CAPÍTULO 31
Ethan
El móvil me ha vibrado en el bolsillo mientras estaba entretenido con la rubia, así que, cuando salgo de su casa leo el mensaje que me ha llegado. Es de Anya:
Ya puedes salir de su casa, Hatman se ha ido. Estoy abajo con el coche.
Sonrío. Anya es una tocapelotas, pero es la puta eficiencia en persona. El aire me golpea en la cara cuando salgo del portal, localizo su coche a pocos metros y me encamino hacia allí. Me subo en el lado del copiloto y Anya me mira con la cara que pone cuando va a tocar los cojones.
—Estás perdiendo el norte, Ruso —suelta mientras arranca el coche—. ¿A qué coño estás jugando? Tu pija ha apuñalado a un policía y hemos tenido que terminar el trabajo. Es un cabo suelto del tamaño de una catedral y tú lo dejas pasar mientras Hatman nos pisa los talones.
—La tengo bajo control —aseguro sin mirarla—. No va a hablar, me he encargado de que esté de nuestro lado.
—¿Que te has encargado de que esté de nuestro lado?
—Anya pega un frenazo en un semáforo y se gira hacia mí—.
La estás protegiendo, que es muy diferente.
Te has enamorado de alguien que no pertenece a nuestro mundo y nos va a acabar hundiendo.
Si Hatman la presiona un poco mañana, lo va a contar todo.
Dime, ¿vas a ser capaz de hacer lo que hay que hacer si ella abre la boca?
Me quedo en silencio y ella arranca el coche de nuevo. ¿Sería capaz de matarla? Por supuesto que no, pero Anya no tiene por qué saberlo.
—Sé separar los negocios del sexo —respondo finalmente. Recalco la palabra sexo para convencerme a mí mismo y, ya de paso a ella, de que no estoy enamorado—. Ella es asunto mío y, si en algún momento, alguien tiene que apretar el gatillo, seré yo. Y no dudaré en hacerlo. ¿Queda claro?
Anya suelta una carcajada seca, niega con la cabeza y vuelve a centrarse en la carretera.
—Clarísimo, Ruso, pero reza para no verte nunca en esa situación, porque el día que tengas que elegir entre tu vida y la suya, te vas a tener que tragar tus palabras.
—¿Hablas desde tu propia experiencia? Esto no tiene nada que ver con lo que te paso a ti con…
—Con lo que me pasó a mí con nadie —me corta y un destello de dolor y nostalgia atraviesa sus ojos de gata.
—Preocúpate por tus asuntos, Anya —le suelto—. Mi pulso no ha temblado en veinte años y no va a empezar a hacerlo ahora.
Anya no responde y se limita a frenar frente a la entrada trasera del club. Sabe que miento.
Salgo del coche y accedo al despacho por las escaleras de la puerta trasera. No me apetece cruzar el club a estas horas.
Bob ya está aquí tomando una copa mientras mira por la cristalera que da hacia la pista de baile. Nunca pierde la calma y creo que por eso trabajamos tan bien juntos.
—Ruso. —Se gira al escuchar la puerta—. Todo ha salido perfecto.
—¿El equipo de limpieza? —pregunto.
—Han dejado la casa impecable. No van a encontrar nada allí —responde y se mira los nudillos de la mano derecha, inflamados a causa de la paliza que le ha dado a Toby—. Puedes estar tranquilo.
—Nuestro problema ahora es la abogada —insiste Anya, que acaba de entrar al despacho—. El jefe confía plenamente en ella, pero yo creo…
—Cállate, Anya —la corto—. Te he dicho que la tengo controlada y que, si hay que tomar medidas contra ella, lo haré yo mismo.
—¿Controlada? —Anya suelta una carcajada—. Ella sí que te tiene controlado. Nos va a joder, ya lo verás.
—Te juro que como no cierres la puta boca…
Me pongo frente a ella, pero no se asusta y me sigue mirando desafiante. Al final, Bob se pone entre nosotros.
