Cuenta atrás para salvarte Capítulo 10
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Capítulo 10

Creo que sé quién es la mujer a la que vi cómo estrangulaban.

Una periodista, se alojaba en un hostal de Sallén.

Pero la encontraron a treinta kilómetros de aquí.

No sé… ¿Y si no tiene nada que ver? ¿Y si solo es casualidad?

Sigo sin saber si me lo imaginé y me estoy volviendo loca o si fue real.

Pero es que, aunque se lo cuente a alguien, ¿quién me va a creer? ¿A mí?

Está Cameron, pero tengo tanto miedo de perderlo…

Sé que él me creería e intentaría ayudarme, pero entonces todo el mundo se enteraría de lo nuestro y será un circo.

Nuestros padres se enfadarán, seguro que papá y mamá me prohibirán verlo más.

Y fijo que todo el mundo le preguntará qué hace saliendo conmigo cuando podría estar con alguien mejor.

Todo el mundo sabe que él y Sofía se han enrollado varias veces, incluso es raro que no hayan llegado a salir nunca.

No sé qué hacer. No quiero perderlo.

Sé que está preocupado por mí porque

No consigo leer nada más. Me he llevado una decepción porque de entrada he pensado que Julieta había identificado al asesino. Al menos ahora sé que llegó a descubrir lo de Izíar Garrido. Diez días después de que sucediera, seguía teniendo dudas de si se lo había imaginado o no.

Sigo pensando que es todo demasiada casualidad como para ser una invención suya, pero… Yo qué sé, yo también llevo días llena de dudas.

Al menos sé por qué no confió en Cameron.

Me da mucha pena que sintiera que no era suficiente para él.

No sé cómo era su habitación, pero me la imagino escribiendo esas palabras en la cama, de noche, para asegurarse de que sus padres no la descubrían.

Me encantaría decirle a través del tiempo: «¡Qué dices, tía!

Además, él bien que te ha elegido a ti, ¿no? ».

Me gustaría decir que, después de leer esto, me tranquilizo acerca de Cameron. No puedo negarlo, es lo que más ganas tengo que pase. Poder estar con él sin estar pendiente de cada pequeño detalle, dudando de si sospechar de él o no.

Pero no lo consigo, porque ¿y si Julieta al final sí que confió en él y por eso acabó muerta? Esto es una mierda.

Acaricio el diario, las palabras borrosas que acabo de leer gracias a la cámara de mi teléfono. Mi dedo índice se detiene en la palabra que ha terminado siendo un «Sofía».

A mí tampoco me gusta la idea de que ella y Cameron se enrollaran. Ese pensamiento de que quizá Sofía quiere que haya algo más entre ellos regresa a mí, pero la lógica me dice que hay que descartarlo. Hace más de dos años de todo esto, ha pasado mucho tiempo.

Sin embargo, mi cabeza empieza a dar vueltas sin parar.

¿Y si la muerte de Julieta no tiene nada que ver con lo que vio o dejó de ver, ni con Izíar Garrido?

¿Y si es algo relacionado con los líos que había entre ellos?

Bruno parecía perseguir a Julieta, pero ella estaba con Cameron.

Él y Sofía se habían enrollado varias veces, pero Cameron estaba con Julieta.

Es… muy retorcido, pero la situación se les podría haber ido de las manos y…

O simplemente Julieta se hartó de todo, se tiró al pantano y yo veo fantasmas donde no los hay.

Aún necesito respuestas, y sé que por parte de Cameron me va a costar mucho conseguirlas, si es que las consigo algún día.

Se me escapa una mezcla de suspiro y gruñido.

No voy a dejar de verme con él, pero ya sé qué otro paso debo dar y me da una pereza tremenda.

Era un paso lógico desde el principio, pero lo he estado evitando porque significa pasar tiempo con un grupo de gente, en el que además está el imbécil de Bruno.

Pero quizá ellos llegaron a enterarse de algo… o están implicados de alguna manera.

Tengo la suerte de que, a la mañana siguiente, el grupo aparece por la cafetería. Le pido a Amina que me deje su mesa y, cuando ya les estoy dejando el pedido, pregunto:

—¿Estaréis esta tarde en la playa del pantano?

—¡Sí! —se anima Sofía—. ¿Te pasarás?

—Me apetece, sí. —Me siento un poco culpable al mentirle de forma tan descarada. Dedico una sonrisa a Bruno—. No te preocupes, traeré mi propia bebida.

Los otros tres miran a Bruno, acusadores.

—¿Eso es lo que le dijiste? —pregunta Sofía, incrédula, dándole un cachete en el brazo.

—Qué ranciooooo —se burla Lucas.

—Tú sí que sabes hacer amigos —me dice Bruno sin energía, forzando una sonrisa.

—Tengo un buen maestro —replico antes de irme. Oigo que los demás se ríen.

Muy poco después, aprovecho mi pausa de media mañana para escribir a Cameron.

Maia:

Oye, no dijimos nada de esta tarde y quería pasar un rato con Sofía y los otros

Cameron:

Pásatelo bien. ¿Nos vemos mañana?

Maia:

Ok

Ni siquiera me planteo preguntarle si quiere venir. Teniendo en cuenta lo que opinan de Cameron, imagino que la situación sería muy tensa. Él tampoco parece mostrar interés, y lo que me interesa es estar a solas con ellos para sacar en algún momento el tema de Julieta.

