Cuando te falte mi piel Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

Breixo odió cada minuto de los que pasó en el interior del coche porque el cinturón de seguridad lo alejaba del cuerpo de Kenia. Aun así, la agarró de la mano y no la soltó hasta que se bajaron del auto, frente al portal de la chica.

—Pero ¿no aprovechas el taxi para ir a tu casa? —preguntó ella sorprendida al ver que el escort pagaba la carrera y se apeaba del vehículo.

—Cogeré otro cuando te deje sana y salva en tu piso.

La sonrió, agarrándola por la cintura para besarla de nuevo.

—¡Dios! —soltó Breixo cuando se distanciaron segundos después—. ¿Qué tienen tus besos que me envician? Si con un beso he caído a tus pies, estoy perdido para el resto de mujeres. ¡Ay, qué va a ser de mí!

Se llevó una mano al pecho fingiendo teatralmente.

Kenia, con los brazos alrededor de su cuello, se rio.

—Estás loco.

—No estoy loco. Bueno quizá sí. Pero loco por ti. Porque eres una delicia. No hay nada más rico que probar tu boca, tu cuerpo, tu sexo…

Se acercó a sus labios y de nuevo los besó.

—Mis sábanas esperan conocer tu piel —susurró Breixo contra su boca—. Te pediría que vinieses a mi casa; sin embargo, sé que estás cansada. Se te nota en la cara. Así que te dejaré descansar, pero mañana… no te me escapas.

El final de la frase lo dijo con la voz ronca por el deseo. A Kenia se le erizó el vello de todo el cuerpo al escucharlo.

Iba a contestarle cuando oyó cómo la llamaban por su nombre real. Se tensó y la respiración se le cortó.

Se distanció de Breixo con rapidez, como si se hubiera quemado.

Cuando se volvió hacia la voz conocida, compuso una sonrisa en sus labios que a duras penas logró mantener.

—Hola, Jessica —saludó Kenia.

—No sabía que tuvieras novio —respondió su compañera de piso.

—No es mi novio —le aclaró ella.

—¿Cómo qué no? —preguntó Breixo ofendido.

Kenia abrió la boca para contestar, pero el joven se le adelantó. Se presentó con su nombre real a la otra chica, estrechándole la mano.

—Entonces ¿estáis saliendo o no? —quiso saber Jessica, cotilla.

—No —soltó Kenia.

—Sí —afirmó Breixo.

Los dos se miraron unos segundos a los ojos y después el joven desvió la atención hasta la amiga.

—Hace tiempo que intento enamorarla, pero su corazón tiene una clave. —Se inclinó sobre la oreja de la chica y le susurró—: Y solo yo voy a ser capaz de descifrarla. Nadie lo sabe, así que guárdame el secreto, ¿de acuerdo?

A Jessica la respiración se le aceleró al sentir a Breixo tan cerca. Ese hombre era una trampa sensual que aniquilaba el sentido común de cualquier mujer.

Kenia pudo escuchar a la perfección lo que él le había dicho a su compañera de piso. Chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco.

«Provocador», pensó.

—No le hagas ni caso. Es un embaucador —le dijo a su amiga.

Jessica se rio tontamente.

—¿Y cómo… cómo os… conocisteis? —quiso saber con curiosidad y el corazón bombeando frenético.

—En una fiesta —soltó Breixo.

—Trabajando —respondió Kenia al mismo tiempo que el escort .

Ella clavó su mirada en los iris del joven, rogándole que no contara nada de su otra vida. Él pareció comprender esa mirada angustiada.

Breixo asintió con la cabeza. Él no iba a desvelar nada.

—Nos conocimos trabajando en un casting dónde había una fiesta de una marca de ropa —improvisó Kenia—. Por eso él te ha dicho que en una fiesta y yo te he contestado que trabajando. Lo mires según lo mires, se podría decir una cosa u otra.

—¡Qué bien! —exclamó Jessica y como su curiosidad ya estaba satisfecha, añadió—. Bueno, parejita, os dejo solos para que os despidáis. Voy llamando al ascensor y te espero. —Miró a Kenia al decir esto.

Cuando la chica se metió en el portal, Breixo habló con Kenia en voz muy baja.

—Relájate. Estás más tensa que un tanga.

Él había sentido cómo el pulso le latía frenético mientras la sujetaba por una de las muñecas durante el tiempo que hablaron con su compañera de piso.

Kenia inspiró profundamente para calmar su alteración.

