Cuenta atrás para salvarte Capítulo 20 #2
87%

Capítulo 20 #2

Pienso que me sabe mal no saber cómo se llama la madre de Cameron.

Él me importa mucho, estoy bastante convencida de estar enamorada de él, y creo que debería saber el nombre de su madre.

Su madre… Las dudas de antes regresan. ¿Por qué su madre es la que está aquí, preguntando por el diario de Julieta? No tiene sentido.

—Creíamos que vendría Eduardo —murmuro.

Ella se queda un momento inmóvil. Me cuesta interpretar su expresión. Creo que primero está confusa. Después, preocupada.

—¿Qué significa eso? —dice al fin.

Esa vocecita que intenta hacerse escuchar desde el fondo de mi cabeza me recuerda que debería estar luchando por mi vida, ¿no?

Porque, si esta mujer ha aparecido por aquí preguntando por el diario y me ha drogado, es razonable pensar que no pretende dejarme viva.

Por desgracia para la vocecita, no consigo reaccionar ante esa certeza.

Es como si mi cerebro ya no supiera determinar el orden de importancia de las cosas.

Es extraña esta sensación en la que todo ha perdido importancia, a pesar de que, en el fondo, sabes que no debería ser así.

Así que, ordenando mal mi lista de prioridades, contesto a su pregunta.

—Cameron le habló del diario a Eduardo. Pensamos que vendría él.

—Anoche Eduardo me contó a mí lo del diario.

Parpadeo, confusa. ¿Eso significa…?

—Pensamos que solo lo había hecho Eduardo —farfullo.

—¿El qué?

Cada segundo que pasa me siento más cansada, me cuesta más hablar. Sé que no debería dormirme, pero qué más da. Solo quiero cerrar los ojos y…

Un golpe en la mejilla me despierta. Descubro que tengo a la madre de Cameron de cuclillas a mi lado. Debería aprovechar para abalanzarme sobre ella, pelear por escapar de aquí, ¿no? Pero estoy tan agotada…

—¿A qué te refieres? —me dice—. ¿Qué crees que ha hecho Eduardo?

—Cameron y yo… creíamos que él… mató a Julieta. Y a Izíar.

Ella se alarma.

—¿Cameron cree que Eduardo las mató?

—¿No fue él?

—Claro que no. Él no sabe nada.

Habla como si la idea de que Cameron piense que su padre es un asesino la horrorizara.

Entonces me doy cuenta de que no es eso, sino que se está dando cuenta de que Cameron sabe.

Sabe que alguien mató a Julieta, alguien de su familia.

En estos momentos cree que fue su padre, pero es cuestión de tiempo que se entere de la verdad.

La verdad… Me pregunto cómo hemos podido equivocarnos tanto.

Bueno, en realidad no íbamos tan desencaminados.

Al fin y al cabo, sigue siendo cierto que el asesino vivía bajo el mismo techo que Cameron.

Pero, desde que unimos la pista del coche azul con la del coche de la línea roja…

Ah, ahí está nuestro error. Resulta que, al final, Julieta sí que tenía motivos para dudar de sí misma.

Se confundió. Desde el principio creyó que el asesino era un hombre, pero era una mujer.

El alcohol, la pastilla que había tomado…

Fueron suficientes para una equivocación que nosotros arrastramos.

Fue la madre de Cameron. Ella sola. Pero… si Eduardo no sabe nada de todo esto, entonces ¿por qué la madre de Cameron las mató? ¿Y cómo descubrió que Julieta era la testigo del asesinato de Izíar?

—¿Por qué las mataste?

De repente, parece enfadarse. A sus nervios se les han sumado alarma y contrariedad. Es como si nada estuviese sucediendo según lo que había previsto. Pues mira, ya somos dos.

—Chica, ya está bien de hablar. ¿Ves esto? —Me muestra la jeringuilla con la que me ha inyectado la droga. Todavía hay líquido dentro, llega más o menos por la mitad—. Si no me dices dónde está el diario, tendré que metértelo todo. Y entonces no podrá salvarte ningún médico.

—¿Me llevarás al médico?

—Sí, claro que sí. —Fuerza una sonrisa y una expresión amable, pero sé que miente… y no consigo que me importe—. Venga, cuéntamelo.

—Cameron lo envió justo ayer por correo. A los padres de Julieta.

—¿Qué?

—Y grabamos un vídeo contando todo. Pero creíamos… que fue Eduardo. Lo recibirá mucha gente.

No añado más porque me he quedado agotada solo por decir esas pocas frases. La madre de Cameron parece horrorizada. Se pone de pie y se lleva las manos a la cabeza.

—¿Qué habéis hecho?

Estoy tan atontada que por un momento pienso que me está pidiendo que se lo vuelva a contar.

Después, mi cerebro medio dormido procesa que no, que solo está consternada.

Poco a poco, voy teorizando sobre por qué mató a Izíar.

¿Fue «solo» porque tuvo un lío con Eduardo?

¿O fue porque se enteró de que era una periodista que pretendía destapar los trapos sucios de su marido?

Quizá fue una mezcla de ambas cosas… En cuanto a Julieta, no sé cómo la descubrió, pero es evidente que se quitó de en medio a una testigo indeseada.

Y ahora pretendía hacer lo mismo conmigo, y luego…

¿De verdad creía que un nuevo suicidio o asesinato no iba a convertir la situación en insostenible?

Aunque da igual lo bien o mal pensado que estuviese su plan, porque Cameron y yo se lo hemos dinamitado. Esto va a explotar. No sé si culparán de las muertes a Eduardo o a ella, o quizá a ambos, pero habrá consecuencias graves.

La madre de Cameron me mira como si no supiese qué hacer, ni consigo misma ni conmigo. Parece una leona asustada, a punto de echarse a llorar. Por un momento da la sensación de que va a rendirse. Pero la indecisión dura menos que un parpadeo. Carraspea y se obliga a recomponerse.

—Tenemos que irnos. —Se me acerca—. Ponte en pie.

—No. —Me sale como si fuese una niña pequeña, pero es que sé que irme con ella no es buena idea.