Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 30
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CAPÍTULO 30

Erin

Camino por el pasillo hacia mi habitación, Ethan va por delante con paso decidido.

Parece que no está afectado por el hecho de que casi mato a un hombre, aunque claro, él está acostumbrado a esto.

Un escalofrío recorre mi espalda al ser consciente, una vez más, de la realidad de su vida.

Lo peor es que cada vez me importa menos. Dios mío, soy un monstruo.

Me siento sobre la cama y él se apoya en la cómoda que tengo junto a la puerta.

Debería estar prohibido ser tan sexy. No para de mirarme, como si temiera que fuera a cometer alguna locura o como si estuviese leyendo mis calenturientos pensamientos.

Creo que me he sonrojado porque él esboza una sonrisa. Tengo que centrarme o la voy a cagar.

Debo reconocer que, cuando me ha traído a casa, he pensado que iba a matarme. Al fin y al cabo, le he complicado bastante la vida y Anya ya me ha advertido que el Ruso no deja cabos sueltos.

—Sabes lo que tienes que hacer, ¿no?

La voz ronca de Ethan hace que me sobresalte. Respiro hondo, mentalizada para mentir al inspector.

—Sí, claro —respondo—. Fui a cenar con Toby y, sobre las diez de la noche, volví a casa. Lo dejé sano y salvo.

—Que no te tiemble la voz, rubia. Despliega todos tus encantos para engañar a ese imbécil.

—¿Vas a quedarte aquí? ¿Y si te pilla?

—Llevo veinte años dedicado a esto —responde con media sonrisa—. Hatman no me verá a menos que yo quiera que me vea. Tú solo preocúpate de que se crea tu mentira.

—¿Y si no me cree? —pregunto con voz temblorosa.

—Te creerá.

El tiempo parece no avanzar y el silencio que reina en la habitación es aterrador. Por eso, cuando llaman a la puerta pego un salto en la cama y el corazón empieza a latirme descontrolado. Respiro un par de veces más y Hatman, supongo que será él, vuelve a tocar la puerta.

Ethan se separa de la cómoda con la agilidad de un depredador y saca la pistola.

—Vete a abrir y no falles, rubia.  Nos va la vida en ello.

Al pasar por delante de él, estira un brazo y me da un apretón firme en el culo.

El contacto es tan inesperado que me giro a mirarle.

Me dedica un guiño rápido, cargado de una confianza que no sé si merezco.

Sin embargo, ese pequeño gesto me inyecta un chute de adrenalina que transforma mi pánico en algo más peligroso: la necesidad de proteger lo que tenemos, por muy retorcido que sea.

Atravieso el pasillo frotándome los ojos para que Hatman crea que acabo de despertarme.

Me asomo a la mirilla y observo al inspector durante algunos segundos: tiene el traje mal colocado y unas gotas de sudor resbalan por su frente.

Entreabro la puerta y me apoyo en ella para evitar que el policía note mi temblor.

—Inspector Hatman, es tardísimo. ¿Ha ocurrido algo?

—Disculpe que la moleste —se excusa, aunque su tono es duro—. Solo quería hacerle un par de preguntas y pedirle que vaya a declarar mañana a comisaría.

—¿A declarar? —Intento sonar sorprendida—. ¿Ha pasado algo con alguno de mis clientes?

—No, no ha sido eso. Usted ha cenado hoy en casa del agente Toby Walsh, ¿no?

—Sí, me ha invitado a cenar para celebrar su ascenso —explico.

—¿Cuándo se marchó de su casa?

—No lo sé… Sobre las diez de la noche, creo.

—¿Volvió sola a casa?

—Sí, en mi coche. Inspector, no sé qué ha podido pasar, pero estoy agotada.

—Toby ha aparecido muerto hace una hora aproximadamente.

—¿Qué? ¿Muerto? —Siento que el suelo va a hundirse bajo mis pies en cualquier momento. No puede ser. Ethan me ha dicho que seguía vivo—. Es imposible.

—¿Se encuentra usted bien? —Hatman parece preocupado por primera vez—. ¿Necesita sentarse?