—Mis compañeras de piso no saben nada de mi otra vida —confesó en el mismo tono de voz bajo—. Ni mi familia ni en la facultad… nadie… nadie sabe nada…

—Tranquila. —Breixo posó un dedo en sus labios para silenciarla—. Estamos en la misma situación. Mis amigos, mi familia… —Negó con la cabeza—… Tampoco nadie sabe nada y no deben enterarse jamás. Te juro que tu secreto está a salvo conmigo. No tienes que temer nada.

Ella respiró con más calma y él la pegó a su pecho para terminar de tranquilizarla. Le pasó los dedos por el cabello varias veces, maravillándose con su suavidad.

—Por cierto, me ha gustado mucho saber tu nombre real. —Lo oyó susurrar a escasos centímetros de su oreja—. Es precioso. Como tú. Toda tú eres preciosa.

Ella levantó la cabeza de su torso y le sonrió dulcemente.

—A mí también me ha gustado conocer el tuyo de verdad.

—Cuando estemos solos, ¿quieres que te llame así o prefieres que te siga llamando Kenia? —preguntó él, murmurando todavía.

La joven se mordió el labio dudando.

—Pues no lo sé. No sé qué será mejor. En algún momento, podríamos meter la pata y decir el nombre que no es.

Breixo asintió. Ella tenía razón.

—Bueno, ya lo decidiremos —dijo, inclinándose sobre su boca para darle un beso de despedida—. Mañana te llamo, ¿de acuerdo?

—Sí. Hasta mañana.

Breixo se quedó allí de pie hasta que ella desapareció dentro del portal.

Después, echó a andar. Aunque su piso estaba lejos, necesitaba calmar la euforia del triunfo con el aire de la noche y la caminata.

De lo contrario, no podría dormir, pues se pasaría el tiempo recordando cada instante de esa noche desde que llegó al yate de lujo y la vio a ella.

¡Qué demonios! ¡No iba a poder dormir por mucho que se cansara andado!

Su mente lo bombardearía con todos los recuerdos de esa magnífica noche.

Sobre todo cuando ella accedió a ser su novia.

Porque… lo había conseguido, ¿verdad? No le había hecho la típica pregunta, pero él daba por hecho que ella lo había entendido perfectamente y con sus besos le confirmaba que sí, que estaban juntos.

Aunque a su amiga le había dicho que no.

Decidió que saldría con ella de todas formas como si fuera su novio. Iba a luchar por el amor de Kenia costase lo que costase. Él era muy tenaz y siempre conseguía todo lo que se proponía.

···

Cuando Kenia alcanzó a su compañera en el interior del portal, esta la esperaba con la puerta del ascensor ya abierta.

—Vaya chico más guapo que tienes de novio —le soltó Jessica.

—Sí. Es muy guapo —reconoció Kenia—. Pero no es mi novio. Digamos que es…

Se quedó un momento en silencio, tratando de definir su relación con él.

—¿Amigo con derecho a roce? ¿Follamigo? —preguntó Jess.

—¡Ay, no! No me gusta esa palabra.

Kenia hizo una mueca de desagrado.

—Prefiero amigo con derecho a roce —reconoció al fin.

—Y en la agencia de modelos ¿hay más como él? Supongo que sí, ¿verdad?

—Sí, sí, hay más como él —dijo, acordándose de Luca, el fotógrafo.

Aunque para ella, Breixo era muchísimo más atractivo que el italiano.

—Me podías conseguir trabajo allí —le pidió la otra de repente—. Yo también soy alta como tú, uso una talla 38 y de cara no estoy mal, ¿verdad? Soy bastante mona.

Kenia se quedó boquiabierta por su petición. El miedo a que su amiga descubriera toda la verdad sobre su otra vida la aterró.

—No sé si necesitarán a más chicas, pero si me entero, te lo digo, ¿vale? —mintió, sintiendo el corazón a mil por hora, golpeando contra sus costillas.

Para que su compañera de piso no indagara más en el asunto de la supuesta agencia de modelaje, centró la conversación sobre ella.

—Bueno, ¿y tú? ¿De dónde vienes a estas horas de la noche? —le preguntó.

—Había quedado para cenar y salir a tomar algo con unas chicas de mi facultad antes de empezar el nuevo curso.

—Ah. ¿Y lo has pasado bien? ¿Por qué zona habéis salido?

La conversación continuó hasta que llegaron a su piso y, una vez cada una en la puerta de su habitación, se despidieron.