CAPÍTULO 40 #2
—¡Ah! —Suelta una carcajada amarga—. ¿Que no te lo ha contado?
Ha dejado que mintieses por él, te ha estado manipulando y no te ha contado la verdad…
Ese bastardo al que estás defendiendo y por quien lo estás arriesgando todo, mató a mi hijo.
¡Dejo morir a mi único hijo en un maldito pabellón!
—Su confesión me deja en shock y soy incapaz de articular palabra—.
Podría haberlo salvado como salvó a Miller, pero decidió dejarlo allí desangrándose como si fuera una basura.
¡Ese es el hombre para el que abres las piernas!
¡Un puto asesino de mierda que me quitó lo único que tenía!
¿Crees que pagaron por lo que hicieron? ¡Falsearon pruebas, manipularon a la policía y el maldito Miller ayuda a encubrir sus negocios turbios!
Hatman respira acelerado y el sudor desciende por sus sienes; se ha agarrado del pelo con las dos manos y parece que se lo va a arrancar.
Yo no puedo mover ni un músculo, sus palabras me han dejado helada y el mundo se derrumba a mi alrededor.
Lo peor no es que todo este asunto sea una venganza personal por parte de Hatman; lo que más me duele, lo que me destroza, es que Ethan me ha estado mintiendo todo este tiempo.
Me ha hecho creer que Hatman quería acabar con el crimen organizado, pero, la realidad es que quería acabar con él.
La traición es lo que más me duele. Me ha llevado a ver un amanecer, me ha hablado sobre su infancia y, mirándome a los ojos, me ha dicho que todo estaba en orden.
Es un puto manipulador, un puto mentiroso.
Hatman se aprovecha de mi desconcierto y hunde aún más el dedo en la herida.
—¿Tus amiguitos tampoco te han contado nada? ¿La librera y Miller? ¡Todos están compinchados para cubrir las espaldas de ese criminal! ¡Han preferido ponerte en esta situación que contarte la verdad! Es tu momento, abogada, cuéntalo todo, véngate de él.
—No… No puede ser verdad. —Me niego a creerlo, aunque comienzo a dudar—. Caroline no ha podido hacerme esto. Es mi amiga.
—¡Abre los ojos de una puta vez! —me grita—. ¿Dónde están tus amigos ahora? ¡¿Dónde?! No les importas una puta mierda.
No quiero, pero empiezo a dudar. Hatman tiene razón: me han engañado, se han aprovechado de lo que siento por Ethan. Les da igual que acabe en la cárcel.
—Si voy a hablar —comienzo—, necesito llegar a un acuerdo.
—Por fin empiezas a tomar buenas decisiones.
Los ojos de Hatman se iluminan y una sonrisa de victoria empieza a dibujarse en su rostro; sin embargo, unos gritos provenientes del pasillo le hacen mirar hacia la puerta.
—¡Me importa bien poco que estén en un interrogatorio! ¡Es ilegal retenerla ahí y se os va a caer el pelo!
Una oleada de alivio recorre mi cuerpo cuando reconozco esa voz: es Anthony, el abogado de Ethan; después de todo, parece que no me ha dejado tirada.
La puerta se abre de golpe y el abogado entra en la sala sosteniendo un maletín de cuero, dos policías locales entran tras él y miran compungidos a Hatman.
—¿Por qué le habéis dejado entrar? —brama—. ¡Fuera de aquí! La detenida estaba a punto de confesarlo todo. ¡Que alguien saque a este abogado de aquí!
Anthony ni se inmuta ante las palabras del inspector, se muestra mucho más valiente aquí que cuando está ante Ethan.
—Mida sus palabras o va a tener problemas graves —informa con voz gélida y saca unos papeles de su maletín—. El interrogatorio ha terminado. Aquí tiene el auto de liberación de mi cliente.
—¿De qué habla? ¡Tengo un testigo en una prisión de máxima seguridad que estará declarando en este momento contra el maldito Ruso! —miente.
—Su testigo ha aparecido muerto en su celda a causa de un infarto fulminante hace un rato y usted lo sabe. Déjese de tonterías y deje que la señorita Peterson salga de aquí, no tiene nada contra ella.
—¡Tengo una foto! —grita Hatman—. Su clienta besando al mafioso.
—Sabe perfectamente que una foto no es suficiente para acusar a alguien. No complique más las cosas.
A Hatman se le hincha la vena de la frente y abre la boca para decir algo, aunque sé que es consciente de que ha perdido la batalla una vez más.
—¡Esto no va a quedar así! ¡Voy a hacer cualquier cosa para acabar con su maldito jefe!
Y tú —me señala con cara de demente— acabas de firmar tu final; en cuanto pueda demostrar que estás compinchada con ese monstruo voy a ir por ti.
Acabas de perder la oportunidad de salir indemne de todo esto.
¡El asesinato de mi hijo no va a quedar aquí! ¡Vais a pagar todos!
Anthony hace un gesto a uno de los policías que han venido con él y este me suelta las esposas.
Me pongo en pie como puedo y el abogado, al ver que voy a desplomarme, me sujeta de los hombros para sacarme de la sala de interrogatorios.
Salimos de la comisaría escuchando los gritos desquiciados de Hatman a nuestras espaldas.
Soy incapaz de hablar, solo puedo pensar en que me han mentido.
Todos me han mentido. Ethan asesinó al hijo del inspector, es normal que el hombre quiera vengarse.
—Anthony —logro decir—. ¿Es verdad que Ethan asesinó… que asesinó al hijo de Hatman?
Anthony me mira de reojo, pero no dice nada; así que hago el resto del camino hasta mi casa en silencio y salgo del coche sin despedirme de él.
Subo las escaleras de mi edificio como en una ensoñación y entro por fin en casa.
Necesito dejar de pensar por un rato, no puedo tomar una decisión si estoy en este estado de nervios.
Cojo del armario del baño una de las pastillas que guardo para dormir y me tomo una junto con un vaso de agua.
Voy a mi habitación y me dejo caer en la cama.
Todo a mi alrededor se va nublando y por fin puedo respirar con normalidad.