Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 47
86%

CAPÍTULO 47

Erin

Jackson nos ha dejado en mi casa y se ha ido a comisaría, no hemos parado de cruzarnos con coches de policía y de bomberos.

—Parece que es verdad —consigo decir mientras Caroline me mete en casa—. Se ha ido. Estoy sola.

—No estás sola, cariño —trata de consolarme ella.

No puedo parar de llorar y me tomo la tila que me ofrece mi amiga entre hipidos. Nunca me he sentido así, quiero morirme yo también. No puedo vivir en un mundo en el que él no esté.

Caroline me ayuda a quitarme la ropa y a ponerme el pijama.

Me tumba en la cama y me acaricia el pelo hasta que paro de llorar de puro agotamiento y me quedo dormida.

Sueño con Ethan, con sus ojos, sus manos; está esperándome en el claro del bosque en el que nos conocimos.

Camino hacia él y, cuando casi lo he alcanzado, una llamarada me lo arrebata de nuevo.

Grito y me lanzo al fuego, quiero irme con él.

Un sonido agudo y repetitivo me devuelve a la realidad. Están llamando al timbre de casa. Me incorporo para ir a abrir, pero Caroline me hace un gesto y se levanta ella.

—Tranquila, voy yo. Descansa, seguro que es Jackson.

Vuelvo a tumbarme, feliz de no tener que interactuar con nadie, pero, un grito de Caroline y el sonido una voz conocida, hacen que me ponga en pie y me dirija al salón.

Mi amiga está plantada en mitad de la entrada, con los brazos en jarras, bloqueándole el paso a Hatman, que parece empeñado en entrar en mi casa. El inspector tiene uno de los brazos en cabestrillo y me busca con la mirada. También tiene varias heridas en la cara y le han puesto un collarín.

—Tiene bastante mal aspecto —comenta con tono burlón—, supongo que ya se ha enterado de lo de la montaña.

—¿Quién se cree que es para venir aquí? —grita Caroline—. ¡Esta mujer está destrozada! Haga el favor de marcharse si no quiere que llame a…

—¿A quién va a llamar? —Se carcajea él—. El protector del pueblo ha muerto, ahora no tienen dónde esconderse.

Siento la bilis subir por mi garganta y tengo que apoyarme en la pared para no caer al suelo.

—Supongo que ya se ha quedado satisfecho. —Mi voz sale más dura de lo que pensaba—. Ethan está muerto, ya tiene la venganza que tanto quería. Ahora, por favor, váyase y déjeme en paz.

El semblante de Hatman se tensa y, cojeando, da un paso hacia mí, obligando a Caroline a apartarse.

—He podido bajar al lugar del accidente —me informa en voz baja—.

El coche de tu novio está totalmente calcinado.

La explosión ha creado un efecto horno en el vehículo y todo se ha reducido a cenizas.

El forense dice que es científicamente imposible extraer ADN de ahí.

Ni siquiera tenemos restos humanos que recuperar.

La imagen de Ethan quemándose vivo dentro del coche es más de lo que puedo soportar en este momento. Me tapo la cara con las manos y suelto un sollozo desgarrador; Caroline se apresura a venir a mi lado y abrazarme.

—Váyase de aquí de una vez —suelta con dureza mi amiga.

Hatman suspira y yo lo miro con odio.

—Se acabó, abogada —sentencia el inspector—. En un par de días, cuando termine con los papeleos y de registrar ese club, me marcharé a mi casa. En un par de meses, ese malnacido será solo un mal recuerdo.

La puerta de mi casa se cierra tras Hatman y Caroline y yo nos quedamos llorando en el suelo del pasillo.