CAPÍTULO 20
Erin
Me despierto temprano con la intención de ir a correr.
Ya no escucho el repiqueteo de la lluvia en la ventana, así que supongo que la tormenta habrá pasado.
Miro el reloj: todavía son las ocho y el parque estará encharcado.
Tampoco pasa nada si hoy me quedo un rato más en la cama reproduciendo en mi cabeza lo que pasó ayer.
No puedo reprimir una sonrisa. No me había dado cuenta de lo agobiada que me tenía todo el tema de Ethan hasta que ayer por fin dejé de lado mis reticencias y me dejé llevar.
En mi defensa diré que él también tuvo algo de culpa.
Yo siempre he sido una persona que actúa por impulsos: hago las cosas y luego las pienso y, desde que volví de las cabañas, he estado apagada, triste…
No me reconocía a mí misma y estoy harta ya.
¿Debería escribirle? Para que sepa que no me arrepiento.
Ayer, cuando me acompañó a casa, dijo que íbamos a seguir viéndonos.
¿Habrá sido él el que se ha arrepentido?
Dios, parezco una adolescente lidiando con su primera relación.
Necesito hablar con Caroline. Me incorporo en la cama, pero me dejo caer de nuevo.
Voy a regodearme un poquito más en nuestro encuentro de ayer.
Solo un poco. Casi se me había olvidado la sensación que me producen sus grandes manos al acariciarme, esa mirada que me quema, su sabor, la dureza de su cuerpo, su…
Un timbrazo me hace regresar de golpe a la realidad. Me levanto, me pongo una bata y voy a abrir. En el umbral me aguarda Caroline y juraría que está pálida.
—Si vienes a soltarme un sermón por lo de Toby, ahórratelo —le suelto sin dejar que diga nada—. Ya te dije que no quería ninguna cita.
—No he venido a hablar de eso, Erin. ¿Puedo pasar?
—Sí, claro, perdona. ¿Quieres un café? —Sigo hablando mientras voy hacia la cocina—. He estado pensando y voy a volver a ser yo. Estoy cansada de reprimirme y de hacer lo contrario a lo que siento. ¿Café?
—Tengo el estómago cerrado —responde y suspira.
—¡Dios mío! ¡Estás embarazada! —Me muero de la emoción—. ¿Voy a ser tía?
—¿Qué? —pregunta confundida—. No, no estoy embarazada. Ha caído un árbol en el bosque a causa de la tormenta.
—Una pena, tía. Las dos cosas. —No entiendo dónde quiere llegar, aunque está tan seria que me preocupo—. No me digas que ha aplastado a alguien.
—¡Peor que eso! —grita mi amiga, aunque después baja la voz para hablar casi en susurros—. Han aparecido dos cadáveres. Jackson ha recibido una llamada antes, algún paseante se los ha encontrado y ha llamado a la policía. Hay un lío terrible montado.
—¿Son esos cadáveres? —De pronto me siento angustiada y un peso enorme se asienta en mi estómago. Tengo que abrir las ventanas—. ¿Son los cadáveres del verano?
—¿Cuáles si no? —Caroline se ha sentado en una de las sillas de la cocina y me mira preocupada.
—Yo pensaba que solo estaría el de…
—Sí, el de Fred. Pero hay otro más, todavía no se sabe a quién pertenece. O yo no lo sé por lo menos.
—Madre mía, Caroline. ¿Y si es Donald? Ethan se lo llevó al bosque después del robo de la droga.
—Donald está en la cárcel, pero habían quedado con el otro mafioso, el enemigo de Ethan. El que se la quería jugar.
—¿Leonardo Ferraro? —pregunto—. Como el cuerpo sea de él, enviarán a algún inspector que se dedique a investigar el crimen organizado.
—¿Tú crees? —Caroline palidece aún más.
—No vamos a adelantar acontecimientos —intento tranquilizarla, aunque siento que va a darme algo en cualquier momento—. Quizá ni siquiera son esos cuerpos.
—Sabes que sí.
Intento mantenerme calmada, pero sé que la situación va a irse complicando por momentos. ¿Sabrá Ethan todo esto?
—Ethan… —No sé cómo preguntarlo. Ni siquiera debería preocuparme por él. Sus actos van a traernos problemas serios—. ¿Él sabe algo?
