Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 33
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CAPÍTULO 33

Ethan

La vibración del teléfono me despierta. Me he debido de quedar dormido en el sofá de mi despacho del Club. Joder, cada día que pasa me doy más asco. Mi vida se está yendo a tomar por culo.

—Dorothy —digo al descolgar.

—Acabo de estar con tu novia. Ya ha declarado y está asustada. He intentado tranquilizarla, aunque ya le he dicho qué pasaría si Hatman sospecha que estáis juntos.

—Joder… —Me temo lo peor—. ¿Qué le has dicho exactamente?

—Que el inspector va a ir a por ella y que no va a parar hasta verla entre rejas.

—Dorothy, no me jodas. —Me levanto del sofá y comienzo a pasearme por el despacho—. No vuelvas a hablar con ella.

—Es mejor mantenerla asustada, Ethan. Lo sabes. También cree que vas a matarla en cualquier momento.

—¡Me cago en todo! No quiero que ella no confiese por miedo, quiero que no lo haga por… —me detengo antes de soltar lo que estaba pensando.

—¿Por? ¿Por amor? ¿Ibas a decir eso? Quién te ha visto y quién te ve… Esto va a acabar muy mal… Muy muy mal. Hijo, sé que yo te animé a ir a por ella cuando volvió, pero tal y como están las cosas…

—Déjame en paz —la corto y cuelgo antes de que pueda aburrirme más.

Lanzo el móvil sobre la mesa y me sirvo un vaso de whisky . Tengo que pensar en el siguiente paso.

No me ha dado tiempo ni de terminarme la bebida cuando Anya aparece en mi despacho.

—Ruso, tienes visita.

«La visita» entra dando un empujón a Anya.

—Buenos días, Ruso —saluda con fingida amabilidad—. Ya que no te dejaste ver en la reunión informativa que organicé, he decidido venir yo mismo.

Hatman ha envejecido desde la última vez que lo vi, hace dos años. En aquella ocasión yo estaba detenido y él estaba interrogándome acerca de la muerte de su hijo. El idiota estaba convencido de que iba a meterme en prisión, pero yo no me dejo atrapar tan fácilmente.

—Hatman —respondo—, qué considerado. ¿Qué quieres concretamente? Tengo bastante lío.

—Ya me imagino. No debe de ser nada fácil… gestionar todo esto —comenta mientras mira alrededor.

—¿Qué quieres? —pregunto, impaciente.

—Comentarte un par de cosas. No te robaré mucho tiempo.

—El inspector se pasea por mi despacho con la tranquilidad del que sabe que no puedo pegarle un tiro aquí mismo.

De momento—. Sabrás que han aparecido dos cadáveres en el bosque: uno de ellos pertenecía a tu abogado y el otro a Leonardo Ferraro, tu enemigo, si no me he informado mal.

—No sé qué tiene que ver eso conmigo. —Miro a Hatman y me apoyo en la pared frente a él—. Se habrán matado entre ellos.

—Oh, no he terminado. —Sonríe malicioso—. Vamos a olvidar también por ahora la desaparición de un joven camello y vamos a centrarnos en la muerte de Toby Walsh.

Suspiro sonoramente para mostrarle mi aburrimiento y me muevo de la pared para dejarme caer en mi silla.

—No conocía de nada a ese agente, pero, a juzgar por el número de muertos, creo que la policía no está haciendo nada bien su trabajo.

Hatman intenta disimular, pero veo cómo aprieta los puños. Perfecto, se está poniendo nervioso.

—Puede que tú no conocieras a Toby, sin embargo, tu novia cenó con él la noche de su muerte.

—¿Mi novia? —pregunto y apoyo los antebrazos en la mesa.

—Erin Peterson, la abogada —responde mostrándome unos dientes amarillentos que quiero reventar de un puñetazo—.

Tengo motivos para pensar que estáis juntos.

Os conocisteis en las cabañas y habéis seguido manteniendo el contacto, aunque ella diga que vuestra relación es algo puramente profesional.

Ella fue a cenar con el agente Toby y tú lo mataste en un ataque de celos.

Suelto una carcajada y me paso la mano por el pelo antes de responder.

—Me subestimas si crees que mataría a alguien por una mujer. Ella puede cenar y acostarse con quien le dé la gana, no es nada mío.

—Vaya… pues eso no es lo que me contó Toby.  Estaba convencido de que teníais algo.

—Pues se equivocaba. Hay gente que se inventaría cualquier cosa con tal de colgarse una medalla. Si basas tu investigación en los delirios de un policía frustrado, no creo que consigas resolver el caso.

Hatman me mira con odio, está a punto de perder los estribos. Una vez más, no tiene nada sólido para detenerme y eso le consume.

—Puede que tengas razón sobre él, Ruso, pero los trepas suelen ser muy observadores y me apetece tirar de ese hilo. — Por fin se dirige hacia la puerta, sujeta el pomo y se gira hacia mí antes de salir—. Ya que la abogada te da igual, creo que voy a apretarle más las tuercas para ver qué sabe.

—Haz lo que quieras, Hatman. De verdad. La abogada me la suda.

El inspector suelta una risa amarga y entreabre la puerta. A ver si se va de una puta vez.

—Perfecto. Me alegra que no te moleste que vaya a por ella. Solo es cuestión de tiempo que se asuste de verdad y me cuente todo lo que sabe de ti para salvar su propio pellejo. Que tengas un buen día.

Hatman se marcha dando un portazo y me quedo solo, con unas ganas de la hostia de perseguirlo y encerrarlo en mi sótano para torturarlo por el mero hecho de atreverse a mencionar a la rubia.