Cuarenta y cinco inviernos y una primavera 103 BAILAR Y… OTROS MENESTERES
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103 BAILAR Y… OTROS MENESTERES

Estela

Si alguien me hubiera preguntado cuál era la probabilidad de que David pusiera a Bad Bunny en mitad de su propia boda, habría respondido que del cien por cien.

Y no me habría equivocado. Cinco minutos antes habíamos estado bailando un vals.

Ahora David llevaba la corbata anudada alrededor de la cabeza mientras intentaba convencer a su abuelo de que moviera las caderas con actitud latina.

El abuelo lo intentaba, con resultados discutibles. Yo no podía dejar de reírme.

Zoa se acercó con una mano apoyada en la barriga.

—¿Bailamos?

—¿Esto? Estás a punto de parir un bebé.

—Pero no estoy enferma. —Me cogió de la mano—. Venga.

—¿Estás segura?

—Completamente.

La música subió de volumen. David empezó a cantar fatal.

Armando, desde la barra, negó con la cabeza.

—Qué vergüenza de amigo tengo.

—¡Te he oído! —gritó David desde el centro de la pista.

—¡Era la idea!

Las carcajadas estallaron otra vez.

Zoa empezó a mover las manos delante de mí.

—No puedo creer que dentro de unas semanas tendré un bebé.

—De días, Zoa, puede que de días.

—No me lo recuerdes.

—Vas a hacerlo muy bien.

—¿Quién te ha dicho esa tontería?

—Te conozco y lo sé. —Nos abrazamos y… Sentí algo en los pies—. ¿Qué…?

Ella abrió los ojos como platos.

—Creo que... —No terminó la frase. Miramos al suelo y…—. Creo que he roto aguas.

—¡¿Cómo?!

—Que he roto aguas.

—¡David! —grité sin moverme. Este giró la cabeza y lo vio. ¿Y qué pasó? Que perdió la poca cordura que ya tenía de serie.

— ¡¡¡HA ROTO AGUAS!!! ¡¡¡HA ROTO AGUAS!!! —se desgañitaba.

El DJ dejó de poner música. Un niño empezó a llorar.

—¡Que alguien llame a una ambulancia! —gritó el tío de David, con una tirita en la frente.

El padre de Zoa preguntó:

—¿Dónde están las llaves del coche?

Una señora empezó a rezar y David corría en círculos.

—¡Va a nacer! ¡Va a nacer! ¡Va a nacer!

Zoa lo miró con una calma admirable.

—David.

— ¡¡¡VA A NACER!!!

—David.

— ¡¡¡GORDA, ESTÁ NACIENDO!!!

—David. Respira. No estoy poniendo huevos.

Armando apareció a mi lado.

—¿Qué hacemos?

Por fin alguien hacía la pregunta correcta.

Respiré hondo.

—Ve al aparcamiento. Trae tu coche hasta la puerta. Ahora mismo.

—Vale —no dudó, y salió corriendo.

—David. —Lo señalé—. Deja de hiperventilar.

—No puedo.

—Aprende. Porque dentro de poco vas a ser padre.

David respiró tres veces seguidas.

Me giré hacia Zoa.

—¿Cómo estás?

—Bien. Creo.

—¿Te duele mucho?

—No. Solo noto presión. Y muchas ganas de darle una colleja al que ya es mi marido. —Frunció el ceño.

Él seguía completamente blanco.

—Voy a desmayarme.

—Ni se te ocurra —le ordenó su esposa.

A los pocos segundos llegó Armando con el coche, saltó del asiento y abrió la puerta trasera.

—Vamos.

Entre los tres ayudamos a Zoa a caminar despacio.

—Os prometo que estoy bien.

David le sujetaba una mano. Yo la otra.

Y Armando iba delante despejando el camino mientras repetía:

—Perdón. Perdón. Perdón. Hay una evacuación. —Llevaba mucho alcohol en sangre.

Conseguimos sentarla en el asiento trasero. David se metió a su lado inmediatamente.

Yo iba a cerrar la puerta cuando Armando me agarró la muñeca.

—Conduces tú. —Armando me pasó la llave—. Yo he bebido demasiado.

No pude rebatirle, porque llevaba razón.

Aceleré y las ruedas chirriaron sobre la grava. El coche salió disparado hacia el hospital mientras, detrás de nosotros, la música de Bad Bunny seguía sonando en una boda que acababa de convertirse, oficialmente, en el comienzo de otra historia. Una llamada Triana.