Cuando te falte mi piel Capítulo 6
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Capítulo 6

—Quiero esa orden judicial ya —exigió Aroa, quien empezaba a impacientarse por la tardanza—. Y las declaraciones de todo el entorno de la chica. Y, sobre todo, quiero saber a qué agencia de modelos pertenecía.

Estaban en comisaría y la inspectora Martínez no dejaba de dar órdenes a su alrededor.

—No había huellas en el arma homicida —informó un agente—.

Y ya han declarado todos sus allegados. Al parecer, la víctima era una buena chica, formal, responsable con sus estudios.

Se llevaba bien con sus compañeras de piso y amigas de la facultad.

No tenía problemas vecinales ni familiares.

Nos falta el supuesto novio que aún no hemos localizado.

—Pues alguien debía de tenerle tirria, porque no se le da a una chica puñaladas mientras está atada a la cama así como así —argumentó Silvia.

—¿Y las coartadas de los interrogados? —quiso saber Aroa.

—Todos tienen. Las hemos comprobado ya. Los vecinos dicen que no escucharon nada en absoluto entre las ocho de la tarde y la una de la madrugada en el piso de la víctima.

A partir de esa hora, que es cuando llegaron sus compañeras de piso y descubrieron el cadáver, oyeron mucho revuelo en la escalera.

Las chicas salieron gritando enloquecidas y nos llamaron —respondió el agente.

—Había restos de semen… —comentó la inspectora Martínez.

—Están analizándolos en busca de adn.

—¿Cuándo tendremos los resultados de la autopsia?

—En cuatro o cinco días; una semana a lo sumo —rebeló otro agente.

—Joder. Es mucho tiempo —se quejó Aroa.

Organizó a su equipo mientras pedía a gritos la puñetera orden judicial para revisar las cámaras de Delirium y que alguien encontrase al supuesto novio de la víctima enseguida.

Cuando terminó su turno se marchó al gimnasio al que asistía habitualmente. Necesitaba correr en la cinta para despejarse y deshacerse del estrés acumulado.

Ignoró las miradas provocativas de varios hombres. No le interesaba ninguno en absoluto y, además, ella había tenido tanto sexo en su vida que había acabado harta.

Sin querer, Gabriel se coló en su mente.

Recordó el tiempo pasado con él. Sus cálidos besos, sus atormentadoras caricias, destinadas siempre a enloquecerla y excitarla.

Sacudió la cabeza para alejar los lascivos pensamientos de ella. No quería pensar en él. No debía recordarlo.

Tras una hora de ejercicio, se duchó y se dirigió a su casa.

Cenó un sándwich de pollo con lechuga y mahonesa, y se metió en la cama.

Pero el sueño no llegaba por más que daba vueltas y vueltas entre las sábanas, y dejaba la mente en blanco.

Una y otra vez sus recuerdos volaban para unirse a él.

¡Maldito Gabriel! ¿Por qué había tenido que aparecer precisamente ahora, cuando estaba a punto de olvidarlo?

Cuando por fin consiguió dormirse, soñó con él. Sus largos dedos le acariciaban la mandíbula, con un toque persistente y provocativo. Después se desplazaban por su mejilla con lentitud hasta terminar en la nuca, dónde la sujetaba con posesión.

La mirada azul de Gabriel la hipnotizó mientras con la otra mano tocaba la espalda femenina. Ella estaba desnuda. Él no.

Aroa no podía apartar los ojos de los de Gabriel.

Sus dedos jugueteaban en su piel, sonrojada por la excitación y la sensualidad con la que él la estaba acariciando.

Extasiada por el suave asalto de su tacto apenas podía respirar mientras los dedos trazaban intrincados dibujos sobre su sensible epidermis.

Lentamente, él se fue acercando a su boca y Aroa supo que se proponía besarla. Cuando cubrió con sus labios los de ella le provocó deliciosas sensaciones que hicieron que Aroa comenzase a arder.

Con el corazón latiéndole con fuerza, ella lo atrajo hacia sí.

Necesitaba sentirlo pegado a su piel, dándole su calor.

Era extremadamente placentero verse así, contra su duro y protector cuerpo.

Sentía como la sangre corría por sus venas, acelerada, y un leve temblor de pasión comenzó a recorrerla entera.

Pero ante su sorpresa y decepción, Gabriel la soltó.

Se quedó mirándola mientras su figura se difuminaba y, lo último que Aroa pudo ver, fue la sonrisa desconsolada que él le dedicó.