Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 18 #2
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CAPÍTULO 18 #2

Me lanzo de nuevo a sus labios y seguimos besándonos como si el mundo estuviera acabándose ahí fuera; ciertamente lo parece. Con cada rayo, la luz del baño parpadea sumiéndonos en una penumbra momentánea que no hace sino aumentar mi deseo.

Ethan me deja en el suelo y sube más mi vestido. Una de sus manos sube por el interior de mis muslos y se detiene de golpe.

—No me jodas que no llevas bragas —dice con media sonrisa y comienza a acariciarme entre las piernas.

—Se marcan con este vestido —respondo.

Parece mentira que unas manos tan rudas puedan provocar tanto placer. Yo llevo una mano a su cuello para apartarlo un poco de mí y no puedo evitar soltar un jadeo.

—Joder… —Ethan me mira fijamente mientras sigue tocándome—. ¿Quieres que siga?

Yo asiento y él se lleva las manos al bolsillo para sacar un preservativo. Mientras tanto, le desabrocho los pantalones para liberar su erección. Me muerdo el labio inferior y lo miro con deseo.

—Fóllame, Ethan.

Él me sonríe, se pone el condón y vuelve a alzarme con una mano. Con la otra, coge su miembro y lo coloca en mi entrada. Vuelve a besarme y se introduce en mi interior de golpe.

—Dios, qué ganas tenía.

—No tantas como yo, rubia.

Ethan me embiste una y otra vez sin detenerse, hasta que una oleada de inmenso placer me recorre entera y me derrumbo en sus brazos. Él no tarda en seguirme.

Nos quedamos así algunos minutos, recuperando el aliento.

Ethan sale de mi interior y me deposita en el suelo.

Se quita el preservativo y vuelve a colocarse la ropa.

Yo sigo pegada a la pared, sin saber muy bien qué va a pasar ahora o cómo va a reaccionar él.

Me mira y se acerca a mí, pasa su pulgar por mi labio inferior, limpiando con delicadeza el rastro de carmín corrido.

—Mírame, rubia —susurra.

Yo le obedezco. Su mirada es la de alguien que lleva meses esperando esto, cruda y vulnerable. Con un movimiento casi tierno, me aparta el pelo de la cara, deteniéndose a acariciar algún mechón.

—Ethan, esto que ha pasado… Madre mía, tenía tan claro que no podía volver a repetirse lo de las cabañas…

—No te atrevas a pensar o insinuar que esto ha sido una cagada o consecuencia de un calentón; esto es lo más real que he hecho en mi vida.

—Me da un beso rápido antes de separarse de mí y dirigirse a la puerta—.

Ahora arréglate un poco antes de volver con tus amigos, no quiero que nadie se dé cuenta de lo que acaba de pasar.

Sale del baño y cierra con suavidad la puerta.

Yo me acerco al lavabo y me miro al espejo: tengo el pintalabios hecho un desastre y el pelo alborotado, pero los ojos me brillan como hacía meses que no lo hacían.

Me paso los dedos por los labios, todavía hinchados, y sonrío.

Ethan tiene razón: esto no ha sido un error ni un calentón de una noche.

Este ha sido el mayor acierto de mi vida.

Respiro hondo, termino de arreglarme y salgo del baño para reunirme con mis amigos. Toby se acerca a mí en cuanto me ve llegar, parece preocupado.

—He ido a buscarte. ¿Ha ocurrido algo? ¿Estás bien?

—Perfectamente, gracias. —Dios, qué pesado es—. Tenía un poco de calor, eso es todo.

Caroline, que me conoce mejor que nadie, me mira y, al ver que le hago un gesto para que disimule, intenta quitar hierro al asunto.

—Normal que tuvieras calor —dice—, la temperatura aquí es insoportable.

—A mí no me lo parece —opina Toby—. Por un momento he pensado que habías tenido algún problema con ese criminal. ¿Te ha amenazado?

¿Amenazado? Si el pobre Toby supiera…

—No. No me he cruzado con él.

—Menos mal —sigue Toby—. Es verdaderamente peligroso y no me gustaría tener que enfrentarme a él. No quiero montar un numerito, prefiero que cometa un error y verme con él en comisaría.

—No te preocupes —lo tranquilizo.

—En algún momento cometerá un error e iré a por él sin piedad —repite—. Me encantará encerrarlo.

—No sé si saldrías bien parado —respondo con tono seco—. Solo hay que ver la diferencia física entre los dos. Apuesto a que te machaca sin despeinarse.