Esa tarde, aunque me apetece bastante más pasarla con Cameron a pesar de todas mis dudas, me dirijo a la plaza Mayor y busco en el móvil cómo llegar a la playa de la Calavera.

Está cerca. Solo tengo que salir del pueblo por el otro lado y caminar un par de minutos por la carretera.

Desde ahí sale un sendero que desciende a la playa.

El camino no es exigente, ni siquiera para mi baja forma, pero, mientras me acerco a la playa, me falta un poco la respiración.

Estoy nerviosa. Me detengo un momento, respiro hondo para calmarme y doy los últimos pasos que me acercan al grupo.

Oigo sus voces antes de verlos. Hoy han traído varias tumbonas plegables y parece que me esperaban, porque hay una vacía.

—¡Maia! —me saluda Sofía en cuanto me ve—. Gracias a Dios, alguien nuevo que rompa el aburrimiento.

—Oye, ¿nosotros qué tenemos de malo? —Se ríe Alba.

Sofía entra en una explicación sobre ver siempre a las mismas personas en un pueblo donde no hay nada que hacer. Lucas se cambia de sitio para sentarse al lado de Bruno y me señala su asiento.

—Como tú y Bruno habéis hecho tan buenas migas, mejor siéntate aquí —comenta con ironía.

No digo nada, pero no voy a negar que prefiero no sentarme al lado de ese imbécil. Les muestro lo que he traído: seis cervezas y un Red Bull. Todos (menos Bruno) lo celebran y Alba lo coge todo para guardarlo en la neverita que tienen.

—Bruno, que ha tenido el detalle de traerte un Red Bull —le dice Lucas.

Desde detrás de sus gafas de sol, Bruno me dedica una sonrisa muy poco sincera.

Yo no esperaba que de repente el tío se hiciese amigo mío, pero de verdad que no entiendo qué problema tiene.

Quizá ha captado que lo de traer el Red Bull ha sido un gesto más irónico que amable.

Es decir, es una broma. Pero parece que ni para eso tiene sentido del humor.

—¿Qué tal el curro en la cafetería? —me pregunta Alba cuando ya estoy sentada y me han dado una cerveza.

—Bien. No paro, pero la gente es simpática. Se nota que están de vacaciones.

—Es cierto. Yo he trabajado muchas tardes del año en una cafetería de Zaragoza y no tiene nada que ver con lo de aquí —suelta Lucas.

Con ese comentario, veo una oportunidad para hacerles preguntas. Necesito averiguar todo lo que pueda sobre ellos.

—¿Estudias en Zaragoza? —le pregunto a Lucas.

—Sí, señora. Turismo.

Miro a los demás con curiosidad y Alba cuenta que ella también estudia en Zaragoza, pero Filología Hispánica. Sofía explica que Bruno y ella estudian en Barcelona; él, Administración y Dirección de Empresas en no sé qué universidad privada; ella, Biología.

—¿Y tú? —me pregunta Sofía.

Debería haber previsto que hacer preguntas siempre invita a que también te las hagan a ti. Las manos me sudan un poco mientras busco la manera de contestar sin contar nada.

—Por ahora no. Estoy… En un paréntesis.

Uno que no tengo perspectivas de cerrar, pero eso me lo guardo. No sé si Sofía esconde algo relacionado con Julieta, pero decido que me cae muy bien cuando pilla enseguida que no quiero dar más detalles y cambia de tema. El problema es que, sin saberlo, me hace otra pregunta comprometida:

—¿Qué has hecho hasta ahora por las tardes? ¿No te has aburrido como una ostra?

Me encojo de hombros y carraspeo, intentando disimular.

—Veo la tele, salgo a pasear. Esta zona es muy bonita.

Técnicamente, no he dicho ninguna mentira. Lo único que he hecho ha sido obviar la presencia de Cameron.

—Es cierto que lo es —admite Sofía—. Supongo que nosotros la tenemos muy vista.

—Lucas, acaba de contarnos lo de tu chica —dice entonces Alba.

Él resopla y se pasa la mano por la cara.

—No hay mucho más que contar. Nos enrollamos un par de veces antes de acabar el curso, nos estuvimos escribiendo… Y hace unos días que pasa de mí.

Sofía y Alba hacen una mueca compasiva.

—Pues pasa tú de ella —dice Bruno con desdén, como si la conversación lo aburriera.

—¿Tú la has visto? —pregunta Lucas con los ojos muy abiertos.

Le falta tiempo para buscar una foto en su teléfono y enseñárnosla. Es cierto, la chica es muy guapa.

—Si no tuviese novia ya, yo me enrollaría con ella —comenta Alba.

—Tú sí que sabes. —Lucas sonríe satisfecho.

—¿Tú estás con alguien, Maia? —me pregunta Sofía.

Niego con la cabeza.

—Rompí con mi novio hace un año y medio, y desde entonces nada.

Sofía suspira, desanimada.

—Excepto Alba, los demás podríamos montar el club de los solteros. Qué pena damos.

Me río porque sé que está exagerando, pero Lucas se agobia un poco.

—Me estoy deprimiendo. Vamos a bañarnos.

Sofía, Alba y Lucas se quedan en bañador y se meten en el agua entre risas, empujones y quejas por lo fría que está.

Yo me quedo fuera con la excusa de no haber traído bañador.

Hace calor, pero creo que nunca me apetecerá meterme en el agua de este pantano.

No puedo evitar pensar en Julieta. Nunca encontraron su cuerpo…