Cuando te falte mi piel Capítulo 23
54%

Capítulo 23

Cuando Kenia contó en la agencia lo del videoclip, Mireia le recomendó que no se lo dijera a nadie más.

Si Lali se enteraba, la echaría de allí.

Las normas eran muy estrictas. Todos los tratos con los clientes debían pasar por la madame .

Por eso les prohibían dar su teléfono personal a cualquier cliente para que contactasen con ellas sin la agencia de por medio.

—Pero es que no va a haber sexo. Sam me lo ha prometido. Solo será el rodaje y ya está —dijo Kenia en su defensa.

—¿Y qué pasará si Lali ve el videoclip? No es tonta. Atará cabos enseguida y te despedirá —lo advirtió Mireia.

La joven tuvo que admitir que su amiga tenía razón, pero le apetecía tanto hacerlo…

Como bien le dijo Breixo era una oportunidad única, al alcance de muy pocos.

Y se iba a llevar un buen dinero. Sam le había dicho que el videoclip no estaría listo para su visionado por el público hasta el mes de diciembre, coincidiendo con el lanzamiento del primer single del cantante.

Así que aún podría seguir trabajando en la agencia.

Cuando Lali se enterase de lo que había hecho, ella se lo explicaría.

Le diría la verdad. Si la madame lo aceptaba, bien. Si no…

—Bueno, tampoco es que hayamos firmado un contrato para trabajar aquí ni nada de eso —intervino Dunia.

—Yo aceptaría sin dudarlo —comentó Chloé—. Aunque lo de no tener sexo… no me convence. Podrías tirarte al cantante ese que os gusta a todas y, de paso, si hay alguno más que…

—Calla, ninfómana —la reprendió Mireia.

Se volvió hacia Kenia y le preguntó.

—¿Qué excusa piensas poner para estar toda una semana sin venir por aquí?

—Había pensado enlazar la regla con una gripe intestinal —respondió ella, aunque ya no le parecía tan buena idea como cuando Breixo se lo comentó el día anterior.

—Lo del virus intestinal puede valer. Lo de la regla no.

Sabes que muchos clientes piden servicios solo de compañía para fiestas, comidas de negocios donde tengan que aparecer con una chica guapa colgando del brazo, etcétera.

Lali te podría mandar a cualquiera de ellos si le dices que estás con el período.

U obligarte a usar la esponja, como hacen algunas de tus compañeras —le hizo ver Mireia.

Kenia lo pensó. Tenía razón su amiga. Lali podría pedirle que usara la esponja vaginal, que no era otra cosa que una pieza pequeña sintética de látex o natural, cuyo objetivo principal era absorber el sangrado para poder mantener relaciones con total comodidad.

Era fácil de usar y de adquirir, pues se compraba en las farmacias.

Sin embargo, Kenia no la utilizaba porque no funcionaba como método anticonceptivo y tampoco evitaba las enfermedades de transmisión sexual.

—¿Y si dice que se ha hecho un esguince en el pie o algo así, y que tiene que estar al menos una semana en reposo? —propuso Dunia.

—Le pedirá un parte médico —señaló Chloé.

—No —negó Mireia, pensativa—. No tenéis que presentar ningún parte médico de baja puesto que no tenéis ningún contrato firmado con la agencia, como bien a dicho antes Dunia. Si no trabajáis, no cobráis. Y enviarían a otra chica en vuestro lugar.

—Entonces, ya tenemos la solución —afirmó Chloé contenta.

Kenia asintió y todas mostraron sonrisas de felicidad.

—¡Te vas a Mar de Plata, Argentina! —exclamó Dunia, abrazándola presa de la euforia.

—Por favor, por favor, por favor, tírate de mi parte al cantante y a todos los tíos que puedas —suplicó Chloé.

—De verdad, tú tienes un problema grave con el sexo. Deberías hacértelo mirar, pequeña ninfómana —soltó Kenia riéndose.

···

—¿Te vas de viaje?—le preguntó Jessica, su compañera de piso, observando cómo hacía la maleta.

—Sí. Una semana —respondió Kenia.

Jessica se apoyó contra el marco de la puerta del cuarto de Kenia. Se cruzó de brazos y esperó para ver si ella le contaba algo más. Pero pasados unos minutos en los que Kenia continuó con lo que estaba haciendo en completo silencio, la otra no pudo resistir más la curiosidad y le preguntó:

—¿Con tu novio?

—Sí, con él.

—¿Y a dónde os vais?

Kenia fue hacia el armario y sacó un par de camisetas.

—A Mar de Plata, Argentina. Nos han contratado en la agencia para rodar un videoclip con el cantante Ash —explicó a su compañera.

En un primer momento, había pensado mentir, pero finalmente decidió que lo mejor era contarle la verdad, puesto que Jessica era una gran fan del chico y con toda seguridad vería el video y, por ende, a ella y a Breixo.

También se lo había comentado a su familia.

Ellos sabían que trabajaba de forma eventual en una agencia de modelos para costearse sus caprichos en Barcelona.

Lo que desconocían era a qué se dedicaba realmente su hija en sus ratos libres.

—¡Qué guay! —exclamó Jessica y llamó a la otra compañera de piso—. ¡Alejandra! ¡Ven! ¡Corre! ¡Ven!

