Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

Ethan

Si Anthony no me llama ya, voy a volverme loco.

Odio no poder hacer nada; el hijo de puta de Hatman tiene suerte de que no pueda ir a comisaría y pegarle un tiro.

La rabia lleva más de dos horas consumiéndome.

¿Cómo he podido ser tan idiota de dejar que nos pillen?

Cuando Miller me ha llamado para contarme lo de la detención de la rubia he querido morirme.

Una puta foto; ese malnacido nos ha hecho una foto.

Estoy a punto de liarme a puñetazos con la pared de mi despacho por ser tan gilipollas cuando el móvil empieza a vibrarme en el bolsillo.

—Anthony, dime algo de una puta vez. ¿Has podido solucionar algo?

—Todo solucionado de momento: he conseguido sacar a la señorita Peterson de comisaría y la he dejado en su casa, no se ha movido de allí.

Hatman está desquiciado, creo que se ha vuelto loco al enterarse del fallecimiento de Donald.

No sé cómo va a reaccionar a partir de ahora, pero es peligroso. No tiene nada que perder.

Expulso el humo del cigarro que me estaba fumando y siento alivio al saber que ella por lo menos está a salvo. A pesar de la ira que me invade al pensar en lo que Hatman ha podido hacerle.

—¿Ella ha hablado? —pregunto lo más calmado posible. Necesito saber a qué atenerme.

—No, pero ha estado a punto —responde Anthony—. Hatman ha jugado sucio: la ha tenido varias horas incomunicada y luego le ha contado lo de su hijo. Le ha dicho que tú lo mataste.

Se me congela la sangre y el cigarro se me cae de los labios. Maldito sea el hijo de puta. La rubia no tenía que haberse enterado así de esto. ¡Joder! Ahora no va a confiar en mí y eso es peligroso.

—Buen trabajo, Anthony —le digo manteniendo la calma—. Tómate un par de días mientras acabo con todo esto.

Doy un par de vueltas por el despacho, intentando buscar una solución.

En cuanto Erin asimile lo que Hatman le ha dicho, el mundo se le va a caer encima.

Sé perfectamente cómo va a reaccionar: va a odiarme porque va a pensar que la he utilizado y que todo lo que hay entre nosotros es una mentira. Seguro que intenta huir de mí.

No puedo seguir escondiéndome durante más tiempo; ahora que Hatman está desquiciado va a ir a por ella de forma ilegal solo para llegar hasta mí. Ha llegado la hora.

Saco el móvil prepago y llamo a Miller, que descuelga enseguida.

—La rubia lo sabe, se lo ha contado Hatman —suelto—. Hay que poner en marcha el plan de huida. Mañana por la mañana.

—¿Te has vuelto loco? —casi me grita—. Puede salir mal, no es un plan infalible. Además, Hatman está totalmente fuera de sí. No creo que sea el momento.

—Tiene que ser ahora; si esperamos más, Hatman va a destruirla. Ya le he jodido bastante la vida. Solo necesito esta noche para… para despedirme de ella.

—No me convence la idea, Ruso. Vamos a pensar otra solución. Seguro que hay alguna forma de cons…

—¿Qué hacemos con el ADN? —le corto.

Miller suspira antes de hablar; ya sabe que cuando tomo una decisión es difícil hacerme cambiar de opinión.

—Hablé con tu forense y me dijo que no hay forma de rescatar nada de un coche que arde a tanta temperatura. Tú solo preocúpate de saltar a tiempo y de que Hatman no te descubra. Estaré en el camino de abajo para recogerte.

—Bien —acepto—. Primero tengo que organizarlo todo con Bob y Anya y, después, voy a intentar solucionar lo de la rubia.

—Que no te pillen.

—¡Ah, Miller! —decir esto me va a costar horrores, pero sé que es lo mejor—. Tengo una condición innegociable: Erin no tiene que saber que sigo vivo.

—¿Estás de coña? La vas a destrozar.

—Es el precio que hay que pagar para que siga libre —le corto—. Hatman no es imbécil, va a estar observando a la rubia y va a notar que sabe que sigo vivo. Necesito que su dolor sea cien por cien real para que ese hijo de puta se marche de aquí de una maldita vez.

—Espero que esto salga bien, Ruso.

No respondo nada y cuelgo. El plan es arriesgado y la rubia va a estar sufriendo una temporada, pero es necesario. Necesario para salvarnos.