Capítulo 11 #2
Rowen se estremeció con la mirada expectante que le dirigió, esta cargada de recuerdos.
—Yo —admitió él, conteniendo el impulso de esconder todas aquellas que había llamado sìthiche —.
Todos los que aquí trabajamos hablamos gaélico escocés.
Incluso Haye, aunque se niegue a admitir que conoce el idioma.
Cuando lanzamos la línea de los cinco whiskies nuevos para posicionar la marca en el mercado y diferenciarnos por la variedad y exclusividad, pusimos en común algunas palabras relacionadas entre ellas y ganó mi propuesta: criaturas mágicas de la mitología.
— Sàrachadh , sìthiche y dùdach podrían entrar en la categoría de criaturas mitológicas —aceptó Lillias con un cabeceo—. Son... hechicera, hada y sirena, respectivamente. Pero ¿qué hay del single malt whisky, el Beathadh , y el Phrionnsa ?
—Con el nombre beathadh se quiere distinguir al resto de los whiskies de la que será la receta definitiva. Se sabe que la bebida es de origen irlandés, y que en gaélico se llamaba agua de vida, visce beathadh . ¿Qué mejor que llamarla así, «vida» a secas?
Lillias le sostuvo la mirada.
—¿Y el Phrionnsa ? —insistió con voz queda—. ¿Por qué phrionnsa ?
«Porque solía llamarte así», estuvo a punto de contestar. Pero Johnson atendía a la conversación con interés, y también Todd y Blake estaban presentes.
—En Escocia, las princesas también son criaturas legendarias —contestó tras unos instantes—. No ha habido mujeres con ese título desde el Medievo, y ahora solo se puede leer sobre ellas en cuentos para niños. En cierto modo encajan en la descripción de seres mitológicos.
Lillias rodeó la mesa con un sugerente quiebro de cadera que robó la atención y el aliento de Rowen. Se acercó a la vitrina que exhibía un lote de la bebida que le había llamado la atención.
—¿Qué diferencia hay entre el whisky Phrionnsa y los demás?
—Tiene un sabor más aromático y amargo porque madura en barriles de manzanilla.
—Me gustaría probarlo —dijo, aguantándole la mirada a Rowen.
Él no se movió.
—Esta noche se servirán todos los tipos de whisky que fabricamos en el castillo de Lochranza con motivo de la celebración del nacimiento de Yvaine. Entonces podrá probar todos los alcoholes que desee.
—¿Y qué hay de mí? —protestó Johnson—. Yo no podré asistir a esa fiesta, ¿no? Es solo para adultos.
—Tendría que preguntarle al señor Houston —contestó Rowen—, pero creo que por ti podría hacer una excepción.
—La hará, no lo dudes —le confirmó Blake, guiñándole un ojo.
Johnson se dio por satisfecho y se dejó guiar por Blake y por el tímido Todd hacia la salita contigua, donde él retomaría la explicación sobre la maderación del whisky en los barriles indicados.
Padre e hijo dejaron a solas a los amantes, que de pronto se vieron inmersos el uno en el otro.
El aire se había vuelto tan denso de golpe que Rowen pensó que no podría volver a respirar, y a juzgar por el modo en que ella lo observaba, parecía que se sentía igual.
Fue Lillias quien rompió el silencio.
—Tengo que retirar lo que dije la noche que Yvaine llegó al mundo.
No estás igual que como te dejé; ahora te dedicas a labores mucho más difíciles, delicadas y mejor remuneradas.
Quién me iba a decir que Rowen Carmichael se metería en el mundo del alcohol, cuando nunca le ha gustado el whisky...
—Se acercó a él acariciando distraídamente la superficie de la mesa en torno a la que propietario y socios se sentaban para tomar decisiones—.
¿O ahora sí te gusta? ¿Al menos eso ha cambiado?
—No lo disfruto tanto como mis compañeros, pero si hay ocasión que celebrar, brindo con él.
—¿Con cuál brindas? —preguntó en voz baja, a una zancada de chocar con su pecho. Lillias tenía que alzar la barbilla para mirarlo a los ojos, y Rowen siempre pensó que tendría que ponerse de puntillas para besarlo—. ¿Con el Phrionnsa ?
—Sí —se limitó a decir.
—¿Por qué el Phrionnsa ? —lo pinchó ella.
—Porque es mi preferido.
—¿Y por qué es tu preferido?
—Tú sabes por qué es mi preferido.
—¿Porque también sería mi preferido? —completó ella en voz baja, dando el último paso hacia él—. Siempre me ha encantado la manzanilla. Era lo que bebíamos cuando mi padre nos dejaba pasar el rato en las cocinas de Dundee Castle, ¿te acuerdas?
Por supuesto que se acordaba.
A veces, Rowen sentía que no confundía unos días con otros porque su rutina fuera repetitiva, sino porque su memoria se aferraba con tanta desesperación a los recuerdos con Lillias, al recuerdo de Lillias, que no podía generar más.
Se había quedado atrapado en la primavera de 1827 . Desde entonces había estado funcionando como un autómata.
—Sí.
—Podríamos hacerlo otra vez —propuso Lillias, alargando una mano hacia su rostro—. Podríamos... sentarnos a la sombra de un árbol y tomar manzanillas.
Le costó tragar saliva.
—Hace demasiado frío para sentarse a la sombra de un árbol.
—Puede que haga frío —le concedió Lillias—, pero aún no es demasiado tarde, ¿no?
¿Lo era?, se preguntó Rowen. La miraba a los ojos, esos ojos que alumbraban más que mil soles, y deseaba con todas sus fuerzas que no hubieran transcurrido diez años.
Deseaba ser joven otra vez, tener otra oportunidad para prosperar, para convertirse en un burgués adinerado que pudiera ofrecerle un futuro brillante.
Deseaba que Lillias no le hubiera hecho más daño del que podía admitir en voz alta, del que, mejor dicho, podía admitir ante sí mismo siquiera, para tener la oportunidad de quererla sin sentirse rematadamente idiota.
—¿A qué estáis esperando? —bramó Blake, asomándose bajo la puerta que unía las dos dependencias—. Nos queda toda la planta baja por explorar.
Rowen se alejó de la caricia de Lillias por mera supervivencia, ahuyentando también los pensamientos esperanzados que empezaban a aflorar en su corazón.