16
Parada frente a la puerta de mi edificio veo salir a Viviane con su perro.
Respiro profundo; no me apetece encerrarme en casa.
Echo un vistazo a los bancos y decido sentarme.
Cuando empecé a recuperarme creía que Kevyn sería el primer hombre con el que volvería a tener relaciones.
Estoy empezando a creer que todos tienen razón: todavía no he superado a Matt.
«Y a mí me la va a explotar ese ruido, ¿no lo oyes?»
Abro los ojos en busca de ese estruendo y me encuentro a alguien cubierto por una capucha, tocando el telefonillo del edificio.
—¡Eh, para! —llamo su atención.
Es un adolescente delgado con una sudadera negra holgada. Casi parece un mini Kevyn.
—¿Sabe si Viviane Mercier está en casa?
—No son horas de molestar a nadie.
El chico guarda su mano en el bolsillo con la cabeza gacha. De repente, aparece Viviane e ingresa con él al edificio.
—Mierda —maldigo—. ¡Esperen!
El joven sujeta la puerta. Tomando la mejor decisión de no entrar en el ascensor con ellos, me dejo caer en las escaleras, sacando todo el aire de los pulmones.
Que pereza subir a casa y para colmo tengo que desmaquillarme, ni siquiera sé dónde está mi bolso.
¿Lo llevaba en el taxi? No me acuerdo y no me apetece ir al estudio a averiguarlo. Puedo dormir en el sofá.
«Sí, para que nos hagan algo».
Puedo ir a casa de Brandfont, no vive lejos. Sí, pediré un coche.
«¿Por señales de humo?»
—Mierda. Aunque puedo ir andando. ¡Já! ¿Te imaginas que me presento allí borracha y está con una en la cama? Tendría que grabar su cara. ¡Y la de ella también!
«Vas borracha, no serías ninguna amenaza».
No voy borracha.
«Lo has dicho tú».
—¿De qué te ríes?
Kevyn me habla desde el sofá del vestíbulo.
—¿Cómo has entrado? Te has dejado el bolso al salir corriendo —lo lanza a mi lado.
Siento que me lo está echando en cara.
«Hace bien».
—Shh… calla, Costillitas —me doy un golpecito en la frente para silenciar la voz. Kevyn sacude la cabeza.
—Sí que vas borracha.
—¡Qué pesados! No voy borracha.
En ese momento se escucha al otro lado de la puerta a Jaylen y Kaiti, las dos universitarias del primero, dar voces ahogadas en una carcajada. Kev se levanta a abrirles la puerta. Kaiti casi cae al suelo si el castaño no estira el brazo para sujetarla.
—¿Vas a ayudarme? —dice ofuscado en mi dirección.
Me acerco y sostengo a Jaylen. Ambas se dedican una mirada cómplice y dicen al unísono que por fin estamos juntos. Kevyn y yo nos miramos, recordando lo que sucedió en el estudio. Su reproche mudo atraviesa mi pecho.
«¿Por qué? Si no nos pone no nos pone».
¡Sí me pone!
—¡A mí también! —grita la morena que agarro de la cintura. ¿Lo dije en alto?
—Mogollón —dicen ambas universitarias, dedicándole una sonrisa lasciva a Kevyn.
En silencio, Kevyn me devuelve los zapatos, la chaqueta y el bolso. Una vez dentro del ascensor, pulsa el botón sin hacer caso a mi petición de hablar. Es él quien debería disculparse por lo que dijo. Sí, yo le dejé ahí con el miembro al aire, pero no fui yo la que desató la furia.
—¿Podemos ir a tu casa y solucionarlo? —pido cuando la puerta se abre.
—¿Por qué te es más fácil coger la puerta e irte que echarme?
«Tonta no, tontísima».