Cuenta atrás para salvarte Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

—En el diario hablaba de vosotros dos y… —empiezo a decir, pero me interrumpo porque no creo que sea buena idea seguir por ahí—. Siento mucho no habértelo contado hasta ahora, Cameron. No sabía en quién podía confiar y… Lo siento.

—¿Por eso te acercaste a mí? ¿Porque… porque querías averiguar si yo maté a Julieta? ¿Por eso has pasado todo este tiempo conmigo? —estalla Cameron.

Y es esa mezcla de sorpresa absoluta e indignación la que me convence al fin, sin fisuras, de la inocencia de Cameron. La primera preocupación de alguien culpable habría sido averiguar si el diario contaba algo que pudiese perjudicarlo.

Hago un gesto suplicante con las manos para que se calme. Sé que le pido mucho, pero necesito que me escuche.

—Cameron, no he fingido nada —aseguro, mirándolo a los ojos.

Es la verdad, necesito que lo comprenda.

También que me comprenda a mí, así que sigo hablando—: Al principio ni siquiera sabía si era real.

Después no sabía en quién podía confiar, porque Julieta no se lo contó a nadie y…

—Me doy cuenta demasiado tarde de lo que estoy diciendo.

Un destello de dolor cruza la expresión de Cameron—.

No te lo contó porque dudaba de sí misma y no quería perderte.

Mis palabras no consiguen lo que yo buscaba. Con cada sílaba que he pronunciado, Cameron parecía más incrédulo, más dolido. Me mira como si no me conociera.

Sabía que contarle esto no sería fácil. Suponía que se enfadaría, porque tiene motivos. Lo que no me esperaba era que verlo mirarme así doliera tanto. Y es en este momento, cuando veo que he perdido a Cameron, que me doy cuenta de que estoy enamorada de él.

La revelación es como recibir un golpe en el pecho. Por un momento me quedo sin aire y siento que me rompo en pedazos.

Los ojos me escuecen, pero parpadeo rápido varias veces.

No tengo ningún derecho a llorar.

—Lo siento, Cameron. En el pueblo nadie hablaba demasiado y… No he sabido hacerlo de otra manera.

—Dame el diario —exige, dejando claro que mis disculpas y explicaciones no le importan lo más mínimo.

—No. —Es el «no» más difícil que he pronunciado nunca.

—¿Disculpa?

—Quiero estar a tu lado cuando leas el diario. No será fácil para ti. No creo que debas estar solo.

Cameron resopla, una media risa carente de humor y llena de desdén.

—¿Vas en serio? ¿Ahora quieres apoyarme? Ya ni siquiera puedo mirarte a la cara.

Retrocedo un paso porque es como si me hubiese abofeteado. Podría volver a intentar defenderme, pero sé que no serviría de nada. Además, puede que él no me esté comprendiendo a mí, pero yo sí que lo comprendo a él. Si yo estuviese en su situación, también estaría furiosa.

A pesar de todo, no voy a ceder con lo de entregarle el diario. Sigo pensando que dejarlo que lo lea solo es un error.

—Todo el tiempo que hemos pasado juntos, todo lo que me has ayudado estas semanas, ha significado mucho para mí. Eso no lo dudes, por favor —digo con la voz un poco temblorosa—. Voy a regresar a la cabaña. Sé que no es fácil para ti entrar allí, pero, cuando quieras leer el diario, te espero ahí.

Le doy la espalda y emprendo el camino de regreso sin darle tiempo a contestar.

Cuando no oigo que sus pasos me sigan, no sé si sentirme aliviada o preocupada.

Mi intención es darle espacio y tiempo para que se tranquilice, pero quizá me sale mal.

Quizá no sirva para nada. O quizá solo consigo enfurecerlo más.

Unos minutos después, entro en la cabaña.

Me espero un momento en la puerta, pero Cameron no aparece.

La cierro… y me quedo sin saber qué hacer.

En realidad, solo tengo una opción: esperar mientras cruzo los dedos.

