Cuando nos encuentren 79 NATHANIEL VANCE
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79 NATHANIEL VANCE

Salgo del pasillo con las manos en alto y veo a todos los asistentes tirados en el suelo, mientras un grupo de hombres armados emula un robo. Se llevan algunas obras de arte y las billeteras de varias personas, pero a mí no me engañan. No están allí por objetos de valor. Están allí por mí.

Inhalo el aroma de la pólvora, que ahora reconozco tan familiar.

Escucho los llantos reprimidos y los temblores de pánico.

El corazón, curiosamente, me vuelve a latir con normalidad.

Este tipo de situaciones sí sé manejarlas.

Quizás mejor que una cena con desconocidos. Tengo claro lo que tengo que hacer.

—¡Alto ahí! —exclama uno de los «ladrones», que no son más que sicarios de Lorenne.

Me freno en seco, siguiendo sus instrucciones.

Observo cómo mira hacia uno de sus compañeros, todos enmascarados, y me señalan con interés.

—Tú —dice el compañero—. Ven aquí. Lento. Un movimiento en falso y disparamos. Y no a ti. Le dispararemos a ella. —Señala a una de las trabajadoras de la galería, que está sollozando con el cañón de una pistola apoyado en su cabeza.

No pienso poner a nadie en riesgo. Mis pasos son firmes, pero lentos y seguros. No quiero parecer una amenaza. No tengo pensado hacerme el héroe.

Cuando me acerco a uno de ellos, me toma con brusquedad y me ata las manos a mi espalda con un precinto de plástico.

Ignoro el dolor del plástico demasiado apretado contra mi piel.

Mantengo la cabeza gacha, mientras continúan recolectando algunas obras de arte.

Mis ojos se cruzan por un segundo con los de Celine, presa del pánico al otro lado del salón.

No dice nada; solo me mira con desesperación y con resignación.

Algo de lo que veo en su mirada me perturba, pero no me detengo a pensar en ello mientras soy arrastrado por aquellos hombres hacia la salida.

Espero que Isaac cumpla con su parte.

A lo lejos se escuchan las sirenas de la policía, y un alivio me inunda. Si hubiesen llegado antes, se habría formado un tiroteo, y el resultado hubiera sido una fila de cadáveres y heridos. No van a llegar a tiempo por mí, y es un alivio.