Cuenta atrás para salvarte Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

Los siguientes cinco días no me muevo del sofá.

Solo veo la tele, como y duermo. Estoy todo el rato con el mando en la mano, yendo de canal en canal.

Veo programas del corazón. Han vuelto a detener a una vieja gloria del pop por conducir borracha.

Veo documentales de animales. Descubro que el rugido del león puede llegar a escucharse a hasta ocho kilómetros de distancia.

Veo películas malas. Nunca habría dicho que alguien pudiera llegar a actuar tan mal.

Veo las noticias. El mundo se va a pique; otro motivo por el que no moverme de aquí.

También veo el canal de televisión regional.

Descubro que se pueden hacer un montón de excursiones por la zona.

La primera tarde que papá me encuentra en el sofá, se sorprende, pero no le da importancia.

La segunda se da cuenta de que estoy haciendo lo mismo que el último año.

No aparto la mirada del televisor, pero de reojo veo que su rostro se apaga, que todo él se encoge.

La culpabilidad me carcome. Quiero hacerme un ovillo y gritarle que lo siento, que no puedo, pero me quedo tiesa como un palo mirando las noticias locales.

El fin de semana intenta llevarme de excursión. Cuando le digo que estoy cansada, propone ir en coche a una granja quesera cercana. Entonces le digo que no me encuentro bien.

Papá sabe que miento, pero no insiste. Esconde un suspiro de decepción y se pasa el sábado y el domingo trabajando en la mesa de la cocina.

La culpabilidad sigue comiéndome viva, pero soy incapaz de moverme.

El lunes, cuando consigo salir de la cama, me encuentro una nota suya anunciando que hemos vuelto a quedarnos sin comida y que me ha cargado la tarjeta.

No sé cómo lo ha hecho, porque ayer la nevera estaba medio llena y ahora no encuentro nada, ni siquiera para hacerme un triste desayuno.

Aguanto hasta primera hora de la tarde, que es cuando creo que habrá menos gente en la calle, y voy a comprar entonces.

Me sale bien, en el pueblo solo me cruzo con dos personas.

El martes por la noche, papá se va a dormir cuando se termina la película que han puesto, pero yo no tengo sueño y me quedo viendo la tele.

En el canal regional están repitiendo las noticias y hablan de no sé qué batalla legal por la construcción de un hotel en unos terrenos conocidos como El Romeral.

Al principio no le hago mucho caso porque me suena a la típica historia en la que alguien quiere montar un chiringuito para hacerse rico mientras que otros quieren impedírselo.

Aparece en pantalla un matrimonio de aspecto decaído, en teoría son los que quieren impedir la construcción del hotel.

—El matrimonio, cuya hija mayor falleció hace un par de años, nos explica sus razones…

Eso sí que consigue llamarme la atención.

¿Serán los padres de Julieta? Los observo con intensidad mientras hablan; también mientras muestran imágenes de ellos y la voz de la periodista explica que provienen de una familia que lleva generaciones en el pueblo.

Al parecer, tienen varios negocios que desde hace años se han visto afectados por motivos de los que no me entero porque estoy intentando encontrarles similitudes con Julieta.

Pero no se parecen, no como me parezco yo a mis padres, sobre todo a mamá…

Entonces sale en pantalla Eduardo Muñoz, el agradable pero eficaz hombre de negocios que está intentando construir el hotel. Es de esas personas que sabe hablar y parece tener toda la razón del mundo cuando expone lo bueno que sería el hotel para la zona.

Pero no son sus argumentos los que consiguen que me siente en el sofá. Es el color del cabello, la forma de la nariz, de la mandíbula. Sus ojos son oscuros, pero la silueta…

Es como estar viendo una imagen de Cameron dentro de treinta años.

Es su padre.

No es una suposición. No tengo ninguna duda al respecto.

Acabo de encontrarme con otro detalle que cuadra con lo que hay escrito en el diario: si ese matrimonio eran los padres de Julieta y este es el padre de Cameron, esto del hotel podría ser el motivo que los tiene enfrentados y que empujó a los dos jóvenes a esconder su relación.

Mientras sigo viendo el reportaje, algo más me hace pensar.

Es bastante evidente que el padre de Cameron está forrado.

Entonces, ¿qué hace su hijo trabajando de repartidor?

Cameron no tiene ninguna necesidad de trabajar.

Bueno, podría ser elección suya. O quizá sus padres quieren que sepa lo que es tener un empleo duro, uno en el que deba esforzarse pero no le paguen mucho...

Cameron y sus misterios.

La noticia termina y me encuentro queriendo saber más.

No, me da igual. No quiero saber nada de él. Ni de Julieta, ni del diario, ni de nada de nada.

Vuelvo a tumbarme en el sofá, decidida a ignorar mi curiosidad, y cambio de canal.

Pero no encuentro nada interesante en la tele. Muevo el pie arriba y abajo, desesperada por hacer algo. Después me mordisqueo las uñas. Aprieto los labios.

No quiero.

Pero pierdo la batalla contra mí misma.

Resoplo, molesta con mi cerebro o lo que sea que me empuja a querer saber, y cojo mi teléfono. Tengo tan buena suerte que el wifi incluso funciona un poco.

Abro el navegador y hago una búsqueda: «Cameron Muñoz».