19
El estruendo del móvil me obliga a estirar el brazo y abrir los ojos lo justo para descolgar.
La voz de mi hermana suelta improperios por no contestar.
Entre gritos, no deja de hablar: llamó a Yael que le dijo que me había ido con Kev porque iba muy borracha; Kevyn le dijo que me dejó en el ascensor y no supo de mí hasta que aparecí en el estudio con ropa que no acostumbro a llevar, cansada y oliendo a hombre.
Resoplo, parece el teléfono roto.
—No quiero hablar del tema —abro la boca por fin.
—Vaya voz de borracha —carcajea Gigi.
—De dormida —corrijo.
—¿Todavía estás en la cama? Tata… —calla—, son las cuatro de la tarde y en dos horas tenemos que estar en la gala.
Suspiro, lo recordé durante el desayuno con Austin ya que el mensaje ‘8 octubre gala Hotel Baccarat’ a tiza, en la pared de pizarra que tiene en la cocina, me lo recordó. Me hizo la misma gracia que ahora.
—¿Está todo bien? —Me saca del recuerdo.
Respondo que todo está bien…
«Otra mentira a la lista».
……y prometo que estaré preparada a tiempo.
En cuanto cuelgo, me cubro huyendo de la luz que entra por las ventanas.
Sonrío al recordar cuando estaba bajo la colcha de Austin; mis sábanas huelen a rosas, pero en mi cuerpo todavía persiste el aroma de su gel.
Al llegar a casa, me metí en la cama en ropa interior, no sólo carecía de fuerzas para buscar el pijama, ansiaba seguir envuelta en ese aroma que me hipnotizaba.
Sacudiendo de mi mente esos pensamientos tan inconvenientes, cojo de nuevo el móvil y me pongo a mirar las notificaciones. Al entrar al WhatsApp, el circulito verde en la conversación de Kevyn me llama la atención:
Mueve el culo, no te contraté para que no acudas
«No respondas».
La próxima vez te metes la lengua en el culo
Gilipollas
En ese momento entra un mensaje de Nate.
Vas a la gala de mis tíos? 🤞🏻
No me queda de otra😵
Tal vez podamos mejorarla juntos 😏
??😊
Jajajajaj lo tomaré como un “ya veremos”
Sonriente dejo el teléfono encima de mi pecho.
Me encantaría pasar a la acción con él tras lo que mi mente lleva fantaseando en su despacho, pero en los vestuarios del Embox descubrí que tiene una especie de relación con Tai.
No sé si ella estará exagerando y solo se han acostado un par de veces y nada más… ,
«O no ha pasado nada y es una manera de alejarte de él».
…pero no me arriesgaré a ser la otra por muy inestable que sea la relación.
Busco el contacto de Brandfont y pongo el altavoz. Le debo tranquilidad, le prometí noticias cuando me pidió muy preocupado, que tan pronto supiera si me robaron o no, le llamase.
—Colbert.
Su voz envía un impulso a mi zona íntima que controlo al percatarme de lo ahogada y lejana que suena.
—¿Eres tú? —Añade angustiado.
—Brandfont —trago saliva al percibir como saca el aire de sus pulmones—, soy yo.
El silencio deja paso al agua de la ducha chocar contra el suelo y la sacudida no sabe si volver abajo o subir a mi estómago.
—¿Te robaron?
—No. Estaban en casa de mis vecinas.
—Gracias por llamarme, no sabía si lo harías, como nunca me vas a obedecer.
—Lo pediste por favor —trato de no extender a mis palabras la sonrisa que dibujo.
Un chasquido de dolor en el ego y una leve risa se armonizan con el agua, convirtiendo mi habitación en una zona de relax que rompo:
—No malgastes agua —el ruido se detiene y mi corazón se acelera por su obediencia.
—Colbert.
—Brandfont.
Ambos susurramos temiendo despertar al silencio.
—No sabes cuánto deseaba oír tu voz, Colbert —suena exhausto.
—Por qué.
—Necesitaba saber que estabas bien.
—Estoy bien, puedes respirar tranquilo —digo al sentir como mantiene la respiración—, solo estaba durmiendo.
—Has hecho bien, pero tendrías que haberte quedado en mi cama.
Mi suspiro me delata. Escucho cómo aprieta los dientes al otro lado de la línea; pregunta si me ocurre algo.
—No pasa nada, Brandfont —pido suave—. Relájate, estás muy tenso. Deberías tomar mi recomendación y ponerla en práctica.
Una melodía que sale de su boca me hace sonreír, he visto reír a Austin más veces en estas horas que en los años que nos conocemos.
«¿Escuchas eso?»
El sonido del agua rompe el silencio, pero no es lo único que se escucha; el ruido que provoca el movimiento de su mano en su miembro y un quejido de satisfacción se oye a lo lejos… ¿Se está tocando?
—Brandfont —musito.
—Colbert —su voz ronca se entrecorta provocando que me humedezca la garganta.
—¿Te estás tocando?
—¿Qué harías si así fuera? —A duras penas puede hablar obligando a mis dedos agarrar mi abdomen desnudo.
—Darte la enhorabuena —muerdo mi labio evitando soltar un gemido cuando me llega el sonido de su débil risa—, lo necesitabas.
—¿Y tú? ¿Lo necesitas? Ambos nos hemos resistido está mañana.
Mi respiración se acelera al mismo ritmo que noto acelerarse la suya.
—Tócate conmigo, Sidney.
Cierro los ojos, subo la mano hasta mi pecho y puedo sentir el pezón duro a través de la tela de encaje.
