Cuando te falte mi piel Capítulo 14
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Capítulo 14

Gabriel salió de casa de Aroa y se subió a su Maserati rojo.

Mientras iba conduciendo, pensaba en todas las cosas que le habían quedado por decir.

Recordando aquellos tiempos en los que, tras su abandono, cada vez que sonaba el móvil se lanzaba desesperado a cogerlo creyendo que era ella.

Le deprimían, aún hoy, esas canciones que hablaban de amor como el que ellos tuvieron.

Si ella supiera cómo estaba él, hecho una mierda desde entonces, escondiendo el dolor para apretar los dientes y seguir hacia delante porque Aroa no le había dejado otra opción.

Había tenido que buscar en otros brazos el calor que ella se llevó, pero todo fue en vano. No había logrado olvidarla y sabía que, aunque pasaran mil años, no lo conseguiría porque estaban hechos el uno para el otro. Era su destino.

Una llamada entrante en su móvil, lo sacó de sus pensamientos.

—Dime, Mireia —contestó, sabiendo quién lo llamaba al verlo en la pantalla.

—¿Cómo va la investigación sobre la muerte de nuestra chica?

—Lenta. Todavía no tienen nada.

—Si la policía aparece por aquí…

—Tranquila. No te pasará nada y a las otras chicas tampoco. Contáis con mi protección, lo sabes.

—Gracias.

···

Al día siguiente, las inspectoras Martínez y Boix se reunieron con su equipo para informar al comisario de los avances en la investigación.

—Esta mañana hemos localizado al supuesto novio de la víctima.

Es un escort masculino. Al parecer, la noche que asesinaron a la chica, él estaba haciendo un servicio con una clienta, pero como ocurre en estos casos, a pesar de que nos ha dicho quién es, ella no confirmará nada.

Es la esposa de un político y si la prensa se entera de que paga por servicios sexuales, afectaría negativamente a la carrera de su marido —contó Aroa.

—Entonces el chico tiene coartada —concluyó Alonso, el comisario.

—Me temo que sí. Aunque de todas formas, Doménech —dijo refiriéndose a otro policía— está comprobándolo, por si acaso.

Según nos ha contado este joven, conoció a la víctima en una fiesta, trabajando, y desde entonces estaba enamorado de ella.

Por suerte, nos ha dicho a qué agencia pertenecía, así que iremos para allá en cuanto acabe esta reunión.

—¿Qué hay de la autopsia?

—Todavía nada.

El comisario se mantuvo en silencio unos segundos. Después, despidió a todos pidiéndoles resultados inmediatos.

Mientras Aroa caminaba por el pasillo en dirección a su mesa con Silvia siguiéndola, iba pensando en su conversación con Gabriel.

Podría saber muchas más cosas de la víctima si retomaba su relación amorosa con el empresario, como él le había pedido. Pero eso era un chantaje al que no estaba dispuesta a someterse.

—¿Cuándo es la cita con el señor Serna? —preguntó Silvia, sacándola de sus pensamientos.

—No voy a citarme con él —contestó Aroa seca.

—¿Por qué no? No es sospechoso de nada. Puedes relacionarte con él perfectamente.

—Bueno, pues no lo haré —continuó negándose la inspectora.

—No te entiendo, de verdad. Un tío que está como un queso quiere salir contigo una noche y tú, tan necesitada como estás, te niegas. Anda, dile que sí y pégate un buen revolcón. Tu cuerpo te lo agradecerá.

Aroa se detuvo y se volvió para encarar a su compañera, mirándola furiosa.

—¿Quién ha dicho que yo estoy necesitada?

—No hace falta que nadie lo diga. No hay más que verte para saberlo. Necesitas echar un polvo —replicó Silvia arqueando una ceja—. Recuerda que estudié Psicología y sé muy bien detectar…

—Como vuelvas a insinuar algo así, lo que vas a detectar va a ser el puñetazo que te voy a dar, ¿entendido?

Dicho esto, dio medio vuelta y se dirigió hacia su mesa, destrozando el suelo con cada paso y acordándose de todos los muertos de su compañera.