Cuando nos encuentren 97 NATHANIEL VANCE
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97 NATHANIEL VANCE

El pitido rítmico y constante del monitor cardíaco es el único sonido en la habitación.

Mientras eso suene, ella estará bien. Viva. Es lo único que me importa en este momento.

La luz gris del amanecer se filtra por la ventana del hospital. Huele a antiséptico y a café quemado del pasillo. Un contraste brutal con el olor a pólvora y sangre que aún me cubre por completo.

Estoy sentado en una silla de plástico rígido que me está matando la espalda, pero no me muevo. No he dormido. No puedo cerrar los ojos sin ver la sangre de Rebecca escurrirse entre mis dedos, sin sentir el cuerpo tembloroso de Frannie contra mi pecho.

Miro a la pequeña. Se quedó dormida hace un par de horas en el pequeño sofá pegado a la pared, agotada por el llanto y el terror.

Isaac se encargó de que la revisaran; está ilesa, solo asustada.

Es un alivio profundo. El pánico de lo que le pudo haber pasado aún me paraliza y no me deja estar en calma.

Mi mirada se desvía de nuevo a Rebecca. Está pálida bajo la luz artificial. Un tubo de oxígeno descansa bajo su nariz y una vía intravenosa entra en su brazo. La sábana blanca sube hasta su pecho, ocultando el vendaje en su abdomen.

La bala no rozó ningún órgano vital. De milagro. Y gracias al rápido accionar de la ambulancia, logró sobrevivir.

Lo único que realmente me tranquiliza es que, al fin, todo acabó.

Isaac me lo confirmó hace horas. Madison y Elijah murieron en el tiroteo del sótano. Harry está bajo custodia federal, cantando todo lo que sabe para tratar de salvarse el pellejo. Se acabó.

Al parecer, la secta se había expandido más allá de lo que imaginamos. Más allá de lo que hubiésemos creído posible.

The Inner Flame tiene adeptos a lo largo y ancho del país. Boston es uno de los estados con mayor presencia, ya que es el lugar donde nació, y sus aliados están en todos lados: algunos incluso dentro del propio FBI.

Mi teléfono suena y veo el mensaje en la pantalla.

Isaac Hayes Blackwell

Once arrestos por ahora. Había dos en mi equipo. No lo puedo creer. No puedo confiar en nadie.

Yo

Mierda. Voy a hacer una investigación dentro de NV. No creí que esto fuera tan grande.

Isaac Hayes Blackwell

Espero que estén limpios. No puedo creer que personas a las que les confié mi vida me hicieran eso.

Yo

Por lo menos, Harry está hablando. ¿Qué más ha dicho?

Isaac Hayes Blackwell

Es un infeliz. Está cantando como un pajarito para tratar de salvarse.

Seguimos investigando. Al parecer, Lucien, otro de los que atrapamos, contó que han hecho algunas ceremonias en donde la víctima era obligada a suicidarse.

Si alguna de las ceremonias se realizó en un estado con pena de muerte, está jodido.

Yo

¿Operaban fuera de Boston?

Isaac Hayes Blackwell

Sí, y lo siguen haciendo. Son una peste que se extiende.

Yo

¿Y de Benjamin? ¿Se sabe algo?

Isaac Hayes Blackwell

Nada. No habla con él desde que se fue del país. No tuvo nada que ver con todo esto.

Yo

¿Y las uñas?

Isaac Hayes Blackwell

Sigue bajo investigación; mi jefe no está muy contento. Se lastimó saliendo del sótano, al parecer.

Isaac no va a dejar que caigamos por esto. Lo sé.

Yo

¿Y nadie de tu equipo dijo nada sobre haberlo visto con nosotros?

Isaac Hayes Blackwell

Unos sádicos sexuales secuestraron a una niña de siete años e hicimos lo que teníamos que hacer para encontrarla. Tienen códigos. Las ratas que estaban con Inner Flame no estaban allí. Habían huido camino a la iglesia.

Yo

¿Los atraparon?

Isaac Hayes Blackwell

Sí.

Yo

Gracias, Isaac. Te debo una.

Isaac Hayes Blackwell

Ya me la cobraré, Vance. Por cierto, ¿cómo sigue Becca?

Yo

Aún no despierta, pero está fuera de peligro.

Isaac Hayes Blackwell

Me alegro. La pasaré a ver mañana.

Yo

Te estaremos esperando.

Los ojos de Rebecca parpadean y me pongo de pie de un salto. Se abren cuando llego a su lado y, a pesar de que aún están nublados y confundidos por la anestesia, me regresa la mirada con desesperación.

—¿Nate? —Su voz es un susurro de papel de lija.

—Estoy aquí, Becca —digo, mi propia voz ronca por el agotamiento. Me acerco y tomo su mano. Está fría.

Sus ojos se llenan de pánico de repente.

—Frannie... ¿Dónde...?

—Está aquí. Está a salvo. —Miro hacia el sofá. Frannie debe de haber escuchado la voz de su madre, porque se está incorporando.

—¿Mami? —Frannie salta del sofá y corre hacia la cama. —¡Mami! ¡Estás despierta!

Rebecca intenta incorporarse, pero una mueca de dolor la detiene.

—Cuidado, mi amor... Ven aquí...

Frannie sube a la cama con cuidado, evitando los tubos, y se acurruca contra el hombro de su madre. Y por primera vez en veinticuatro horas, Rebecca sonríe. Lágrimas surcan sus ojos, pero sé que son de felicidad. Del alivio más puro y absoluto.

—Mi bebé... Estás bien... Estás bien...

Me quedo atrás, observando la escena. Siento que estoy invadiendo algo sagrado. Pero Rebecca levanta la mirada, sus ojos verdes llenos de lágrimas, y me encuentran.

—Nate. Ven.

Me acerco. Ella extiende su mano libre hacia mí y la tomo.

—Gracias —susurra.

—Hice lo que tenía que hacer.

—No... —dice, apretando mi mano—. Te escuché. —Me quedo helado—. En la ambulancia —aclara ella, y una lágrima rueda por su sien—. Estaba... No sé dónde estaba, pero te escuché. Me prometiste que la encontrarías.

El nudo en mi garganta es tan grueso que apenas puedo tragar.

—Te lo juré.

—Y tú... —Mira a Frannie, que se está quedando dormida de nuevo sobre su pecho, segura al fin—. Lo hiciste. Salvaste a mi hija.

— Nosotros la salvamos —digo, pensando en Isaac y en ella misma.

—Gracias, Nate.

Me mira con una intensidad que me desarma. El dolor, la morfina, el miedo... y algo más. Algo que reconozco porque es lo mismo que siento yo. Me inclino y beso su frente.

—Se acabó, Rebecca —le susurro—. Madison y Elijah se han ido. Harry está detenido. Todo acabó. No volverán a molestarte. Ella cierra los ojos, procesando mis palabras. Y por primera vez desde que la conozco, la veo realmente en paz.