Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 21
39%

CAPÍTULO 21

Ethan

Entro como un vendaval a mi despacho y Bob y Anya, que estaban sentados en el sofá, se levantan de golpe.

—¿Quién cojones se encargó de hacer desaparecer los cuerpos del abogado y Leonardo? —bramo.

—Nosotros… bueno… yo. Les pedí a Marshall y Kevin que se deshicieran de ellos —se explica Bob con voz temblorosa.

—¿Dejaste algo así en manos de dos principiantes? —grito—. Joder, Bob. Enterraron en el mismo agujero los cuerpos de dos personas fallecidas con mes y medio de diferencia.

—Pensaba que…

—Llevamos años haciendo esto —lo interrumpo—. Para una puta vez que no estoy controlando lo que hacéis, enterráis a dos tíos en el mismo foso.

—Quizá si no hubieses estado distraído en otras cosas… —murmura Anya.

—¿En serio me estás echando eso en cara?

—El otro día ya te dijimos que…

—No vayas por ahí, Anya —ordeno—. Me pasé más de un puto mes yendo a la casa de piedra hasta que decidí acabar con Leonardo.

—¡Porque te empeñaste en tenerlo ahí! —me grita ella—. Tus malditas ansias de venganza, Ruso. Te dije que tenías que haberlo matado ese mismo día, pero no, tú querías castigarlo.

Siento que la rabia va apoderándose de mí. Tengo que controlarme porque no quiero acabar con Anya; es una de mis mejores trabajadoras y la que tiene toda mi confianza, solo hay que ver cómo se atreve a hablarme.

En parte tiene razón: debería haber matado a Leonardo el día en el que le tendimos la trampa en el claro del bosque. Donald Burrows lo citó allí para entregarle la droga que me había robado, pero Leonardo no sabía que todo era una trampa para cazarlo. Si hasta apareció solo.

—Ruso, no creas que no entendemos tu decisión —intenta calmar las cosas Bob—. Desde que murió Petrov, lo único que ha hecho Leonardo has sido intentar acabar contigo y matarlo en ese momento no era suficiente…

—Bob, ambos sabemos que tenía la mente nublada por la abogada. Ella lo había rechazado y tenía que descargar su mala leche de alguna manera.

—No metas a la rubia en esto —advierto a Anya. Me enciendo un cigarro y tomo una decisión—. Bob, reúne a todos los hombres en el sótano.

Ambos palidecen porque me conocen lo suficiente como para saber qué va a pasar; sin embargo, se apresuran a cumplir mis órdenes.

—Ruso —se gira Anya antes de salir—, siento mucho que haya ocurrido esto y siento haber insinuado nada sobre la abogada, pero entiende que en todos estos años nunca hemos tenido un descuido así. Siempre te has encargado tú de todo y no quiero que… que te ablandes.

—¿Ablandarme? Joder, Anya. Baja al puto sótano.

Sale del despacho y el móvil prepago me vibra:

En una hora.

Antes de meter el móvil en el bolsillo de nuevo y bajar al sótano tengo que escribir a la rubia.

Redacto un mensaje y lo borro. Hacer esto me duele más de lo que pensaba, pero es necesario.

Las cosas se van a poner jodidas y no voy a permitir que ella se hunda conmigo.

Ayer me comporté como un puto egoísta, ella no se merece una vida así, pero tampoco soy capaz de alejarla del todo.

Leo el mensaje que he escrito antes de darle a enviar:

Borra mi número. Las cosas se van a poner feas, rubia. No me busques. Mantente fuera de esto.

Se va a enfadar y me va a odiar, pero ya solucionaré eso cuando toque.

Bajo al sótano donde mis hombres y Anya aguardan nerviosos. Marshall y Kevin, los encargados del enterramiento, se hallan en el centro de la sala bajo la luz mortecina de una bombilla que los ilumina. Cierro la puerta y echo el cerrojo.

Kevin tiembla descontroladamente, si es que es un puto crío todavía, y cae de rodillas al suelo. Todos saben lo que les pasa a quienes no cumplen con su trabajo, aquí no hay segundas oportunidades; no nos las podemos permitir.

—Llevo veinte años dedicándome a esto —digo con tono calmado— y nunca había pasado algo así. Enterrar en el mismo puto agujero a dos cadáveres con casi dos meses de diferencia… ¿Alguien puede explicarme esto?

—Ruso… —balbucea Marshall—. Nosotros… ya habíamos enterrado allí al abogado y pensamos… pensamos que era un lugar seguro y como la tierra estaba más blanda en esa zona…

—¿Intentas explicar que sois tan sumamente vagos e inútiles que cavasteis un puto agujero de medio metro? ¿Cómo hostias llueve un poco y aparecen los cuerpos?

—El árbol cayó y… Nadie podía adivinar eso…

—¡No quiero putas excusas! —Agarro del cuello a Marshall y lo tiro al suelo—. ¡Esto es culpa mía! ¡Por dejar en manos de un par de imbéciles algo tan importante!

—Fuiste a llevar la mano de Leonardo a sus hombres y… nosotros… nosotros queríamos irnos de allí… Estaba anocheciendo…

—¿Os pago mal? —pregunto mirando uno por uno a mis hombres. Todos se apresuran a negar con la cabeza—. Por vuestra pereza vamos a tener a los federales soplándonos en la nuca.

—Ruso, por favor… —suplica Kevin.

Saco con parsimonia el arma de la parte trasera de mis pantalones y, con dos tiros limpios, los cuerpos de mis empleados caen al suelo sin vida.

—¿Llamo al crematorio? —pregunta Bob con voz cautelosa, acercándose a los cuerpos.

—Eso es lo que deberíais haber hecho en verano.

Sin detenerme a mirar el desastre que ha provocado, salgo del sótano para reunirme con Miller en el aserradero.