—No vamos a discutir de nuevo por eso —dice, conciliador—.
Yo creo que la clave es que el Ruso tenga en tensión a la abogada.
Si piensa que delatándonos va a terminar en prisión o muerta, seguirá estando de nuestra parte.
Y no olvides, Anya, que ahora ella también tiene las manos manchadas de sangre.
—Me dais asco —Anya bufa y se encamina hacia la puerta. Se gira antes de salir—. La pija me cae fatal y sé que va a acabar hablando, pero que te aproveches de ella sabiendo que está enamorada de ti… Eso es asqueroso, Ruso. Incluso para ti.
Se marcha dando un portazo y yo me enciendo un cigarro para ver si me tranquilizo. Bob me mira, sé que quiere darme su puta opinión, pero me adelanto.
—Sé lo que opinas, así que ahórrate tus consejos. Si digo que lo tengo controlado es porque es así. La rubia no nos va a delatar.
—Llevo muchos años trabajando contigo y quiero creerte, pero a veces el amor nos hace cometer errores.
—Nadie ha hablado de amor, Bob —respondo, seco. Si me lo repito lo suficiente puede que me lo acabe creyendo—. Esto son negocios, nada más. Si para tenerla de nuestro lado tengo que tirármela un par de veces, lo haré.
—Gracias por sacrificarte tanto, jefe. —Se burla y, tras darme una palmada en el hombro, sale del despacho.
Me quedo solo, rodeado por el humo de mi cigarro. Soy un puto mentiroso. La rubia me está debilitando, si hasta he matado a un policía por ella, joder. Lo peor es que es tarde para dar marcha atrás.
La vibración del teléfono interrumpe mis pensamientos. Lo saco del bolsillo y miro quién es: Miller. Descuelgo.
—¿No puedes dormir? —Forzando el tono de burla. Me encanta tocarle los cojones.
—Déjate de gilipolleces, Ruso. —Parece muy enfadado y no puedo evitar sonreír—. ¿Qué ha pasado con Toby?
—¿Con ese imbécil? Sorpréndeme. —Mantengo un tono de voz aburrido.
—Ha aparecido muerto delante de casa de Dorothy. Ella dio el aviso. —Miller está perdiendo la paciencia—. Hatman sabe que Erin cenó con él y ha estado en su casa. Ella dice que lo dejó perfectamente cuando se marchó de casa de Toby.
—¿Entonces? ¿Qué quieres que haga yo? —Sigo manteniendo un tono calmado—. ¿Encargo una corona para su funeral?
—¡Ruso, joder! —Escucho que el policía le da un puñetazo a algo.
Ya lo he sacado de quicio, tendré que empezar a hablar en serio—.
Sé que estás metido en esto. Últimamente revoloteas alrededor de Erin como un buitre y ella se ofreció a ir a la cena para eliminar el audio que Toby os grabó porque no pudiste pensar con la puta cabeza.
¿Te das cuenta de que la estás corrompiendo?
La manipulas, te aprovechas de que ella haría cualquier cosa por ti.
No iba a contarlo, pero me ha tocado las pelotas.
—Él intentó forzarla —suelto. Estoy hasta los huevos de que me digan que la manipulo. Ella es mayorcita como para tomar sus propias decisiones—. La acorraló e intentó abusar de ella. Se defendió y lo apuñaló. Yo entré en ese momento en la casa y bueno, hice lo que tenía que hacer.
El silencio al otro lado de la línea es absoluto.
—Joder… ¿Cómo está ella?
—Ella no va a hablar, Miller —le aclaro—. Está bien, la he dejado en su casa. Ha hablado con Hatman y mañana a primera hora tiene que ir a declarar a comisaría.
—Intentaré ayudarla —dice por fin—. Ruso, si Erin te importa un mínimo, no la arrastres más a tu mierda.
—Vamos hablando —respondo y cuelgo.
Ojalá fuese capaz de mantenerla al margen de toda esta mierda.