—¿Machacarme? —Toby se envara—. Ya querría verle yo enfrentándose a mí cuerpo a cuerpo.

—Qué bien tener la autoestima tan alta —le digo con una sonrisa.

—¿Alguien quiere tomar algo? —pregunta Gates intentando aligerar la tensión. Solo Jackson le responde.

—Yo me voy a ir ya. Estoy agotada y he pasado aquí bastante rato teniendo en cuenta que ni quería venir ni buscaba una cita.

Toby trata de disculparse.

—No quería que te sintieras incómoda. ¿Te acompaño a casa?

—No, por Dios. Puedo ir sola, gracias.

Le doy la espalda para despedirme de mis amigas, que me miran con semblante preocupado.

—¿Seguro que vas sola? —pregunta Minerva—. No me cuesta nada acompañarte.

—De verdad que voy sola. Vivo aquí al lado.

Me despido y salgo del bar. Necesito aire y poner distancia si no quiero acabar estrangulando a Toby. ¿A santo de qué venían esos comentarios? ¿Querría impresionarme? Si yo misma he visto que casi se caga encima cuando ha visto entrar a Ethan.

Camino a paso ligero, la calle está vacía y solo se escucha el ruido de mis tacones golpeando el suelo mojado. La lluvia ha dado una tregua, espero que no empiece a llover antes de llegar a casa.

Me detengo de golpe a unos minutos del bar: apoyado en un coche negro y bajo la luz de una farola está él, con sus ojos azules, su pelo rubio corto, su postura aparentemente relajada.

Mi corazón se detiene y las mariposas del estómago empiezan a revolotear.

Cuando me ve, tira al suelo el cigarro que estaba fumando y me sonríe.

—No son horas de andar sola por la calle, rubia —me dice sin moverse de donde está—. Puedes encontrarte con alguien peligroso.

—¿Más que tú? No tengo miedo —respondo acercándome a él—. ¿Qué haces aquí? Tendrás mil asuntos de los que ocuparte.

—Solo quería comprobar lo caballeroso que era el poli, pero ya veo que te ha dejado ir sola a casa.

—Ha querido acompañarme, pero le he dicho que no. No necesito escolta, Ethan.

—No lo dudo, pero sube al coche. Te llevo a casa —ordena.

—Prefiero ir andando. Vivo muy cerca —lo provoco.

—Pues voy contigo.

Recorremos el camino hasta mi casa en un silencio cómodo; yo estoy como en una nube y no siento frío, aunque debo de haber temblado porque Ethan pasa uno de sus brazos por mis hombros.

—Tenías que haberme dejado traerte en coche.

—Prefiero esto —susurro acercándome más a él.

Me suelta al llegar a mi portal y nos quedamos uno frente al otro, sin saber muy bien qué hacer. ¿Lo invito a subir? ¿Me despido sin más?

—Pues… gracias por acompañarme.

—No me quedaba tranquilo si no te acompañaba.

—Gracias de todas formas.

Ethan no se mueve, pero se pasa la mano por la nuca. Por primera vez desde que lo conozco parece no tener un plan. ¿Pongo nervioso al hombre más letal del pueblo? La adrenalina todavía me corre por las venas, así que decido hacer algo que no haría en otro momento: tomar la iniciativa.

—Bueno, ¿qué? —suelto, ladeando la cabeza.

—¿Qué de qué? —gruñe, aunque no suena a amenaza, parece más bien confuso.

—¿Vas a besarme? —pregunto con una seguridad que me sorprende.

Él suelta un suspiro y sus manos buscan mis mejillas.

—Eres un problema, rubia —susurra—. Vas a ser mi ruina.

Sin darme tiempo a replicar, me besa. Me aferro a su sudadera con fuerza, confirmando lo que he sentido antes: que él es el mayor acierto de mi vida.

Algunos minutos después, se separa de mí a regañadientes y yo estoy a punto de preguntarle si quiere subir, pero la aparición de un rayo y el consiguiente trueno rompen la magia del momento.

—Venga, sube antes de que empiece la tormenta.

Vuelvo a agarrarle de la sudadera para darle un último beso. Creo que soy adicta a este hombre.

—¿Me llamarás? —pregunto cuando estoy a punto de entrar en mi portal.

—No lo dudes —me guiña un ojo antes de girarse y poner rumbo a su coche.

Entro al portal y subo en ascensor hasta mi piso. Empieza a diluviar en cuanto cierro la puerta de casa.