CAPÍTULO 40
Erin
Para cuando me meto en la cama son casi las ocho de la mañana, así que programo el despertador para dentro de un rato ya que he quedado con Caroline para desayunar.
No tengo muy claro si me he dormido o no, pero en el momento en el que apago la alarma y voy a la ducha, tengo las ideas mucho más claras: voy a seguir manteniendo la mentira hasta que Hatman se aburra y se vaya.
Es imposible que encuentre nada contra Ethan, que está acostumbrado a lidiar con este tipo de problemas.
Tampoco entiendo que esté tan empeñado en acabar con él si las muertes de Fred y Leonardo se han considerado un ajuste de cuentas.
¿No debería hacer como el alcalde y los policías de Heatherville y dejar que la mafia solucione los problemas a su manera?
Quizá estoy desvariando, pero de verdad creo que Ethan no es una mala persona.
Me encantó que me llevase a ver el amanecer y se sincerase conmigo.
Aunque claro, eso ocurrió después de matar a un hombre.
¿Lo torturarían también? Pongo el agua de la ducha lo más caliente posible, sé que es fatal para el pelo, pero necesito purificar mi cuerpo y mi mente.
Soy una persona horrible. ¿Siempre he sido así?
¿O es el amor el que me hace comportarme de esta manera?
Dios, no me reconozco. Esto es peor que cuando me fugué con aquel cantante de country o cuando decidí experimentar con el color de mi pelo y me lo teñí de verde.
Y bueno, muchísimo peor que cuando estuve a punto de casarme en Las Vegas con un madurito al que conocí de fiesta.
Aunque pensándolo bien, analizando mi historial, esto tampoco es para tanto: Ethan por lo menos no me saca veinte años y no compone horteradas.
Después de secarme el pelo y vestirme, pongo rumbo al bar de Joe para desayunar con Caroline. Necesito que me cuente lo que pasó ayer. Cuando llego, ella ya está allí.
—Erin —chilla y se levanta al verme—, estaba preocupadísima, ¿qué te pasó ayer?
—Nada grave, ya lo he superado. —Me siento—. Subí al despacho de Ethan, discutimos y estábamos a punto de hacerlo sobre su mesa cuando Anya nos interrumpió.
—¡No! ¿Qué quería la muy desconsiderada? Ya sabes que una de mis mayores fantasías es montármelo con Jackson en su despacho, no puedo perdonar que ese monstruo os haya interrumpido.
—Nada… —disimulo porque no quiero contárselo todo a mi amiga—. Algo con un paquete.
—Ah… ya… —murmura.
—La cosa es que salí de allí bastante impresionada —prosigo—, vino a mi casa y me llevó a un mirador precioso a ver el amanecer. Fue increíble. Me habló sobre su pasado y me siento a salvo con él, sé que no va hacerme daño.
—Me alegro de que lo tengas tan claro. Ojalá todo esto acabe bien.
—Caroline empieza a reírse y adopta su tono de chismosa—.
Para las que la noche no acabó tan bien fue para las viejas.
Se liaron a golpes con otra mujer que quería, según Anne, robarle a su stripper .
Tuvo que intervenir la policía y se las llevaron a comisaría, las han soltado sobre las ocho de la mañana.
—El pobre bailarín tuvo que sentirse aliviado cuando se vio libre de esa viciosa.
Empezamos a reírnos sin parar, pero el ruido de la puerta del bar al abrirse y la entrada del inspector Hatman con dos policías de paisano interrumpen nuestra felicidad. El inspector recorre el bar con la mirada y se acerca a nosotras con una sonrisa falsa.
—Buenos días, señoritas, me alegro de que se lo estén pasando tan bien. ¿Qué tal han descansado? ¿Han dormido bien?
—De maravilla, gracias. Ha sido una semana muy larga y necesitábamos descansar.
Su sonrisa se ensancha, tornándose en una mueca de victoria que me revuelve las tripas. Mete la mano en uno de los bolsillos de su anticuada gabardina y saca del interior una foto que coloca sobre la mesa.
—Vaya, pues entonces debe aconsejarle a su hermana gemela que no se pasee de madrugada con gente tan peligrosa, no vaya a ser que ocurra alguna desgracia.
Bajo la vista a la foto y el mundo se me cae encima. Es una imagen tomada hace apenas algunas horas, cuando Ethan y yo estábamos despidiéndonos en mi portal. Caroline contiene la respiración y me mira sin decir nada. Este es el fin.
—Debe de ser un error, inspector —habla mi amiga.
—Se acabó el juego, abogada —la ignora Hatman y hace un gesto a uno de los policías, que se acerca a nuestra mesa con unas esposas en las manos—. Queda usted detenida por falso testimonio y obstrucción a la justicia.
—¡No puede hacer eso! —grita Caroline.
***
He perdido la noción del tiempo, aunque calculo que debo de llevar aquí más de dos horas.
Un par de agentes me han dejado sola y se han marchado.
¿Por qué no viene Jackson a sacarme de aquí?
¿Sabrá Ethan que me han detenido? El sonido de la puerta de la sala de interrogatorios al cerrarse me sobresalta.
Estoy sentada en una silla de plástico incomodísima, con las manos esposadas a la mesa de metal.
