Cuando te falte mi piel Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

—¿Qué es eso? —quiso saber Kenia.

—Algo que te va a dar mucho placer, cariño, y te va a preparar para luego.

Breixo extendió ante los ojos de Kenia la lencería para que ella la viese bien.

Escondida en la bonita prenda de encaje negra había una pequeña bala vibradora, encajada en un bolsillo frontal, que debía quedar a la altura del clítoris para producir intensas oleadas de placer.

—¿No pretenderás que me ponga eso? —preguntó Kenia alarmada.

El joven se agachó ante ella.

—Venga, levanta un pie, que te las voy a poner.

—Estamos en un salón lleno de gente. ¡Por Dios, Breixo! Tú pretendes hacerme pasar un mal rato y que el cliente se queje a la agencia —se lamentó Kenia.

—No, cielo. Lo que pretendo es darte mucho placer. Vamos, levanta la pierna.

—No.

—No seas cobarde. Solo es un juego.

—Un juego que vas a dirigir tú, por supuesto, porque estos chismes suelen llevar un mando a distancia, ¿no?

—Efectivamente —contestó Breixo, alzándole el vestido para ver su sexo desnudo—. ¿Sabes que eres como un helado, Kenia? Si te paso bien la lengua, te derrites.

Acercó su boca a los pliegues íntimos de Kenia, al tiempo que le abría un poco las piernas para colar su cabeza entre ellas. La braguita vibradora quedó aplastada entre la mano de Breixo y el muslo de ella cuando él sacó su lengua y recorrió la hendidura de la escort .

Kenia tuvo que aferrarse al cuero cabelludo del joven para no caerse cuando notó la húmeda caricia. Las rodillas se le convirtieron en gelatina y un suspiro agónico salió de sus labios. El corazón bombeó con más énfasis y todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo se alteraron revolucionadas.

Notó cómo él le levantaba una pierna y se la ponía en el hombro para tener mejor acceso a su sexo. Breixo continuó jugando con el clítoris de Kenia unos minutos más. Cuando notó que ella estaba a punto de alcanzar el éxtasis, se detuvo. Ella se quejó, pero él no le hizo caso.

Aprovechando que la tenía vulnerable, colocó con rapidez las bragas cubriéndole la entrepierna y se aseguró de que la bala vibradora quedase bien situada.

—Verás qué bien lo vamos a pasar, cariño, sobre todo tú —comentó, alzándose y dándola un beso en los labios.

Kenia probó el sabor de su excitación en la boca de su novio.

—Por favor, sé bueno y ten misericordia de esta pobre chica.

—Tranquila. No dejaré que te corras sin tenerme dentro —prometió Breixo—. Por cierto, dame tu tanga. No vaya a ser que sientas la tentación de quitarte mi juguete para ponerte tu lencería y terminar con la diversión.

—Eres malo —Kenia le lanzó una mirada que fingió ser de rencor, pero lo cierto era que estaba encantada con aquel juego. Solo esperaba que Breixo tuviera compasión de ella y no la alterase mucho delante de la gente.

—Por eso me quieres tanto.

—Yo no te he dicho nunca que te quiero.

—Pero yo lo sé.

Le sonrió pícaro y se llevó una mano al bolsillo, para guardar el tanga que ella le había entregado. Al hacerlo, sus dedos rozaron el mando a distancia de la lencería vibradora y tanteó hasta encontrar el botón.

Lo pulsó una vez y Kenia dio un pequeño respingo.

—La madre que te parió, Breixo. Qué mal lo voy a pasar por culpa de tu puto juego —jadeó al sentir la descarga en su clítoris.

—Recuerda que es para tu placer, cielo, y que has accedido a mi juego libremente.

—Límpiate la boca, que la tienes reluciente de mis fluidos y cómete un chicle o algo porque si no, cuando beses a tu clienta, va a notar mi sabor en tus labios.

Breixo aceptó el consejo de su novia. Abrió la puerta y asomó la cabeza. El pasillo seguía desierto. Le hizo una señal a Kenia para que saliera ella primero.

Antes de que la mujer doblara el recodo del pasillo y accediese al salón, Breixo accionó de nuevo el botón del mando y vio cómo ella daba un pequeño brinco.

—Te odio —le dijo Kenia por encima del hombro.

Oyó la carcajada de Breixo mientras se internaba en el salón.

···

Kenia llegó hasta donde estaba Raúl, su cliente de aquella tarde, sin ningún contratiempo. Estaba muy nerviosa por el juego de Breixo al no saber qué momento elegiría él para darle al puñetero botón y que una nueva oleada de placer impactara en su clítoris, recorriéndola todo el cuerpo después.

Enlazó su brazo con el de Raúl y este la miró con fingido afecto. El hombre continuó hablando sobre valores bursátiles con sus congéneres, un tema que a Kenia le aburría enormemente.

Miró a su alrededor para localizar a Breixo y lo vio de nuevo agarrando por la cintura a su pareja. Parecía muy centrado en algo que le comentaban dos mujeres al lado de ellos. Lo observó sonreír y pasarse una mano por el pelo. Cuando la mano bajó y la metió en el bolsillo, Kenia se temió lo peor.

Se preparó para recibir la dosis de placer…

…pero esta no llegó.

Suspiró aliviada y se volvió para responder a algo que le había preguntado un señor calvo que estaba al lado de Raúl.

—Yo…

Y en ese momento, lo sintió.

Fueron solo unos segundos, pero los suficientes para que se le cortara la respiración.

El calor la inundó, haciéndola jadear.

Inspiró profundamente para controlar los erráticos latidos de su corazón mientras se esforzaba para que nadie notase nada, acordándose de toda la familia de Breixo, cagándose en sus muertos…

y en los vivos también. Aunque sabía que no debería hacerlo porque ella se había prestado a ese juego de buena gana. No podía culpar solo a su novio.

—¿Estás bien, Kenia? —preguntó Raúl.

—Sí, perfectamente —contestó ella con la voz temblorosa.

«Y más después del gusto que me está dando el cacharro este. Pero cuando pille a Breixo lo voy a despellejar vivo», pensó, mientras sonreía a todos angelicalmente.

En ese momento, sintió la presencia de él a su espalda. El calor que desprendía su piel era inconfundible y ella lo reconocería en cualquier parte.

—Hola, chicos —oyó una voz femenina.

Era la pareja de Breixo que, con él agarrándola por el talle, se internó en el círculo de amigos para saludar a todos.

—Este es mi marido, Breixo —presentó al escort .

El joven apretó manos a diestro y siniestro con una magnífica sonrisa en los labios.

Cuando se acercó a Kenia para darle dos besos en la mejilla, pulsó el botón del mando.

Ella dio un brinco y lo miró mal.

—Capullo —murmuró en su oído al tiempo que Breixo depositaba un beso en su mejilla.

Un camarero se acercó con una bandeja cargada con varios cócteles y les ofreció. Todos cogieron alguna bebida.

Cuando Kenia fue a tomar un sorbo de su copa, sintió otra descarga en su clítoris que la hizo temblar de placer. Apretó los muslos y gimió al tiempo que cerraba los ojos, deleitándose con la sensación.

—Este cóctel está buenísimo —comentó cuando, al abrir los ojos, se encontró con que todos la miraban.

Breixo la sonrió de una manera muy canalla y a ella le dieron ganas de borrarle la sonrisa de un buen tortazo.

Kenia se agarró con la mano libre al brazo de Raúl, continuando con su representación, y la pareja de Breixo se despidió de ellos para ir a saludar a otro grupo de exalumnos.

—Espero que la velada sea muy placentera —dijo el escort antes de marcharse con su supuesta esposa.