Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

Ethan

He dormido mejor que en mucho tiempo y me despierto ligero, como si me hubiese quitado un peso de encima.

Puede que lo haya hecho; llevaba meses esperando a que ocurriese lo que pasó ayer por la noche.

Reconozco que no fue el lugar ideal, pero me sirve.

Si el día está tranquilo, puede que vaya a buscarla y la lleve a cenar. La rubia se merece su cita.

La lluvia ha parado de caer y, entre las nubes, el sol lucha por asomarse. Hoy va a ser un buen día.

Un timbrazo largo, eterno, amenaza con reventarme los tímpanos. Abro la puerta de un tirón, dispuesto a arrancarle la cabeza a quien haya venido a molestarme.

—Es urgente, Ethan. Ha ocurrido algo terrible. —Dorothy pasa por debajo del brazo que tengo apoyado en el marco de la puerta—. Vamos a hacer café. He traído bizcocho porque ser portadora de desgracias no está reñido con la cortesía.

Sacudo la cabeza y la sigo a la cocina. Me siento mientras ella murmura algo ininteligible y trastea en mis armarios. Saca dos tazas, las coloca sobre la mesa y pone en marcha la cafetera.

—¿Qué es eso tan grave que ha pasado?

—No sé cómo vamos a salir de esta —se lamenta. Yo no le hago demasiado caso porque siempre ha sido muy exagerada—. La tormenta eléctrica de ayer tiró un árbol del bosque.

—¿Y?

—Un paseante ha llamado a la policía…

—¿Y? —vuelvo a preguntar más impaciente.

—Han aparecido los cadáveres.

Me levanto de golpe y tiro la silla al suelo. Dorothy se lleva las manos al pecho.

—¡Me cago en todo! ¡Joder! —Me paso las manos por el pelo y le doy una patada a la puerta—. ¿Cómo te has enterado?

—Estaba en el bar de Joe tomando un café y ha venido la librera totalmente fuera de sí a contármelo.

Han llamado temprano a Jackson desde la comisaría y ha tenido que irse al bosque.

Ella me lo ha contado para que yo te transmitiese a ti la noticia, ya que no es seguro que Jackson se ponga en contacto contigo de momento. Hasta saber algo más, por lo menos.

—¿Y la rubia? ¿Lo sabe? —Casi me he arrepentido de preguntarlo antes de decirlo. Dorothy me mira alzando una ceja y yo intento disimular—. Lo pregunto solo porque como es tan amiga de la librera y estuvo también en las cabañas…

—Ya, claro… Seguro que no lo preguntas por nada más.

—El tono de Dorothy se vuelve malicioso—.

No te preocupes por ella, Caroline ha ido a avisarla.

De todas formas, sé lo que hicisteis anoche y permíteme decirte que es mejor en estos momentos que mantengas las distancias.

Para ella y para ti. No tienes que distraerte.

—No sabía que había pedido tu opinión.

Dorothy tuerce el morro, pero no dice nada. Yo me paseo por la cocina, intentando ordenar mis ideas y tratando de buscar una solución a este problema. Voy a mi habitación, abro la caja fuerte que tengo en el armario, saco un móvil antiguo de prepago y vuelvo a la cocina.

—Tienes que hacerme un favor —le pido a la anciana—. Vete a casa de la rubia y dale esto. Dile que espere mis instrucciones.

—Ethan, sé que esa chica te gusta mucho y que yo misma te animé a ir por ella, pero en este momento…

—Llévale el puto móvil, Dorothy —le corto—. Sé lo que hago.

—No estoy tan segura de eso. Nos conocemos desde hace años y nunca te había pasado algo así.

—No quiero escuchar sermones. Soy mayorcito.

—Cállate y escucha —me riñe—. Sé que has tenido historias con mujeres, eres un hombre muy atractivo y joven; sin embargo, nunca habías tenido un despiste de este tipo.

Sabes que tienes que encargarte tú mismo de…

de esos asuntos, no puedes dejarlo en manos de unos inútiles.

Aunque, por otro lado, me alegro de que por fin haya aparecido una mujer que te guste tanto.

Ojalá salga todo bien y esto no acabe en desgracia.

—Muy bien. Muchas gracias por tus palabras —digo en tono duro. Dorothy ha dado en el clavo en todo lo que ha dicho, nunca he sentido nada parecido por ninguna otra mujer, aunque no pienso reconocerlo en voz alta y menos delante de ella—. Ahora, vete a llevarle el móvil.

La mujer coge el teléfono que le tiendo y lo mete en su bolso. La sigo hasta la puerta y, justo antes de salir, se gira y apoya su mano en mi brazo.

—Ten cuidado, Ethan —me pide.

—Siempre lo tengo.

Observo cómo da pasos inseguros al bajar las escaleras, quizá tenga razón y tengo que mudarme a una casa con ascensor.

Cierro la puerta y vuelvo a mi habitación.

Tengo que solucionar esta mierda como sea.

Siempre he sido cuidadoso con estos temas, me deshago de los cuerpos sin dejar rastro.

¿Qué cojones ha pasado? Las advertencias de Anya y Bob vuelven a mi cabeza: Estás distraído, Ruso.

—Me cago en todo —casi grito.

Respiro hondo un par de veces y decido actuar con la mente fría. Como he hecho siempre. Como debería seguir haciendo a partir de ahora.

Primero llamo a Bob.

—Os quiero en media hora en el club —ordeno en cuanto descuelga.

Después saco el móvil prepago y envío un mensaje a Miller:

Aserradero. Dime una hora .

Entro en la ducha algo más calmado, me visto y pongo rumbo al club.