Cuentas pendientes (Misterio en Heatherville: Spin off) CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

Erin

Para cuando aparco debajo de mi nueva oficina es casi la hora de cenar, pero me obligo a mí misma a subir las cajas con los documentos porque no me quiero arriesgar a dejarlos toda la noche en mi coche.

La inquietud que me ha acompañado durante todo el trayecto está ahora multiplicada por mil e intento tranquilizarme a mí misma: si no me he cruzado con él ninguna de las veces en las que he venido al pueblo, ¿por qué iba a tener que verle ahora?

Me estoy obsesionando y eso no es bueno.

Tengo que meter su recuerdo en una cajita de mi cerebro y cerrarla para siempre: Ethan Davenport no existe para mí.

Ahora solo tengo que creérmelo.

Desciendo del coche y un escalofrío recorre mi espalda: alguien me está observando.

Me giro con rapidez, pero la calle está desierta a estas horas; en cuanto las temperaturas bajan un poco, la gente suele irse temprano a su casa a resguardarse del frío.

Subo todas las cajas al despacho y las dejó allí de cualquier manera, ya tendré tiempo de ordenarlo todo mañana.

Un rato después estoy tocando el timbre del apartamento que comparten Jackson y Caroline.

Es ella quien me abre la puerta con el pelo despeinado y vestida con un chándal.

Si es que no podemos ser más diferentes; mientras que ella es neurótica, descuidada y desorganizada, yo soy todo lo contrario: me encanta tenerlo todo en orden, cuido mi aspecto hasta el último milímetro y soy muchísimo más impulsiva que ella, rasgo del que a veces no me siento demasiado orgullosa, dado el cariz que ha tomado mi vida últimamente.

—¡Dos meses sin vernos es muchísimo tiempo! ¡Qué bien que ahora vienes para quedarte! —me chilla al oído mientras me da un larguísimo abrazo.

—Caroline, tía, que tampoco he estado en la guerra —me río—. ¿Dónde está el macizorro?

Caroline suelta una carcajada divertida.

—Preparando la cena y, antes de que preguntes: no, no está en calzoncillos.

—¡Qué decepción!

Nos echamos a reír y me lleva a la cocina, separada del salón por un mostrador de granito.

—Aquí llega la que faltaba —me saluda Jackson y se acerca a darme dos besos—. Te pido por favor que no lleves por el mal camino a Caroline.

—¿Por quién me has tomado? Te la robaré solo alguna noche para irnos de fiesta. He madurado y ya no soy aquella chica alocada y enamoradiza que conocías.

Jackson y Caroline se miran de reojo y ella carraspea antes de hablar. Sospecho que lo que va a decirme no me gusta.

—Respecto a eso… Jackson y yo estamos muy preocupados por ti y lo que pasó en las cabañas. Desde que volvimos de allí te pusiste muy rara y bueno…

—Fue el shock del momento al darme cuenta de que me había acostado con un criminal, pero lo he superado. Intentó ponerse en contacto conmigo alguna vez, pero le dejé claro que estaba centrada en el trabajo y que no tenía tiempo para hombres. Y menos para hombres como él. Que soy abogada, por Dios.

—Y… ¿y no te ha vuelto a llamar? —Parece que mi amiga no se cree del todo mi historia.

—No, claro que no. Respetó mi decisión y punto. —No quiero hablar más del tema y tampoco me gusta cómo se miran estos dos, así que decido hablar de otras cosas—. ¿Cenamos? Me tenéis que poner al día de vuestras cosas.

—No tenemos muchas novedades —me dice Caroline yendo hacia la mesa del salón donde vamos a cenar—. El pueblo está bastante tranquilo. Donald está en la cárcel, Dorothy sigue con Carl, las cabañas vuelven a funcionar como siempre…

—Mejor entonces. No necesito sobresaltos. Mañana temprano he quedado con Minerva en la oficina, me va a ayudar a colocarlo todo.

—Minerva está como loca con su nuevo trabajo y su novio. No me extrañaría que anunciase su boda en cualquier momento.

—¿Boda? —Casi me atraganto—. ¡Pero si se divorció hace nada y lleva menos de un año con Gates!

Minerva, además de ser mi nueva secretaria, es nuestra amiga de la infancia.

Pasó trece años casada con Erick y se divorció hace poco.

Cuando Caroline organizó en el bar que hay junto a su librería una noche de citas, conoció a Gates, policía y compañero de trabajo de Jackson, y parece que ahora se quiere casar con él.

—No sé, estará muy enamorada —responde Caroline encogiéndose de hombros.

La velada transcurre sin mayor novedad y, a una hora prudente, me despido para irme a mi casa.

—Es bastante tarde ya y mañana madrugo. Tengo que colocarlo todo bien en el trabajo para poder abrir cuanto antes y tengo que adecentar también la casa, que lleva mucho tiempo vacía y no tengo ni comida.

—Hoy por la tarde he estado yo y he encendido la calefacción para que por lo menos esté templada cuando vayas. La cama también te la he dejado hecha.

—Eres un sol. —Abrazo a mi amiga y al policía y voy a salir de su casa justo cuando Jackson me detiene—. ¿Pasa algo?

—No, solo que prefiero acompañarte al coche. Es muy tarde.

Caroline me sonríe de manera forzada y desaparece en la cocina, con la excusa de fregar los cacharros. El comportamiento de estos dos me parece muy extraño, pero no digo nada y dejo que Jackson me acompañe al coche. Me arrepiento en cuanto empieza a hablar.

—Sé que no quieres sacar el tema y que dices que has superado lo del Ruso, pero ten mucho cuidado. Su mundo es muy peligroso y no me gustaría que tuvieses problemas.

—No sé cuántas veces voy a tener que repetir que paso de él —le digo en tono brusco—. Cometí un error en las cabañas, varios errores para ser honesta, pero no va a volver a pasar. Acababa de romper con Josh, hacía mucho calor, estaban pasando cosas muy raras…

—Solo nos preocupamos por ti, Erin.

—Y os lo agradezco, de verdad. Pero soy mayorcita, sé lo que hago. Buenas noches, Jackson.

Me subo al coche y arranco, dejándolo en la acera. Tengo claro que lo que pasó en verano no puede volver a ocurrir, pero ¿qué pasará si lo vuelvo a ver? ¿Cómo reaccionaré?