—He enviado a Dorothy a contárselo. Es peligroso que Jackson hable con él ahora.
—Ya… ¿Debería llamarlo?
—Yo creo que deberías esperar —me aconseja—. No sé, Erin, esto es horrible. Nosotras estábamos en las cabañas cuando ocurrió todo, vimos cómo el Ruso mataba a Fred y ahora vosotros… Si tiran del hilo, no les va a costar descubrir la verdad. ¡No quiero que me interroguen!
—Calma, por favor, que estás poniéndome más nerviosa. No nos va a pasar nada, seguro que Ethan y Jackson piensan algo.
El repentino pitido del portero automático casi me provoca un paro cardíaco. ¿Será la policía? ¿Ethan ha mandado a alguien a silenciarnos para siempre? Caroline tiembla en un rincón de la cocina.
—Tía, que te has enfrentado a asesinos.
—Pero nunca me he enfrentado a la cárcel. Vete a abrir.
Sacudo la cabeza y cojo el telefonillo.
—¿Diga? —Es Dorothy—. Sube.
Abro la puerta y, cuando la anciana sale del ascensor, mira a ambos lados antes de entrar en mi casa.
—Buenos días, queridas. Quiero café y he traído bizcocho.
—No sé cómo estás tan tranquila —comenta Caroline.
—Tengo nervios de hierro, aunque la situación no es buena.
Sirvo tres cafés y nos sentamos alrededor de la mesa. Dorothy nos mira y empieza a hablar.
—Vengo de casa de Ethan. Lo he dejado allí intentando solucionar todo esto.
Está muy enfadado y… preocupado por ti. —Me mira al decir eso y una extraña calma me invade.
Estoy loca—. ¡Dios sabe qué brujería le has hecho!
Se comporta de forma descuidada y desorganizada.
Tiene que centrarse. En fin… me ha dado este teléfono para ti y me ha dicho que esperes sus instrucciones.
—¿Que espere sus instrucciones? ¿Quién se cree que es?
—Alguien a quien le importas y casi el único que puede solucionar este lío —me riñe la anciana—. Han aparecido dos cuerpos en el bosque. Uno de ellos es el de tu exmarido infiel, Caroline. El otro cuerpo creo que pertenece a Leonardo Ferraro.
—Mierda —digo—, lo que sospechábamos.
—¿Y ahora? —pregunta Caroline.
—Toca esperar —responde Dorothy.
—¡Qué situación tan horrible! —se lamenta mi amiga.
La anciana es la que siempre se entera de todo antes que nadie, así que decidimos que se marche y acordamos que nos avisará si pasa algo. Caroline y yo nos quedamos calladas algunos minutos hasta que decido romper el silencio.
—Ayer cuando fui al baño en el bar follé con Ethan —suelto de golpe.
—Ya lo noté cuando volviste —medio sonríe ella.
—Luego me acompañó a casa y fue… No sé… como si fuésemos una pareja normal. Como si la vida nos hubiese dado la oportunidad de continuar lo de las cabañas. Y ahora mira…
—Entiendo tus dudas y todo, pero no todo es blanco o negro. Él siempre se ha portado bien contigo.
Como invocado por el demonio, el teléfono que me ha dado Dorothy vibra en mis manos. Tengo un mensaje.
Borra mi número, no tienen que relacionarnos. Las cosas van a ponerse feas, rubia. No me busques. Mantente fuera de esto .
Leo el mensaje una y otra vez. No me lo puedo creer, ¿de qué va este idiota? Ayer ya le dejé claro que no soy una de sus empleadas.
Caroline espera paciente, hasta que no puede aguantarlo más y me arranca el teléfono de las manos. Lee el mensaje y se queda callada.
—¿Te parece normal? —exploto—. ¿Quién se cree que es?
—Erin, cálmate. Solo quiere protegerte —trata de tranquilizarme—. Vamos a esperar a ver qué pasa.
—¿Esperar? ¡Dos meses llevo esperando! ¡Se va a cagar! Le voy a cantar las cuarenta.
—Me parece muy bien, pero espera. Vístete y vamos a la calle, tenemos que aparentar normalidad.
Estoy muy cabreada, pero Caroline tiene razón. Tengo que controlar mis impulsos. Vamos juntas a mi habitación y el móvil de Caroline empieza a sonar.
—Es Jackson.