Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 7
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CAPÍTULO 7

Erin

Cuando mis estúpidos pies se dignan por fin a ponerse en marcha, vuelvo a la oficina hecha una furia. Cierro la puerta con un golpe y lanzo la bolsa de la ferretería al suelo.

—¿Qué te pasa? Das miedo.

—Me pasa que soy idiota. —Minerva se queda en silencio, así que aprovecho para soltar toda mi rabia—.

Volviendo de la ferretería he visto a… lo he visto en la acera de enfrente y he tenido la idea horrible de quedarme paralizada mirándolo como una vulgar acosadora o una adolescente en celo, aprovechando que él no estaba mirando.

—¿Te refieres a…?

—Sí, a ese mismo. Y ¿sabes qué es lo peor? —Minerva intenta hablar, pero no la dejo—. ¡Que me ha pillado!

—No veo cuál es el problema. Tú le gustas y él te gusta. Sabías que, si te parabas a mirarle, él podía pillarte. Igual, inconscientemente, era lo que querías.

—Por Dios, Minerva, no me hables más.

Mi amiga suspira, pero no dice nada. Pasamos el resto del día trabajando en silencio y a media tarde, con la oficina casi lista, nos vamos.

Al salir, paso por el supermercado a comprar algo de cena porque también tuve la horrible idea de organizar un picoteo de inauguración en mi piso. Menos mal que invité solo a mis dos amigas.

Estoy decidida a no darle más importancia al incidente de esta mañana. Me ha pillado, vale. No pasa nada.

***

Ignoro la cara de circunstancia con la que llegan Minerva y Caroline a mi casa.

—¡Bienvenidas! —chillo con alegría—. Tengo picoteo y vodka.

—¡Qué bien! —responde Caroline igual de entusiasmada que yo—. Nos hará falta.

Cenamos mientras hablamos de temas de poca importancia hasta que, al tercer vodka, Minerva suelta la bomba.

—Chicas, me caso con Gates.

Me lo temía, aunque no por eso la noticia me causa menos impacto. Me parece bastante precipitado, pero si ella es feliz así… ¿Quién soy yo para juzgarla?

—Me parece un poco pronto —opina Caroline—, pero me alegro mucho.

—Es el amor de mi vida. No queremos esperar más. Sé que os parece precipitado; llevamos poco tiempo juntos y no hace tanto que me divorcié de Erick, pero soy tan feliz…

—No se hable más entonces —digo—. Oye, nos tendremos que ir de despedida de soltera, ¿no?

—Sobre eso… —Minerva se pone nerviosa y yo tensa—. Había pensado celebrar la despedida en el Club Urano, está cerca del pueblo y hay espectáculos de striptease … Pero, si no quieres, cambio de sitio —se apresura a aclarar.

—¿Por qué no iba a querer? —salto a la defensiva—. El local es gigante y, que yo sepa, no tengo la entrada prohibida.

—Todo lo contrario —murmura Caroline.

Minerva suelta una risita que disimula con una tos.

—¿Perdona? ¿Has dicho algo? —Las dos se miran incómodas y decido que ya es hora de hablar claro—. Si queréis decirme algo, me lo decís. Aclaramos las cosas y seguimos con nuestra vida.

—Vale, pero déjanos hablar antes de enfadarte. —Bufo y me cruzo de brazos—. Que quede claro que no defiendo el… el oficio del Ruso.

—Yo tampoco —coincide con ella Minerva.

—En esas cabañas te dije varias veces que ese hombre era muy peligroso y que no te acercases a él, pero no me hiciste caso. Después tuvimos la desgracia de verlo en acción, pero tengo que reconocer que te miraba de una manera… y tú estabas tan feliz…

—Eso ya me lo has dicho y yo te he explicado que lo de las cabañas no era la vida real —la corto—. Ya le dije a él al volver que no quería nada más y, por lo que se ve, él también pasa de mí.

—Minerva ya me ha contado lo de esta mañana. —Maldita chivata. Le lanzo una mirada asesina a mi secretaria y ella baja la cabeza—. ¿Qué es lo que realmente te molesta? ¿Que te hayas quedado embobada mirándolo o que él haya pasado de ti?

Odio que Caroline me conozca tan bien. Miro a mis amigas durante unos minutos y, al final, me derrumbo y suelto todo lo que llevo reteniendo estos días.

—¿No se supone que no cumple órdenes de nadie? —estallo—. Si yo le gustaba tanto como me decía, ¿por qué no insistió más? ¿Por qué hoy apenas me ha saludado? ¿Por qué el muy imbécil se ha comportado como si no me conociera?

—Pues porque se lo pediste tú y por alguna extraña razón a ti te hace caso —responde Caroline.

—Según tengo entendido —interviene Minerva y yo le doy un trago a la bebida—, tuviste un flechazo al verlo y él también.

Os acostasteis varias veces, él apareció en la cabaña de Dorothy buscando a Donald, asesinó al exmarido de Caroline que también era su abogado, casi corta un dedo a Abigail y, al final, se llevó a Donald para tenderle una trampa a otro mafioso.

Todo eso te pareció tan normal y te diste cuenta del horror al alejarte de las cabañas.

—Suena raro, pero fue así.

—Él se puso en contacto contigo y le pediste que te dejara en paz.

—Así fue, sí.

—Tal y como lo cuenta —interviene Caroline.

—Has vuelto y él no te ha molestado —prosigue mi amiga y yo asiento con la cabeza—. Entonces, ¿cuál es el problema?

—El problema es —sale Caroline en mi ayuda al ver que yo no sé qué decir y que no me atrevo en poner en palabras lo que realmente siento— que ella esperaba una reacción más salvaje y pasional por su parte y que está descolocada porque él no la busca.

—Eso mismo. Gracias, Caroline. —Subo las piernas al sofá y me hago un ovillo—. Estoy fatal, ¿no?

—Cosas más raras se han visto —me sonríe ella con ternura—. Tampoco sería tan malo que te dejases llevar un poco, ¿verdad, Minerva?

—Lo que quiere decir Caroline es que puedes ser más flexible contigo misma. Si no quieres tener más trato con él, nos parecerá bien; pero tampoco te castigues por lo que hiciste.

—Todo eso suena muy bonito, chicas, pero os olvidáis de que yo soy abogada y él, el mafioso del pueblo. Lo nuestro es imposible, se mire por donde se mire. Así que nada… Tema zanjado.

Me levanto del sofá y comienzo a recoger las cosas, la charla con mis amigas me ha dejado muy revuelta y ha sembrado en mí un resquicio de duda.

Ya no estoy tan segura de que mantenerme alejada de Ethan sea lo mejor.

Sí, es un criminal, pero nunca me hizo sentir miedo en su presencia, siempre me sentí a salvo.

Sacudo la cabeza. Estoy volviéndome loca, será la abstinencia sexual.

Sí, seguro que es eso. No puedo sentir algo más profundo hacia un mafioso, ¿no?