Cuando te falte mi piel Capítulo 24
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Capítulo 24

Aroa estaba harta de que le mandasen mensajitos.

Esa mañana se había encontrado con un billete de cinco pesos argentinos pegado a la parte trasera de una foto de Mar de Plata en la que se veía el Torreón del Monje.

Lo habían colgado todo del pomo de la puerta de su casa con un trozo de hilo rojo idéntico a los otros.

Cuando llegó a comisaría estaba de un mal humor increíble.

No saludó a nadie y cuando Silvia fue a hablar, levantó la mano para hacer que se tragase las palabras que pudieran salir de su boca.

—Ni se te ocurra —advirtió a su compañera.

La inspectora Boix obedeció.

Aroa comenzó a trabajar como una autómata hasta que recibió el aviso de que la autopsia de Tamara Aragón ya estaba terminada.

—Gracias a Dios que hoy sale algo bien —murmuró levantándose de su asiento para ir a ver al forense, haciéndole una seña a Silvia para que se pusiera en marcha también.

Cuando llegaron a Científica, el forense les relató los pormenores de la autopsia. Las inspectoras prestaron atención a cuanto decía él.

—El examen anatómico del cadáver sitúa la hora de la muerte en torno a las doce de la noche.

Además de atarla a la cama, le pusieron una mordaza en la boca.

Las lesiones de la cavidad bucal así lo confirman, por eso nadie oyó nada.

No pudo gritar ni quejarse. Tampoco fue violada.

El estudio de los genitales rebela que mantuvo relaciones sexuales consentidas.

Hemos encontrado distintos tipos de vello púbico en esa zona.

Al parecer, tuvo sexo con dos personas esa noche.

—¡Vaya! La tía sabía montárselo bien —soltó Silvia.

—No interrumpas —la reprobó Aroa con una mirada ceñuda.

—Recibió veintisiete puñaladas —continuó el médico—. Un par de ellas le seccionaron la aorta y el resto están repartidas por brazos, abdomen… Con esta última parte se enseñaron especialmente. Quien sea que lo hizo, quería deshacerse del feto.

—Espera un momento, ¿estaba embarazada? —preguntó Aroa.

—Sí, pero de poco tiempo. Se trata de una gestación de siete semanas.

—¡Joder! —exclamó la inspectora Martínez—. ¿Y podemos saber quién es el padre?

—Habrá que hacer una prueba de adn para compararla con los posibles candidatos, pero de todas formas, no es fiable. Si la chica hubiera estado embarazada de más tiempo, coincidiría al 99 %. Sin embargo estando solo de siete semanas…

—Bien. Habrá que seguir esa línea de investigación también. Quizá demos con el asesino. ¿Y los restos de semen que había en las sábanas?

—Analizándose. Aún tardarán un poco —respondió el forense.

—Vale. Las muestras de vello púbico que has mencionado en sus partes íntimas…

—Sí, esas ya están, pero no hay nadie fichado con esas características.

—¡Joder! —farfulló Aroa molesta.

Se colocó las manos en las caderas y miró a un punto inexacto de la sala. Tras meditar unos segundos, sacudió la cabeza.

—Lo que sí puedo decirte es que pertenecen a un hombre y a una mujer —añadió el forense.

—Así que la víctima tenía relaciones sexuales tanto con unos como con otras. Muy bien —dijo—, te traeré muestras de todos los que tuvieron relaciones con ella para que las analices y contrastes —prometió Aroa—. Buen trabajo, Manuel. Muchas gracias.

Cuando regresaron a sus puestos de trabajo, la inspectora Martínez le ordenó a su compañera citar a los clientes que estuvieron con la víctima y también llamar al supuesto novio para interrogarlo acerca del embarazo de Tamara.

Observó cómo Silvia cumplía sus órdenes y poco después abandonó su despacho.

Salió al pasillo de la comisaría de nuevo y lo recorrió, acercándose al del comisario.

—Alonso, tenemos un problema —dijo nada más entrar y ver que él estaba solo.

Su jefe levantó la vista de unos papeles que tenía frente a sí y la miró con intensidad.

Aroa no se anduvo por las ramas.

—Tamara estaba embarazada.

Alonso abrió los ojos por la sorpresa.

—¿Cómo es posible? Ella siempre tomaba precauciones. No… No puede ser —respondió atónito.

—La autopsia lo ha confirmado. Estaba de siete semanas.

Aroa se plantó frente al escritorio y lo escudriñó con la mirada.

—También han hallado vello púbico de otras personas en sus genitales. Ya sabes lo que eso significa. Si descubren que te la tirabas…

—Yo no me la tiraba. Hacíamos el amor —se indignó el hombre.

—Está bien. Como sea.

La inspectora Martínez hizo un gesto con la mano restándole importancia al comentario.

—Alonso, tendrás que darme una muestra.

El comisario sacudió la cabeza.

—De acuerdo, pero Aroa… recuerda que soy tu superior. Quiero discreción absoluta.

Cuando regresó a su puesto, Silvia la informó del resultado de las llamadas hechas.

—El novio vendrá en un par de horas y del resto de los clientes, ninguno estuvo con ella esa tarde ni esa noche.

De todas formas, vendrán para tomarles muestras de saliva, cabello y demás para analizar y contrastarlo con el adn.

A ver si alguno de ellos es el padre de la criatura que la víctima llevaba en su vientre.

A Gabriel lo he llamado, pero no me lo coge.

—¿Gabriel? ¿Desde cuándo tienes tanta confianza con él como para llamarlo por su nombre de pila? —preguntó Aroa molesta.

—Mujer, podría llamarle dios del sexo, que le pega más.

Aroa apoyó las manos en la mesa de su compañera y se inclinó hacia su cara. Silvia se echó para atrás todo lo que le permitió el respaldo del asiento.

—Para ti, Boix, ahora y siempre será el señor Serna. No lo olvides —siseó a pocos centímetros de ella.

Silvia tragó saliva y asintió.

—S-Sí, va-vale… —murmuró acojonada.

—Me alegro de que estemos de acuerdo en algo.

Aroa le dio un cachetito en la mejilla y regresó a su posición inicial.

—No me toques los cojones y nos llevaremos bien —añadió con una mirada severa.

Tecleó algo en su ordenador y pasados unos minutos, se levantó y se puso la chaqueta del traje rojo que llevaba ese día.

—¿Nos vamos? —quiso saber Silvia, alzándose también.

—Tú no. Tú te quedas a esperar a que venga el supuesto novio.

—¿Y a dónde vas tú, si puede saberse?

—¿Te crees que eres mi madre? —soltó.

Silvia negó con la cabeza y Aroa salió del despacho que compartían.

Una vez en la calle, la inspectora se dirigió hacia su coche. Cuando se montó, puso rumbo a Delirium. No sabía si Gabriel estaría allí, pero si no estaba, alguien le diría dónde encontrarlo. Podía haberlo llamado por teléfono; sin embargo, no quiso ponerlo sobre aviso.

Condujo a bastante velocidad mientras Neutron star collision, de Muse, inundaba el habitáculo.