Se internó en el cuarto de Kenia contentísima porque su amiga iba a conocer a uno de sus ídolos.

—Tienes que traerme una foto firmada por él, por favor —le pidió.

Alejandra llegó en ese momento.

—¿Qué pasa? ¿A qué vienen tantos gritos?

—¡Tía! ¡Qué se va a Argentina para rodar un videoclip con Ash! —pronunció el nombre del cantante y la otra chica abrió los ojos como platos.

—¡Ostras! ¡Qué bien!

Entre las dos cogieron a Kenia y la sentaron en la cama. Se pusieron una a cada lado y le hicieron infinidad de preguntas sobre cómo había surgido la oportunidad, cuánto tiempo estaría fuera y un montón más.

Ella contestó, inventándose la mitad de las cosas. Dio gracias al cielo por tener una mente ágil para el engaño, pero le dolió tener que mentir a sus compañeras.

—¡Joder, tía! Me tienes que conseguir trabajo en tu agencia, de verdad.

Hace nada has estado en Niza un fin de semana para hacer fotos para un catálogo de ropa de baño.

—Esa era la mentira que les había contado a Jessica y Alejandra para ausentarse aquellos días del piso que compartían—.

Y ahora te vas a Mar de Plata para rodar un videoclip con mi cantante favorito.

Yo también quiero que me pasen cosas así.

—Ya te dije que pregunté y me contestaron que no necesitan ninguna chica nueva de momento —respondió Kenia.

···

Tan solo unas pocas horas en Mar de Plata les bastaron a Kenia y Breixo para comprender por qué los argentinos la apodaban la Ciudad Feliz.

Este maravilloso rincón de Latinoamérica combinaba deslumbrantes playas oceánicas con una vida cultural, comercial y nocturna que no tenía nada que envidiar a otras ciudades costeras y de veraneo, además de ofrecer varios rincones naturales muy hermosos para relajarse.

Aunque la pareja no tuvo mucho tiempo de disfrutar de todo lo que la ciudad les mostraba porque empezaron el rodaje del videoclip el mismo día que llegaron.

Tras registrarse en el hotel, descansaron un par de horas, y enseguida los avisaron de que un coche los esperaba en la puerta para llevarlos a donde estaba el set .

Cuando llegaron, Sam los esperaba con un par de empleados que se ocuparon enseguida de Breixo y Kenia.

Se cambiaron de ropa en una roulotte que hacía las veces de camerino para ponerse la que allí estaba preparada.

Los maquillaron y los peinaron mientras les explicaban lo que tenían que hacer en las escenas que iban a rodar con el atardecer de fondo.

Los acantilados en los que se encontraban eran preciosos. Había una escalera excavada en la roca que daba al mar y cerca de allí, unas piscinas naturales donde tuvieron que meterse los dos y hacerse arrumacos mientras los filmaban.

—Hostia, qué fría está el agua… —se le escapó a Kenia cuando se sentó dentro de la formación rocosa.

—Claro que está fría, cielo. Esto es el Atlántico. —Se rio él, acomodándola sobre su regazo para abrazarla mejor—. Verás cuando te lleve a mi pueblo, en Coruña, y te bañes en el Cantábrico.

—¡Uf! Quita, quita. Creo que no podré meter ni un pie. A mí me gusta el agua más caliente. —Miró hacia abajo y comprobó que tenía los pezones erectos por culpa del frio—. ¡Joder! ¡Lo que faltaba!

El joven siguió el curso de su mirada y al verlos se relamió.

—Estás preciosa con ese bikini blanco —susurró Breixo antes de darle un beso en los labios.

Después bajó por toda su garganta, notando en la lengua el sabor de la piel de Kenia y empapándose de su olor, hasta llegar a la zona que unía la clavícula con el cuello.

Allí le dio un tierno mordisco, que hizo que ella temblase de placer y excitación.

—¡Corten! —Oyeron que indicaba una voz.

Pero él continuó con su novia entre los brazos, dedicándole mimos.

—Breixo, para, han dicho que corten, así que déjame —murmuró Kenia.

—No puedo. Estás muy buena y te quiero comer entera.

Ella se rio al tiempo que se deshacía de los brazos en torno a su cuerpo y salía del agua.

—Tendrás que esperar a esta noche —le dijo, viendo como él ponía la cara más triste y desolada que pudo porque ella se alejaba.

Con un gesto de resignación, Breixo también abandonó la piscina natural.

—Toma buena. No hay que repetir —los informó Sam cuando se acercaron a él.

—¿Ya hemos terminado? —quiso saber ella.

—No. Vamos a aprovechar que aún hay buena luz para rodar en las escaleras que bajan a la playa. Lo que quiero que hagáis es… —Sam les explicó cómo debían colocarse, moverse y todo lo demás para conseguir lo que él buscaba para el videoclip.

Cuando se dirigían hacia el lugar indicado, apareció el cantante. Sam los presentó. Sin embargo, no pudieron hablar mucho porque enseguida llegaron las chicas de maquillaje para retocar a Breixo y a Kenia. Otra persona se llevó al chico para prepararlo para cuando él tuviese que entrar en escena.

Así fue su primer día en Mar de Plata. Terminaron agotados.

El siguiente día rodaron en una habitación de hotel.