Si Cameron aparece exigiendo que le entregue el diario, me quedaré hecha polvo, pero tendré que ceder.

No solo porque quiero estar a su lado cuando lo lea, también porque no sabría qué pasará después.

Me cuesta explicarlo, pero siento que sería una forma simbólica de tener que dejar ir a Julieta.

Nunca la conocí, pero sería como perderla.

Pasa algo más de una hora durante la que espero sentada en el sofá o caminando arriba y abajo por el salón. He debido de sentarme y levantarme unas veinte veces. Soy incapaz de hacer otra cosa.

Entonces, a través de la ventana, veo una figura que se acerca. La reconozco al instante.

Cameron.

Ni siquiera intento mantener un poco de dignidad u orgullo.

Corro hacia la puerta y la abro de golpe, y me quedo en el umbral, expectante.

Él sube las escaleras y aguarda en el porche.

Está más tranquilo, pero todavía parece molesto, como si tuviese un conflicto consigo mismo.

Me observa unos instantes, como si eso pudiese ayudarlo a acabar de decidirse.

Me obligo a ser paciente, pero la espera me está matando.

—Si hago el esfuerzo de ponerme en tu lugar, supongo que entiendo por qué lo has hecho. Pero, Maia, joder… —Se frota los ojos y el rostro con fuerza, como si fuese un intento de aliviar la rabia—. Ya no sé si tengo que enfadarme contigo o con el hijo de puta que ha causado todo esto.

Aprieto con fuerza la mano que tengo apoyada en el marco de la puerta para no correr a abrazarlo. Eso lo asustaría. Y posiblemente lo animaría a salir corriendo. Pero no puedo evitar sentirme un poco esperanzada.

—Averigüemos juntos quién es ese hijo de puta —propongo.

Todavía no se lo he dicho a Cameron, pero estoy convencida de que se trata de uno de los colegas de Lucas de la plantación.

Solo tenemos que encontrar la manera de demostrarlo.

Tal vez debamos recurrir a Lucas para conseguirlo.

No sé cómo lo convenceremos, pero habrá que buscar la manera.

La expresión de Cameron se suaviza. Suspira. Después pasea la mirada por la cabaña.

—Es cierto que me cuesta entrar aquí. Julieta y yo… Sabes que esta cabaña es de sus padres, ¿no? —Cuando asiento, continúa—: Ella a veces cogía las llaves, cuando sabía que no había nadie. Me invitó varias veces.

Puedo imaginar sin problemas qué hicieron esas veces que estuvieron aquí. Me parece lo más normal del mundo, pero no me apetece pensar en ello. Lo que hago, en cambio, es salir para situarme a su lado y le ofrezco la mano para que entremos juntos.

Tras un momento de duda, me la coge.

Entramos y lo guío hacia la mesa para que se siente en una silla.

—Voy a buscar el diario —susurro.

Asiente, y solo entonces me suelta la mano.

Subo al piso de arriba y rescato el diario de su escondite, tras la cajonera del armario.

Me quedo un momento ahí de pie, acariciándolo.

Una vez lo haya terminado de leer, sé que tendrá más sentido que se lo quede Cameron.

Tiene todo el derecho del mundo a pedírmelo.

Así pues, no puedo evitarlo, siento que esto es una despedida.

Vuelvo a notar la presencia de Julieta en la habitación, como si estuviese observándome.

Espero que le parezca que estoy haciendo lo correcto. Yo creo que sí.

Lo ojeo, haciendo pasar las páginas por última vez. Van tan rápido que casi no lo veo. Dos páginas que parecen despegarse de golpe.

Me detengo de forma brusca.

Retrocedo hasta el punto donde me ha parecido verlo.

Sí, ahí está. Parece que dos páginas se habían quedado pegadas por el borde.

Son del fragmento que se estropeó con el agua, así que me llevo una buena sorpresa cuando, al acabar de separarlas, puedo leer con claridad varias frases de una entrada que hasta ahora me había pasado desapercibida.