EPÍLOGO
Un año después
Sé que pasaré el resto de mi vida luchando por ser el mejor hombre que haya existido en el mundo por esas dos mujeres, que son lo más importante que tengo en mi vida.
Estoy sentado en el suelo, sobre la hierba fresca del jardín de Villa Rosa, rodeado de margaritas y gardenias que Alicia plantó con tanto cariño.
El sol brilla alto en el cielo y el olor de las flores se mezcla con la brisa suave que recorre el aire.
Las cosas parecen estar por fin en su sitio; hace casi un año que nos casamos y ahora puedo llamarla Alicia Di Angelis, por fin.
Su madre y Belinha se han mudado aquí, y no hay un solo día en que esté triste; es imposible estarlo con ellas cerca.
Siento que soy el hombre más afortunado de la tierra.
Alicia ha dejado la cafetería al mando de Will que, aunque todavía no me caiga demasiado bien, ha demostrado ser un buen hombre y, por lo que he sabido, está feliz con su nueva novia, Rebecca.
Respiro hondo y la miro: Alicia está delante de mí, corriendo en círculos con Belinha, con Sir Gotita de Leche, que está más travieso que nunca, y con la nueva incorporación de la familia: Lord Depopule, el gatito negro trasto que Alicia recibió de Belinha por su último cumpleaños.
Miro a Alicia; su risa suena clara como música, una melodía dulce que resuena en mi corazón. Veo la luz en sus ojos, la alegría pura que irradian las dos, y eso me hace sentir el hombre más bendecido del mundo.
Mientras las observo, no puedo evitar que me asome una sonrisa a los labios. Alicia se para, me mira con un brillo travieso en los ojos y me llama.
—¡Te estás perdiendo un juego estupendo! —dice.
—La vista de vosotras dos desde aquí es la mar de gratificante —digo, sonriendo, y la veo poner un pequeño mohín en respuesta.
Y entonces sigue corriendo detrás de Belinha, cuya risa, tan sonora como la de su madre, resuena por todo el jardín mientras se esconde detrás de uno de los árboles nuevos que plantamos, que es pequeño y la deja completamente a la vista.
Me río de verdad al ver la escena.
Alicia corre hasta mí, con el pelo meciéndose al viento y un brillo contagioso en la mirada. Se sienta a mi lado, un poco jadeante, y puedo ver la alegría grabada en su cara. Una sonrisa radiante le ilumina el semblante y, en ese instante, todo parece perfecto.
—¡No me puedo creer que prefieras quedarte aquí sentado en vez de unirte a nosotras! —bromea, dándome un golpecito en el brazo.
—¿Y perderme la vista de estas dos traviesas en acción? ¡Ni hablar! —respondo, mirando hacia donde Belinha corre detrás de Lord Depopule, que salta y se esconde entre las flores, como si fuera un juego emocionante.
—¡Mira qué feliz está! —dice Alicia, señalando a Belinha, que ahora rueda por la hierba, totalmente absorta en su juego—. Y Lord Depopule también se lo está pasando en grande.
—¿De dónde sacáis esos nombres para los animales? —pregunto, sonriendo.
Alicia se encoge de hombros y responde enseguida:
—Nos salen de la cabeza, sin más —dice, y yo suelto una pequeña risa.
—¿Y cuándo le vamos a dar un hermanito o una hermanita a Belinha para que corra por el jardín? —pregunto, y la veo volverse hacia mí de inmediato, con una sonrisa traviesa asomándole al rostro.
—A lo mejor es antes de lo que te imaginas —murmura, sonriendo mientras se levanta.
Me levanto yo también, intentando asimilar sus palabras.
—¿Qué estás diciendo, Alicia? —pregunto, viéndola alejarse.
—A lo mejor en ocho meses ya está aquí —grita, ya a lo lejos, con el vestido ondeando al viento y la sonrisa traviesa en los labios.
Los ojos se me abren de par en par de la sorpresa al oír sus palabras, y un torbellino de emociones se apodera de mí. Sin pensarlo dos veces, corro detrás de Alicia, que ya está lejos, riéndose y pasándoselo bien.
—¡Espera! ¿Me estás diciendo que estás embarazada? —grito, intentando entender si lo que he oído es real. El corazón se me dispara en el pecho, la adrenalina me impulsa y, aun en plena carrera, no consigo contener la sonrisa que se me forma en la cara.
Ella se gira, con un brillo travieso en los ojos.
—¡Sí! ¡Estoy embarazada de otro hijo tuyo, Tommaso Di Angelis! —me grita ella, y la felicidad de su voz resuena por todo el jardín. Es como si cada palabra suya fuera una explosión de alegría.
Sin dudarlo, la alcanzo y tiro de ella hacia mí, rodeándola con mis brazos. La levanto del suelo con facilidad, y sus risas se mezclan con las mías.
—¡Voy a ser padre otra vez! —exclamo, con la alegría desbordándose en cada sílaba. La sensación es tan intensa que parece consumirme por completo.
Belinha, al notar el alboroto, da saltos a nuestro alrededor, entusiasmada, como si sintiera la felicidad que flota en el aire. Dejo a Alicia en el suelo y miro a Belinha, que sonríe emocionada.
—Vas a tener un hermanito o una hermanita, hija mía —le digo, mientras la hago girar por el aire, haciéndola reír todavía más.
El sol brilla fuerte sobre nosotros y la felicidad fluye como un río, llevándonos a un nuevo capítulo de nuestra historia juntos. No podría estar más feliz; no podría ser más feliz de lo que soy.
¡Soy el puto hombre más feliz de la faz de la Tierra!