—No… no… tranquilo —consigo decir, pero mi voz me suena lejana—. Yo… cuando me fui… él estaba vivo.

—¿Percibió algo extraño?

—No noté nada raro. Estaba normal… Yo… Inspector, necesito estar sola.

—¿Seguro que se encuentra bien?

—Solo estoy conmocionada.

—Tenga cuidado, señorita —me advierte—. Antes me ha dicho que ha ido a ver al Ruso por un asunto laboral, pero no le conviene relacionarse con él. Conozco a hombres así y le aseguro que son manipuladores e interesados. No dudará en pegarle un tiro si ve que su culo corre peligro.

Es la segunda persona que me advierte sobre lo mismo. Trago saliva antes de responder.

—Gracias por su advertencia —susurro—, pero el único trato que he tenido con ese hombre ha sido laboral. ¿Creéis que puede tener algo que ver en… en lo de Toby?

—No descartamos ninguna teoría. La espero mañana. ¡Ah! Antes de que se me olvide: debería cerrar la puerta de su portal, puede colarse cualquiera y hacerle daño.

Sin despedirse, baja por las escaleras y desaparece.

Cierro la puerta y apoyo la frente en ella.

No sé cómo sentirme: Ethan me ha dicho que Toby seguía vivo, ¿no?

Repaso sus palabras. Joder… no me lo ha confirmado en ningún momento y yo lo he interpretado como más me ha convenido.

Dios mío, ahora también soy cómplice de asesinato.

No sé si es el miedo, la ira o que soy suicida, pero me giro a encarar a Ethan, que está en el salón con su mirada fija en mí.

No sé qué está pensando porque su expresión no me transmite nada.

Me acerco a él apuntándolo con un dedo y guarda la pistola en la parte trasera de sus vaqueros.

—Tú… —lo acuso.

—Rubia, sé razonable —me pide—. Tranquilízate.

—¿Que me tranquilice? —casi grito. Para colmo, el hecho de verlo ahí plantado tan tranquilo, me pone de peor humor, así que acorto la distancia que nos separa y le doy un empujón que ni lo mueve del sitio—. ¡Me diste a entender que seguía vivo!

—Habrá muerto por el camino. —Se encoge de hombros—. Era bastante debilucho y había perdido mucha sangre.

—¿Pretendes que me crea eso? Me has utilizado y me has mentido. —Vuelvo a empujarlo y él me agarra con fuerza de las manos, sosteniéndolas a mi espalda—. ¡Suéltame!

—No te he contado lo de Toby para que tu reacción frente a Hatman fuera real. —Me explica con voz baja y ronca—. Deberías agradecerme que te haya librado de la cárcel.

—¿Agradecerte? —Me retuerzo para liberarme de su agarre, pero es inútil—. ¿También voy a tener que agradecerte que me pegues un tiro cuando me convierta en un cabo suelto? ¿Me matarías a mí también, Ethan?

—¿En serio me vienes ahora con esas? —pregunta en tono duro—. He matado a un puto poli para salvarte el culo y ahora estoy de mierda hasta el cuello. ¿Responde eso a tu puta pregunta?

—Así que reconoces haberlo matado. —Ignoro todo lo demás que me ha dicho—. Eres un monstruo.

—En ningún momento he dicho que no lo fuera.

Dice esto tan cerca de mis labios que estoy a punto de besarlo. Por Dios, necesito un psiquiatra con urgencia.

—Suéltame y lárgate de mi casa antes de que…

—¿Antes de que…? Termina lo que ibas a decir. —Yo no digo nada, así que él esboza una sonrisa irresistible—. ¿Antes de que me supliques que termine lo que dejamos a medias en el club?

Abro la boca para responderle algo, pero él me suelta de pronto, recoge mi ropa del rincón del salón y se dirige a la salida.

—Ethan, no te atrevas a irte y dejarme con la palabra en la boca.

—Buenas noches, rubia.

Ignora mis palabras y se marcha dejándome sola y muy cabreada por seguir deseando al hombre que puede convertirse en mi verdugo.