—¿Has eliminado el acceso de mi voz? —Pregunto.
—No.
Sin dejar de tocar mi cuerpo, pido en alto a Pixie que cuelgue dando por finalizada la llamada.
El saber que no solo mi tacto le pone cachondo, sino también mi voz, remueve mi cuerpo.
A la imagen de Brandfont en las dominadas, el pelo de Akerman despeinado, la sonrisa del desconocido de rizos junto a sus besos y todos sus olores revoloteando, se le une el bulto que reaccionaba a cada roce.
Todas esas imágenes pasan por mi nublada mente ordenando a mi mano a rozar la tela de mi braguita.
Mi mano entra en el interior, estimulando mis pliegues con la misma intensidad que el miembro de Austin crecía bajo mi cuerpo esta mañana.
Abro los ojos de golpe y saco rápido la mano. Tengo que dejar de pensar en todo ello, en ellos. Tocarse pensando en alguien que no es nada es ponerlo en un altar y no seré yo quien tenga a esos tres en un pedestal.
«A tomar por culo, ¡yo estoy al mando!»
No.
«Pídele al altavoz inteligente que ponga música, una alarma en media hora y métete a la ducha. Date placer y ve a esa puta gala brillando más que las joyas de todas esas bobas».
Los coches de gama alta y las limusinas se amontonan en la entrada del Hotel Baccarat: la lentitud del tumulto me atrapa en las calles de Midtown.
Saco del bolso unos billetes, se los entrego al conductor a modo de disculpa y salgo del agobiante espacio.
Me ajusto el abrigo largo de color negro a la cintura, para frenar el frío que me sube por la raja del vestido, y avanzo siguiendo el sonido de las bocinas y los tacones que llevan mi mismo camino.
Es raro semejante retraso; acostumbro a ir con mis padres y mucho antes de esta hora.
«No culpes al placer que te diste».
Nunca había necesitado darme placer a mí misma ni antes de conocer a Matt ni durante, y esta semana me he tocado todas las mañanas por culpa de esos tres idiotas que no dejan de aparecer en mis sueños.
Gracias al frío que golpea en mi cara, me recompongo de ese recuerdo que me ha hecho llegar tarde cuando prometí que llegaría puntual, en cuanto llego a la puerta del hotel varios hombres de seguridad se arremolinan alrededor de una limusina blanca, puede que ese sea el causante del atasco.
Centrada en no tropezar con la alfombra verde que se extiende a lo largo de la acera diviso a mi padre, con su mirada de ‘has sacado un notable en vez de un sobresaliente’ guarda su teléfono directo en mi dirección.
—Hija, ¿desde dónde vienes? —Dice preocupado antes de enfundarnos en un abrazo.
—Estuve diez minutos dentro del coche y empezaba a agobiarme.
—Hubiese ido a buscarte para que no anduvieras sola.
—Me vino bien caminar.
«A tu calentón más bien».
—¿Estás bien? —Me inspecciona levantándome el mentón—.
Te veo triste —le dedico una débil sonrisa y él me rodea con su brazo.
Caminamos juntos lo que nos queda hasta la entrada—.
Sé que es la primera gala desde… —calla—, después de todo, pero te vendrá bien darte cuenta de que algunas personas tienen que vivir sin saber lo que es un cerebro.
Suelto una carcajada que detengo cuando un hombre en compañía de una libreta nos pregunta por la invitación, una que no tengo porque siempre la llevan mis padres. La seriedad con la que nos deniega la entrada altera a papá.
—Te acabo de decir que salía a recoger a mi hija y tú me pides una invitación que te he dado hace veinte minutos.
Ups, nunca he llegado tan tarde a un sitio.
«No puedo imaginar cuál ha podido ser el motivo…»
Llego al aseo que me indicó la mujer y como dijo, no hay nadie, ni siquiera en el pasillo había movimiento.
Es diferente a la entrada oscura que te recibe, es luminoso en tonos grises y blancos.
Que mi padre mencionase el tiempo que llevo sin acudir a estos eventos y el motivo, me hizo pensar que ya no soy la misma.
Cuando me vestí hace apenas una hora, tuve que hacerlo deprisa y sin muchas ganas…,
«Salgamos de aquí para hacer realidad todas esas fantasías».
…después de la bronca de mi subconsciente, en lo único en lo que obedecí fue en poner una alarma y música.
En cuanto la canción más heavy que encontró el altavoz inteligente empezó a sonar, quité de mi cuerpo el aroma de Hugo Boss para cubrirlo con el gel de naranja.
Bajo el agua templada que caía sobre mi cabeza intenté recordar qué hice desde que entré en casa de mis vecinas hasta que desperté en esa cama.
No había manera de saber qué hice, alguien borró ese archivo y lo escondió en algún sitio que era imposible encontrar.
Lo único que encontraba en mi mente era el recuerdo de todas las miradas con las que Brandfont y yo aceleramos nuestras respiraciones.
El líquido frío que resbalaba por mis hombros estimulaba cada centímetro de mi piel, mis pezones se estiraban en busca de su boca aceptando el toque de mis dedos, mientras los besos del pintor ardían sobre mí con la misma intensidad que ardieron en mis labios.
Mi abdomen se contrajo; el primer roce de Nate me calentaba tanto como ese chico me calienta por culpa de cada sonrisa viva.
Sus dedos jugaban con su corbata a la vez que mi mano bailaba estimulando mi clítoris a la velocidad que necesitaba.
Moví la cadera acelerando la fricción, guiando mis dedos al interior de mis pliegues.