19 CUANDO UNA CONVERSACIÓN COMIENZA EN LA COCINA
Armando
Menina se había quedado dormida en segundos, ajena al mundo, sin tener que preocuparse de nada.
Yo me bebía una cerveza apoyado en la encimera después de un día de trabajo y tenía la cabeza ligera a pesar de todo.
Porque encontrarme con Rebeca y que me pidiera explicaciones no había sido de mi agrado, pero iba a darle la importancia que tenía: ninguna.
La cocina estaba en silencio.
Todo en orden.
Sin historias.
Ese punto en el que no necesitas que pase nada… y aun así, pasa.
Saqué el móvil. Lo desbloqueé. Y ahí estaba.
Estela:
Bien. ¿Y tú?
Sonreí. Sin pensarlo.
Apoyé el hombro en la pared y escribí:
Yo:
Mejor ahora.
Enviar.
Un trago de cerveza.
Estela:
¿Ah, sí?
¿Por qué?
Levanté una ceja.
Vale, entra.
Yo:
Porque ya sé que no te has olvidado de mí.
Estela:
No te emociones.
Soy educada.
Solté una risa baja.
Busqué en el teclado.
Abrí los stickers.
Elegí uno.
Yo:
Un muñeco con cara de sobrado que decía: Me lo creo.
Enviar.
Silencio.
Corto.
Estela:
¿Eso qué es?
Sonreí más.
Yo: Un sticker.
Estela:
Ya sé lo que es un sticker.
No tengo 80 años.
Pero… ¿por qué?
Apoyé la cerveza en la encimera.
Yo:
Porque es más divertido que escribir “no te creo”.
Pausa.
Más larga.
Estela:
Vale… me ha hecho gracia.
Pero no te acostumbres.
Yo: No prometo nada.
Otro sticker.
Un gato riéndose de forma absurda.
Enviar.
Estela: JAJAJA
¿De dónde sacas eso?
Yo:
Tengo un arsenal.
Estela:
Eso ya me preocupa.
Yo:
Debería.
Estela:
¿Es un poder que no sabes gestionar?
Yo:
Lo gestiono perfectamente.
Estela:
No lo creo.
Otro sticker. Un tío tirándose a una piscina hinchable: “Confía en el proceso”.
Enviar.
Estela:
Vale, este es muy bueno.
No te lo voy a negar.
Esto cambia mi percepción de ti.
Yo:
¿A mejor o a peor?
Estela:
A peor.
Por supuesto.
Sonreí.
Yo:
A pesar de eso, voy a seguir hablando contigo.
Estela:
Vaya, un honor para mí.
Yo:
Da nada.
Estela:
No te he dado las gracias.
Yo:
Pero yo también soy educado.
¿Qué haces?
Estela:
Trabajar.
Yo:
Es tarde.
¿Siempre estás trabajando?
Estela:
Casi siempre, sí.
¿Y tú?
Yo:
Trabajo lo justo y necesario.
Estela:
Eso no es verdad.
Yo:
Llevas razón.
Pero no estoy trabajando.
Ya no.
Eres demasiado responsable.
Estela:
No te creas.
Estoy hablando contigo.
No lo seré tanto.
Yo:
No creo demasiadas cosas.
Estela:
Eso está bien.
Yo:
¿Por qué?
Estela:
Creer demasiado en algo puede decepcionarte.
Yo:
Algo me dice que tú no decepcionas.
Estela:
Depende de a quién le preguntes.
Yo:
No voy a preguntarle a nadie.
Prefiero conocerte sin interferencias vecinales.
Estela:
Ya te han hablado de mí.
Yo:
¿Cómo lo sabes?
Estela:
Porque ahí se habla de todo el mundo.
Yo no voy a ser una excepción.
Yo:
Bah, algo han dicho.
Nada importante.
Estela:
No quieres decírmelo, y eso está bien.
Se vive más tranquila si no sabes qué piensan los demás de uno mismo. Así que no me lo digas.
¿Qué haces exactamente?
Me acomodé mejor contra la encimera.
Yo:
Intento que los edificios no se caigan.
Estela:
Hombre, es un buen objetivo.
Yo:
Bastante importante.
Estela:
Me da seguridad.
Yo:
¿Qué haces tú?
Estela:
Intento que la gente se entienda.
Yo:
Eso es más complicado.
Estela:
Mucho más.
Yo:
Entonces tienes un trabajo peor que el mío.
Estela:
Bastante.
Yo:
Te compadezco.
Estela:
Gracias, lo necesitaba.
Sonreí.
Menina se removió y volvió a dormirse.
El móvil vibró otra vez.
Estela:
Oye.
¿Siempre eres así?
Levanté una ceja.
Yo:
¿Así cómo?
Estela:
Así de… pesado simpático.
Solté una carcajada.
Yo:
Es una habilidad.
Estela:
Es un problema.
Yo:
Para ti.
Estela:
Para mí.
Para los demás.
Para el mundo en general.
Yo:
No exageres.
Estela:
¿Desde cuándo lo haces?
Si sigues este modus operandi, es que te ha funcionado más veces.
Solté otra carcajada y pensé: esta tía mola.
Fluía solo.
Yo:
Unas cincuenta.
Estela:
¿Nada más?
Yo:
Seguro que son más, pero no puedo recordarlas todas.
Estela:
Eres un payaso.
Yo:
Te estás riendo.
Estela:
Un poco.
Yo:
Eso es otro dato.
Uno bueno.
Estela:
Eres muy seguro de ti mismo.
Yo:
¿Eso es mal?
Estela:
No. Para nada.
Yo:
Tú también.
Estela:
¿Doy esa impresión?
Yo:
Sí.
Estela:
Es correcta.
Sonreí otra vez.
Demasiadas veces para ser casualidad, pensé.
Yo:
Oye.
Estela:
Dime.
Yo:
¿Te gustan más los chistes o los stickers?
Estela:
Los dos son horribles.
Pero me hacen gracia.
Yo:
Entonces funcionan.
Estela:
Desgraciadamente, sí.
Yo:
Perfecto.
Estela:
Eso me preocupa.
Yo:
A mí me encanta.
Silencio corto.
Estela:
Eres un problema.
Miré la pantalla.
Pensé medio segundo.
Y escribí:
Yo:
¿Un problema que te apetece resolver?
Estela:
Directo y claro.
Yo:
¿Para qué dar vueltas?
Estela:
Tú buscas un rollo, ¿no?
Yo:
No sé a qué te refieres exactamente, pero supongo que sí.
¿Y tú?
Estela:
Yo busco que me toque la lotería.
Yo:
¿Compras boletos?
Estela:
No.
Yo:
Jajajaja.
¿Cómo quieres que te toque así?
Tienes que jugar y arriesgarte.
Estela:
¿Eso es una propuesta?
Yo:
En toda regla.
Estela:
Indecente.
Yo:
Totalmente.
Di un trago a la cerveza.
Estela me hacía sonreír. Mucho. Me sentía muy cómodo con ella y acabábamos de conocernos en realidad. Me atraía. Quería saber más de ella. Y llevármela a la cama. Eso también. Me ponía muy muy tonto.