Se ha muerto. Se ha muerto para siempre.

Los suaves brazos de Caroline vuelven a rodearme y yo me dejo caer contra ella.

—Vámonos a casa, cielo. Ya vendrá alguien a recoger tu coche.

Asiento y me dejo guiar al coche de Jackson, que está aparcado algunos metros más allá del mío. No recuerdo nada del camino de regreso a mi casa, el vacío que se va apoderando de mí lo ocupa todo.