Capítulo 29
La policía les tomó declaración y todos contaron lo mismo.
Jessica era compañera de piso de Kenia, eso no lo podían negar. Lo que sí hicieron fue no contar toda la verdad, modificando algunas partes.
Salían las tres juntas del apartamento donde habían quedado con Mireia para irse de tiendas y, al comenzar a bajar la escalera, Jessica se volvió hacia ellas para comentarles algo, con tan mala fortuna que perdió el equilibrio y cayó hacia atrás.
Kenia intentó sujetarla agarrándola de un brazo y las dos se precipitaron escaleras abajo.
En la caída, Kenia se golpeó y soltó a Jessica sin querer.
Esta continuó descendiendo y golpeándose.
Como testigos estaban Mireia, Lali y Luca. Todos dijeron lo mismo.
¿Cómo fue posible que Lali y Luca vieran lo que pasó? Porque estaban en la puerta despidiéndose de las chicas, dijeron.
¿Por qué la vecina no podía atestiguar esos hechos? Pues porque no estaba allí. Escuchó voces y ruido en la escalera. Al salir para ver qué sucedía, se encontró con aquello, pero no sabía cómo había sucedido.
Kenia no quiso hacerse un reconocimiento médico como le aconsejaron los sanitarios y la policía. Dijo que estaba bien, a pesar del golpe.
Cuando esa noche habló con Breixo, él la notó nerviosa.
—Jessica se ha caído por las escaleras esta tarde y está en coma.
—¿Cómo ha sido?
—Se despistó y se cayó. Se ha dado un golpe en la cabeza muy fuerte y ha quedado inconsciente.
No quiso contarle toda la verdad para no preocuparlo. Además, cuanta menos gente supiera lo que en realidad había sucedido, mejor para todos. Y si ella explicaba demasiado, tarde o temprano, cometería un error y se descubriría que habían mentido a la policía y a los médicos.
Todos los implicados en el asunto rezaban para que cuando la chica se despertase del coma no recordara nada. De lo contrario, tendrían problemas.
—Pobrecilla —murmuró Breixo apenado—. ¿Los médicos temen por su vida?
—No lo sé. A mí no me han dicho nada sobre eso y con sus padres no he podido hablar del tema. Los llamé para informarlos de lo que había pasado y cuando han llegado desde Tarragona no he tenido tiempo de hablar con ellos. Enseguida se han ido con los médicos que atienden a Jess.
—Vaya, cuánto lo siento. Espero que se recupere pronto —dijo Breixo con tristeza.
—¿Y por ahí? ¿Cómo va todo? —preguntó Kenia para cambiar de tema.
Escuchó al otro lado de la línea telefónica el suspiro cansado que exhaló su novio.
—Siguen sin encontrar a mi padre y ya son demasiados días sin noticias. De todas formas, yo sé que no va a volver. Algo me dice que está muerto.
—Breixo, no… no digas eso…
—Pero es que lo sé. Estoy seguro. —Hizo una pausa y añadió—: Escucha: Voy a tener que quedarme aquí bastante tiempo.
Ahora no puedo dejar sola a mi madre ni a mi abuelo.
Aunque mis hermanas y mis cuñados están muy pendientes todo el tiempo, pero ellos no viven en la casa y yo soy ahora el cabeza de familia. Tengo que ocuparme de ellos dos.
—¿Cuánto tiempo calculas que estarás en Galicia?
—No lo sé. Quizá… quizá no pueda regresar en varios meses o años. Mi familia me necesita. No puedo abandonarlos ahora. El curso en la facultad ya lo doy por perdido, así que…
—¿Y qué pasa conmigo y con el bebé? —preguntó ella.
—He pensado que podrías venirte aquí conmigo.
—¿Cómo? —La joven abrió los ojos como platos al escucharlo—. ¿Qué me vaya a Galicia contigo? ¿Qué deje mis estudios a mitad de curso? ¿Estás loco?
—No tienes que dejar los estudios ahora. No darás a luz hasta el verano, ¿verdad? Puedes seguir en Barcelona hasta que acabes el curso y después te trasladas a mi pueblo. Tendremos al bebé aquí.
—No. Me niego a irme a un pueblo de pescadores perdido Dios sabe dónde. Además, tú escapaste de ese lugar buscando un futuro mejor; un futuro que ahí no ibas a tener. ¿Y pretendes que yo me vaya a un sitio donde no voy a poder estudiar ni tener el trabajo que siempre he soñado?
—Pero estaríamos juntos, Kenia. Los tres. Tú, yo y nuestro hijo.
—No, Breixo. No me voy a ir contigo a tu pueblo —volvió a negarse.
—¡Pero es que yo no puedo abandonar a mi familia ahora! —replicó él desesperado—. ¿Qué pretendes que haga, eh? ¡Dime qué quieres que haga! ¡No puedo partirme en dos para estar aquí y en Barcelona contigo!
—¡No sé qué es lo que tienes que hacer! —gritó ella también—. ¡Pero no puedes obligarme a renunciar a todo por lo que he luchado!
—Piénsatelo, por favor. Medita sobre ello —le suplicó.
—Está bien. Lo pensaré.
Aunque ella sabía que no iba a meditar sobre nada. Al decirle Breixo que se tendría que quedar en su pueblo de Coruña con su familia y pretender que ella se fuera con él, tuvo claro lo que debía hacer.
Su vida estaba patas arriba. Se había quedado sin trabajo, sus padres no sabían que estaba embarazada; es más, no sabían ni que tuviese novio, y para más inri, el susodicho estaba a miles de kilómetros de allí y no esperaba que volviera en meses o incluso años.
Sumado a todo esto, estaba el tema de Jessica.
Si despertaba del coma y recordaba lo sucedido, los denunciaría.
La policía sabría que habían mentido en sus declaraciones, que estaban más implicados de lo que parecía en un primer momento.
Conocerían qué trabajo se llevaba a cabo en el piso y los detendrían.
A pesar de que Lali había comentado que varios altos mandos de la Policía, de la Guardia Civil y de los Mossos frecuentaban el burdel de lujo —lo cual era cierto, bien lo sabía Kenia, porque algunos de sus clientes se encontraban entre ellos, además de políticos, etcétera—, ella no creía que llegados a una situación así, estas personas fueran a sacar la cara por ellos, arriesgando así su estatus social y su reputación.
Con todo esto, ¿iba a enfrentarse ella sola a un bebé? ¿A criarlo, educarlo, cuidarlo?
No.
Además, era demasiado joven. No sabría cómo ser madre.
¿Y su familia? ¿Se podría enfrentar a las miradas de desprecio, a la decepción que les ocasionaría, a las críticas y demás cuando supieran que era prostituta de lujo y estaba embarazada?
Tampoco.
Así que tomó la decisión más oportuna para ella en esos momentos.
Se despidió de Breixo y cuando colgó, sacó del bolso la tarjetita de la clínica abortiva que le había dado Lali.
Con decisión, marcó el número y esperó a que contestasen.