Hatman se pasea por la sala de interrogatorios y sacude la cabeza emitiendo sonidos de satisfacción. Me da asco.
—Quién le iba a decir al Ruso que caería de esta manera.
—Hatman clava en mí sus ojos inyectados en sangre—.
Veinte años burlando a la justicia, pasando por encima de todo y todos, manejando el pueblo a su antojo…
para acabar siendo acorralado por culpa de una mujer.
Debes de tener el coño de oro, abogada, porque el Ruso se está comportando como un auténtico principiante.
Siento una oleada de asco subiendo por mi garganta y aprieto tanto los puños que las uñas se me clavan en las manos. Sus palabras me destrozan porque, de alguna manera, me recuerdan a lo que me dijo Anya: soy la ruina de Ethan.
—Es solo una foto, eso no demuestra nada.
—¿Una foto en la que usted sale besando al mayor criminal de la zona no demuestra nada? ¿Es usted abogada o en eso también me ha mentido? Porque juraría que debería saber que encubrir a un asesino mientras abre las piernas para él es un delito.
—No sé de qué me habla, inspector. —Intento que mi voz suene firme—. Una cosa es haber tenido un desliz con ese hombre y otra cosa es saber a qué se dedica.
—Vaya… así que ahora reconoce haber tenido un desliz con él. Si sigue así, pronto confesará que fue usted quien asesino a Toby.
—Ya le dije en su momento que no tengo nada que ver con el desgraciado fallecimiento de Toby.
—Mire, señorita, está usted encubriendo a un asesino despiadado e implacable; no va a dudar en pegarle dos tiros si se convierte en un estorbo.
Es más, ¿dónde está ahora su amorcito? ¿Cree usted que no sabe que está detenida?
—Hatman se sienta frente a mí y abre otra carpeta llena de unas horribles fotos de cadáveres torturados y mutilados.
Creo que voy a vomitar cuando coloca frente a mí las imágenes—.
Ese hombre que con tanta pasión la besaba, es el autor de estas atrocidades. ¿Sigue queriendo encubrirlo?
—Quiero pedir un abogado.
—No sea impaciente —sonríe malicioso—. Todavía podemos charlar un rato usted y yo.
Verá, puede contarme todo lo que sabe sobre ese monstruo, está a salvo.
Estamos a punto de cerrar un acuerdo con Donald Burrows, quien amablemente se ha ofrecido a contarnos todo lo que sabe sobre lo que ocurrió en las cabañas.
Calculo que en cualquier momento vamos a recibir una llamada desde prisión para concedernos una cita con esa otra pobre víctima de su novio. Aún está a tiempo de salvar su carrera.
—Donald se inventaría cualquier cosa para mejorar sus condiciones en esa cárcel. Era un cobarde. —Necesito hacer tiempo—. Quiero un abogado.
—Está cavando su propia tumba, señorita.
El Ruso no va a mover un dedo por usted si presiente que su culo corre peligro.
Voy a explicarle cómo van a ser las cosas a…
—El timbre de su teléfono interrumpe su mierda de discurso.
Hatman sonríe al ver quién es su interlocutor—.
¡Por fin tengo noticias vuestras! Dime cuándo podemos reunirnos con el señor Burrows. Puedo salir ahora mismo hac…
Hatman se calla de golpe y la felicidad de su rostro se ve sustituida por una mueca de horror que va transformándose en ira. No consigo escuchar qué le está diciendo su interlocutor, pero no deben de ser buenas noticias porque su rostro se desencaja y me mira con odio.
—¿Cómo que muerto? —Estalla pegando un puñetazo a la mesa— ¿Qué coño ha pasado? ¡Tenían que vigilarlo! ¡Me la suda si parece haber sido un infarto! ¡Todos sabemos quién ha metido mano ahí!
Las piezas del puzle empiezan a encajar en mi cabeza e intento ocultar un temblor que sacude mi cuerpo.
Donald. El Donald de las cabañas ha aparecido muerto en prisión.
Dorothy ha debido de decirle a Ethan que iba a hablar y este, en cuanto me ha dejado en el portal esta mañana, ha dado la orden para que acaben con él.
Sigo mirando a Hatman que, tras unos segundos eternos, cuelga el teléfono de golpe y lo lanza contra la pared de la sala de interrogatorios.
Se gira hacia mí, con los ojos inyectados en sangre y la mandíbula tan apretada que da miedo.
Se abalanza sobre la mesa y me veo obligada a echarme hacia atrás todo lo que las esposas me permiten.
—¡Ha sido él! ¡Ese bastardo ha matado a Donald para salvarte el culo!
—Quiero un abogado. —Intento seguir calmada, aunque en cualquier momento voy a entrar en pánico. Estoy aterrorizada, aquí no aparece nadie y Hatman ha perdido el norte por completo—. Se le va a caer el pelo si se atreve a tocarme.
—¿Crees que esto es un simple caso de un ajuste de cuentas entre asesinos? —Me tutea—. ¿De verdad crees que si solo fuera eso estaría aquí desviviéndome por acabar con ese monstruo? ¡Me la suda que trafiquen y se maten entre ellos!
—¿Entonces? —Acierto a decir—. No… no entiendo nada.